“Me condenaron a una muerte lenta lejos de mi familia”: colombiano preso en China

“Me condenaron a una muerte lenta lejos de mi familia”: colombiano preso en China

14 de Abril del 2015

Óscar* fue condenado en 2010 a cadena perpetua en China. Su delito fue llevar un poco más de un kilo de cocaína al país asiático. Aunque la pequeña cantidad de droga parezca injustificada para una de las peores sentencias que puede recibir una persona en el mundo, el dragón de oriente es implacable con quienes cometen narcotráfico.

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Óscar envió hace algunos meses una carta a Kienyke.com, que hasta hace poco fue recibida por esta redacción digital, debido a que suele tardar mucho tiempo cualquier correspondencia enviada desde cárceles chinas hacia el extranjero.

En ella hace un relato de su historia y clama, una vez más, porque las autoridades consulares le pongan atención y lo salven de la muerte.

Justo hoy la canciller de Colombia, María Ángela Holguín, ha debido responder ante el Congreso sobre la efectividad de las medidas que toma su ministerio para atender a colombianos presos en cárceles del extranjero, en especial en Asia, donde muchos connacionales han sido condenados incluso a muerte. A continuación reproducimos la carta en su integridad:

Condenado en china

Apreciados Kienyke,

Expreso mi inmensa gratitud por su interés en el tema de la situación de los presos colombianos en China. Sus informes publicados son de inmensa importancia para nosotros y nuestras familias referente al tema del abandono por parte del gobierno para los colombianos presos en este país, donde las condenas por transporte de narcóticos son excesivas y van en contra de los derechos humanos.

Soy un colombiano que me encuentro prisionero en Qingpu Country, provincia de Shanghái, condenado a Cadena Perpetua por delito de transporte de 1.090 gramos de cocaína a China.

Les pido humildemente que me permitan publicar mi testimonio. Los comentarios que les compartiré corresponden a datos verídicos y a mi experiencia, ya que soy un colombiano que me encuentro prisionero en Shanghái desde el año 2010.

Según las leyes chinas, quien resulte capturado tratando de ingresar cocaína al país se enfrentará a pagar una de las siguientes condenas, depende de la cantidad: pena de muerte, pena de muerte suspenda en dos años, o cadena perpetua.

De acuerdo a lo anterior, cualquier prisionero cuya sentencia le haya sido cambiada a años, podría ser repatriado siempre y cuando el gobierno tenga firmado un tratado de repatriación de prisioneros, o que una firma individual solicite la repatriación de uno de sus connacionales.

Teniendo en cuenta que esas condenas van en contra de los derechos humanos, el gobierno colombiano está en mora de iniciar conversaciones en este país para firmar un tratado para la repatriación o intercambio de prisioneros.

Actualmente, las relaciones comerciales entre Colombia y China son muy buenas. Han firmado acuerdos económicos y está en estudio un tratado de libre comercio. Este buen ambiente debería ser aprovechado para incluir en los temas económicos el tratado de repatriación de prisioneros, así como han hecho otros países que se han interesado en proteger los derechos de sus connacionales.

Estoy seguro que si en Colombia se hiciera un referendo para votar por un “sí” a la repatriación, el porcentaje de votos superaría el 80%. Aprovecho la oportunidad para dar a conocer mi caso personal:

Fui detenido el 10 de junio de 2010 por tratar de ingresar 1.090 gramos de cocaína a Shanghái. Me internaron en un cuarto preventivo llamado “Detention House”, para la correspondiente investigación.

En el primer interrogatorio, la policía jefe de aduanas me dijo que mi caso seria informado a la embajada de Colombia en Beijín; en el segundo interrogatorio le dije a la policía jefe de aduanas que yo necesitaba la asistencia del consulado colombiano para que informara a mi familia sobre mi situación. Ella me respondió que ya se habían comunicado en la embajada y que habían dicho que ellos se concentraban en Beijín, y que les era muy difícil desplazarse a Shanghái para asistirme.

Yo me encontraba en una celda con otros diez prisioneros más. Yo era el único latino; los demás eran asiáticos. El 90% del tiempo debíamos permanecer sentados en el piso ya que no se permitía ningún asiento; dormíamos en el suelo y me entregaron una cobija mal oliente y un plástico desagradable que servía de colchón. Pero cuando empezó el frio, con temperaturas que llegaron hasta los -10ºC, tenia que usarlo de cobija ya que el frio tan fuerte trataba de congelarme los dedos de los pies y yo me encontraba desprovisto de ropa de invierno.

Para recibir el sol nos sacaban una vez al mes por diez minutos a un patio donde el sol se mostraba con dificultad. Todos los días nos hacían ver un televisor de circuito cerrado con las regulaciones en las que nos advertían que si quebrantábamos una de las reglas nos llevarían a un sitio peor.

A finales de octubre fui llevado a juicio en unos zapatos rotos que un chino había tirado a la basura; les hice una limpieza y así, maltratado, me presentaron ante la corte. Me asignaron una abogada de oficio que solo hablaba chino y su intervención fue mínima y opacada por el fiscal.

El 24 de noviembre me entregaron la sentencia donde me decían que era condenado a cadena perpetua y me confiscaban los bienes personales.

El 21 de diciembre fui trasladado a la prisión de Qingpu Country en Shanghái. Allí mi situación mejoró un poco, pero estuve incomunicado para llamar por teléfono dos meses. Solo pude escribir una carta a mi familia, pero esta carta llego a su destino cuatro meses después.

En febrero hice mi primera llamada a mi familia la cual estaba desesperada sin saber qué me había pasado, ya que no habían recibido ninguna información de parte de la embajada colombiana en Beijín.

En noviembre 5 de 2011, me visitó por primera vez la cónsul colombiana en Beijín, señora Jaifa Mezher, de quien recibí poca colaboración ya que ni siquiera había informado a mi familia de mi situación.

En el año 2012 empezó a funcionar el consulado colombiano en Shanghái a cargo del señor Ricardo Galindo, cónsul general. Aprovecho la oportunidad para expresar mi reconocimiento y la inmensa gratitud por su gran sentido humanitario y su valiosa colaboración. Mensualmente recibimos una visita y somos informados sobre nuestras familias y también informamos a nuestras familias sobre nosotros.

El 2 de julio de 2013 mi sentencia me la cambiaron a 19 años de prisión contados a partir de esa fecha y con finalización el 2 de julio de 2032.

Por el hecho de ser extranjero no tenemos beneficios por buena conducta como la libertad condicional, que aplica solo para los chinos. En mi caso no me aplicaron la pena de muerte, pero sí me condenaron a una muerte lenta, ya que según las políticas carcelarias en buen comportamiento mi condena la terminaría mas o menos en el 2028, y para entonces tendría 77 años. De acuerdo a estadísticas, la edad media de mortalidad en Colombia esta en los 65 años de edad. Lo que quiere decir que estaba condenado a morir en este lugar, lejos de mi familia.

Yo pienso que esto va en contra de los derechos humanos y, por lo tanto, el gobierno colombiano tiene el deber de intervenir y en sentido humanitario agilizar un posible tratado de repatriación para los presos en china.

*El nombre fue cambiado por solicitud del remitente.