Desde el lenguaje también se construye paz

12 de noviembre del 2017

En el contexto colombiano, expresiones como “el pez muere por la boca” o “en boca cerrada no entran moscas” son gestoras de violencia.

Desde el lenguaje también se construye paz

Foto: Agencia de noticias Universidad Nacional

En el contexto colombiano, expresiones como “el pez muere por la boca” o “en boca cerrada no entran moscas” son gestoras de violencia, por eso existe una propuesta es pensar mejor los términos antes de comunicar.

Así lo advierte Rubén Darío Flórez, profesor asociado del Departamento de Lingüística y magíster en Ciencias Filológicas de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), para quien el uso de la lengua a través de las expresiones lingüísticas como metáforas, refranes y dichos son los principales factores de los conflictos.

En opinión del académico, “se acerca una nueva jornada de elecciones en el país, en la que los colombianos deben reflexionar sobre cómo decimos las cosas, cómo las nombramos y cómo las comunicamos”.

Estudios realizados a partir de la semiótica y la lingüística han demostrado que muchas veces la política utiliza signos y aforismos para confundir e inducir a conflictos.

“Seguramente en las próximas contiendas electorales no se hablará de guerra, pero lo que sí se utilizará es el eufemismo al referirse al otro en términos como: ‘cuídese’, ‘está rodeado de enemigos’ o ‘bandidos’”, añade el docente.

El profesor Flórez explica que esto se da porque el país todavía tiene recuerdos de violencia política que se centran en el miedo y la desconfianza: “el discurso va a estar situado entre la verdad y la mentira, pero lo que se debe evitar es una radicalización en el uso de los términos para producir cólera, miedo e indignación. Probablemente esta campaña política apelará más al miedo y no a un lenguaje reflexivo”, sostuvo.

En Colombia, según lo refiere el lingüista, tal vez, el dolor y la desconfianza de la guerra de varias décadas hizo que en las generaciones quedaran dichos términos como experiencias o enunciados de la lengua.

“Otro ejemplo es cuando decimos: ‘no dé papaya’, que parece absurdo que una fruta tan agradable se convirtiera en un emblema de desconfianza, miedo o temor”.

Esto se puede considerar como un simbolismo de la guerra en Colombia, en donde el escenario político también hace que los ciudadanos creen una relación con sus semejantes y una actitud hacia el entorno. El lingüista de la U.N. cuenta que con esto, cuando se habla de consenso, muchos piensan en exclusión.

“De allí viene que esas personas se refieran en privado a sus conciudadanos como ‘ese indio’, que en escenarios donde los discursos y el lenguaje no hablaban de multiculturalismo terminan por insultar y denigrar la diversidad de etnias y pueblos en Colombia”, manifiesta el maestro en Filología.

Estas expresiones tensas reflejan la experiencia del dolor y la desconfianza que vive el país, que hace pensar que el que está al lado pueda sea agredido o “tumbado”, quitándole valor a un lenguaje de paz y reflexión.

Según el académico “hemos interiorizado tanto nuestra palabra, que se puede volverse en contra nuestra, por lo que algunas personas le temen al debate público y por eso se divulgan las cosas como rumor, que tanto afecta a la paz”.

Lenguaje hacia la paz

Con el lenguaje se buscan cambiar las formas de pensar y transgredir a los ciudadanos en su forma de vivir o actuar, y eliminar el rumor y la mentira para construir una nación en paz, afirma el lingüista de la U.N.

Propone que para hacerlo se creen relatos verídicos sobre quienes están en la guerra, de quienes no están en ella y de quienes buscan la paz en un lenguaje inclusivo, en el que se pueda mirar críticamente esas expresiones de violencia, cólera, imaginarios represivos y repensar esos dichos o metáforas del habla cotidiana. La idea es que estas se construyan sobre la realidad y no exista más “dar papaya” ni que se silencien voces críticas.

El profesor Flórez planteó este tema en el foro “Viejos y nuevos simbolismos de guerra y de paz”, organizado por el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri), el Instituto de Estudios Urbanos (IEU), y la Maestría en Urbanismo de la U.N., con el apoyo de la Corporación Urbanos y la Asociación de Egresados de la Universidad de los Andes (UniAndinos).

Con información de Agencia de Noticias Universidad Nacional

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