El futbolista que le negó el saludo a Augusto Pinochet

El futbolista que le negó el saludo a Augusto Pinochet

14 de septiembre del 2013

Vía: The Clinic

La gloria futbolística de Carlos Caszely está ligada hasta los minutos de descuento a la historia política de Chile. En su despedida del fútbol en 1986, también recordada por fallar un penal, la organización programó el aterrizaje de un paracaidista sobre el pasto del Estadio Nacional. Mientras el hombre descendía, el público le dedicaba un popular cántico a Pinochet: “y va a caer… y va a caer”.

-Lo gritaban con el corazón- recuerda con esa gran sonrisa que tiene el Chino.

El último coro espontáneo del que había sido testigo el recinto deportivo también había tenido a Caszely como protagonista. “Se pasó, se pasó”, cantaron 60 mil personas en 1973 cuando el goleador, disputando la Copa Libertadores por Colo Colo, regaló sus goles más memorables: uno a Emelec, luego de driblear hasta las patadas del arquero antes de besar las redes con la pelota dentro del arco norte y otro a Unión Española, en que se pasó a la mitad del equipo rojo.

Aunque ese equipo perdió tramposamente la final de la Copa Libertadores, según el periodista deportivo Luis Urrutia, “Chomsky”, entró en la ecuación sediciosa que finalmente retrasó el golpe de Estado a Salvador Allende. Esa tesis fue tomada por el director Marco Espinoza, la dramaturgista Soledad Lagos y los productores Juan Pablo Bastidas y Marcelo Carrasco, para crear “¿Quién es Chile?”, un espectáculo teatral basado en esos héroes comunes que influyen de modo decisivo en la conformación de una nación, inserto en la línea de programación Golpe a la Memoria y protagonizado por el mismísimo “Rey del metro cuadrado”.

Entre marzo y abril del próximo año el tercer máximo goleador de la selección chilena volverá al lugar donde le negó el saludo a Pinochet antes de viajar al Mundial de Alemania de 1974, al ex edificio Diego Portales, hoy Centro Cultural GAM. Esta vez lo hará acompañado de un renovado Colo Colo ‘73 (formado por Carmen Gloria Bresky, Amalia Kassai, Carolina Varleta, Cristián Arriagada, Gabriel Cañas, Daniel González, Gabriel Urzúa y el propio Bastidas), para contar de su propia boca cómo vivió esa memorable campaña al mismo tiempo que el país se caía a pedazos.

“Vivía dentro de una burbuja lujuriosa pero bonita. El Fiat 125, las minitas ricas, la Flaño y la ropa de la tienda Palta de Providencia, que entonces era como… ¿cómo se llama esa huevá grande que se pone Zamorano en todos lados? … Dolce & Gabbana. Pero todo se acababa el día lunes a las 7:30 de la mañana, cuando llegaba a la Universidad de Chile (donde estudiaba Educación Física). Ahí desaparecía Caszely y aparecía el Chino. Después de las felicitaciones por los goles, había una reunión con la directiva por problemas con un profesor, o había que votar una huelga. Ahí vivía toda la contingencia de la que el fútbol me protegía”.

Supongo que la política igual entraba en ese camarín de Colo Colo ‘73.

-Cero. Tú comprenderás que es muy difícil que un futbolista hable de política a pesar de que venga de una población marginal. Viene con un susto, por lo que le van diciendo sus compañeros mayores: “No te metái que te echan”. Además el 99% de los dirigentes del fútbol son de derecha.

Salvador Allende y Carlos Caszely, Kienyke

Salvador Allende (izq) y Carlos Caszely (der). Allende fue derrocado con un golpe de estado el 11 de septiembre de 1973. El hecho dio origen a la dictadura de Augusto Pinochet, hace 40 años. 

¿No eras consciente de la posibilidad del golpe?

-No mucho, porque los domingos jugaba por Colo Colo y los miércoles por la selección, era un ir y venir. Faltaba carne, azúcar y a nosotros nos las llevaban a Pinto Durán. Llegaba una camioneta, nos llevábamos varios kilos y camino a la casa veíamos colas de dos cuadras para comprar un bistec. El vecino no tenía café, pero mi mamá, una mujer solidaria, le pasaba. Hasta el día de hoy le doy gracias al fútbol. El fútbol me salvó la vida.

¿Pensaste en militar en un partido?

-Nunca he militado, yo milito con mi conciencia y aquí me voy a agrandar: yo estoy por sobre los partidos políticos. Creo que todos tienen cosas buenas y cosas malas. Yo nunca fui a una huelga, salvo cuando estaba en el colegio, porque después no tenía tiempo o estaba viajando. Pero yo en los años ‘80 dije que No a la dictadura. Fui el único futbolista que se atrevió. Y no me arrepiento para nada. Eso me permite mandar a la chucha a la gente de la Concertación y a la gente de la Alianza.

 Ese gesto podría parecer obvio, pero no lo era en el mundo del fútbol. Varios seleccionados manifestaron su adhesión a la dictadura. También hay otra figura ligada al fútbol con una hermana exiliada que no dijo ni pío.

-Y le cantó el cumpleaños feliz, con torta y todo a Pinochet. Y le dijo “mi querido presidente”. Y sigue trabajando en Televisión Nacional.

¿Y seguimos haciendo fintas?

-Ah, ¿tú quieres que diga el nombre? Claro, Pedro Carcuro. No tengo ningún problema, si es verdad y todo el mundo lo sabe y no lo dice, porque éste es un país cagón, de mierda, de miedosos, de autocensura. Por qué crees que llevo cuatro años fuera de la televisión. Porque todos dicen que soy polémico. Y te cagan y te empiezan a separar.

Todos se sacan el pillo con el miedo, ¿tuviste algún episodio de terror en la dictadura?

-Claro, poh. Un día íbamos de la casa de mis padres en El Llano a la casa de mis suegros en Providencia y por el retrovisor vemos que nos viene siguiendo un auto, un Impala. Me meto por La Legua. Acelero, aceleran. Freno, frenan. Me bajo y los encaro, y su reacción fue “disculpe, Carlitos, es que a nosotros nos mandan, pero no se preocupe si tenemos que seguirlo nomás”. Les digo, para qué, si voy a la casa de mis suegros. Al final les dije váyanse por aquí, por allá, para que no se pierdan. Me dijeron “no se preocupe, Carlitos, si somos todos colocolinos”.

¿Alguna otra?

-Estaba en la casa de unos tíos, el ‘74 debe haber sido. Había toque de queda y a mí se me ocurre ir a la casa de mi señora, que quedaba a unas ocho cuadras. Voy caminando la primera cuadra y aparece un jeep de milicos. “Carlitos, ¿para dónde va? Súbase, que lo llevamos”, me dijeron. “Aquí perdí”, dije yo, “perdí como en la guerra”. Pero me dejaron en la casa de mi mujer. Eran puros pelaos con un sargento, no eran los de la DINA o los inventores de esta desgracia.

¿Cuando salían con la selección no les preguntaban por el Golpe?

-Nosotros salimos el 18 de septiembre a México a jugar en el Estadio Azteca. Fue el primer avión que salió después del Golpe y la primera vez que Chile ganaba en México allá. Yo hice los dos goles y comprenderás que todos fueron a entrevistarme. Un periodista me dice “¿qué opina de que haya muertos flotando en el Mapocho?”. “¿De qué estás hablando?”, respondo, “pregúntame por los goles, no tengo idea”. Ahí me dijeron que en Chile se mata, se viola… nosotros no teníamos idea. Cuando nosotros salimos de Chile, en la televisión habían puros monitos.

 ¿Y el ‘74 en el Mundial de Alemania?

-Llegamos a un hotel que estaba en el centro de un parque. Nunca vi a un periodista porque estábamos rodeados de policías por todos lados, según ellos, para resguardar nuestra integridad. Por lo menos a mí nunca nadie me entrevistó. Después de los partidos los dirigentes decidían quiénes iban a la sala de prensa. Comprenderás que ninguno me iba a llevar a mí.

 ¿El ‘82 en el Mundial de España tampoco?

-Tampoco. La burbuja del fútbol es muy diferente a cualquier realidad.

Carlos Caszely, Kienyke

Carlos Humberto Caszely, el crack que le negó el saludo a Pinochet, será el protagonista de una obra de teatro que recorrerá Chile con la historia del mítico Colo Colo ‘73, el equipo que habría retrasado el Golpe de Estado hace 40 años. 

Tú dices que en los camerinos no entra la política, pero Elías Figueroa y Bonvallet manifestaron públicamente su adhesión al régimen.

-Sí, yo diría que fue el ‘81 o el ‘82, cuando dicen “vamos bien, mañana mejor”. Aparecen Elías, el loco Bonva, Mario Osbén, Mario Soto. Cuando me lo pidieron yo no lo quise hacer y fui muy criticado por la prensa. Recuerda que cuando yo digo No a la Constitución del 80 me hicieron mierda y a Elías por decir que sí, lo alabaron. Ojo, Elías es un gran amigo, un hombre muy respetuoso. Si es el más grande de la historia del fútbol chileno, es más grande como persona.

 ¿En la obra hablarás de cuando no le quisiste dar la mano a Pinochet? Esa historia forma parte de la épica de los ochenta. ¿Cómo la recuerdas?

-Fue difícil. Cuando abren las puertas del Diego Portales yo siento el caminar de las personas entrando y me acuerdo del Diario de Ana Frank. Me imaginaba el escondite. Cuando veo esa capa, esos lentes negros, ese gorro y ese bigote, me dio miedo. De verdad me dio miedo, tenía veintitantos años. Cuando no le doy la mano yo creo que estaba representando al 95% de los chilenos que no les gustan las dictaduras. Yo creo que hay un 5% que sí le gusta.

Yo creo que son mucho más que eso, ¿te dijo algo?

-No. Él pasa saludando por el semicírculo hecho de jugadores. Yo tenía las manos atrás y las dejé ahí. Yo lo miré, pero no me acuerdo de nada. El pato lo pagó el hueón que puso en el diario “Caszely no le dio la mano a Pinochet”, lo echaron cagando. Pero la verdad es que no sé si fui valiente o cagón, simplemente sentí el respaldo de un pueblo que pedía clemencia por las atrocidades que estaba cometiendo la dictadura.

 ¿Pensaste en tu mamá también? ¿Cómo te enteraste de que tu mamá había sido torturada?

-(respira profundo) Vengo llegando de España en 1974, no me preguntes la fecha. Me estaba esperando toda la familia, mi mamá, mi papá, mi hermana. Les noté las caras raras, tristes, pero mi mamá me dijo “en la casa te explico”. Ya en su habitación, estando los dos, me muestra sus pechos quemados con cigarrillos.

El caso se hizo conocido por la Campaña del No.

-Me llamaron para que lo contara, pero yo prefería entregar un testimonio. Así que fuimos con la mamá y quedó la cagá, habían como quince personas ahí y todas llorando.

 ¿Por qué no lo hiciste público antes?

-No lo sé. Siempre que me entrevistaban yo lo contaba, pero los periodistas me decían “pucha Carlos, yo no te puedo entrevistar por eso, sólo por el fútbol”. Yo los entendía porque era obvio que los iban a echar si lo hacían. Hasta el día de hoy me pregunto por qué le hicieron eso a mi mamá, por qué, por qué, por qué. Pero nos dio la fuerza para hacer mejor las cosas de lo que las estábamos haciendo. Ella me dijo que si nos sentíamos derrotados, ellos ganaban.

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