¿En qué se diferencia el proceso de paz de Santos al de Zuluaga?

29 de mayo del 2014

Estos cuatro puntos son irreconciliables en sus visiones de la paz.

Proceso de paz, Oscar Ivan Zuluaga, Juan Manuel Santos

Aunque el panorama político cambió el jueves, con dos candidatos abanderando el discurso de la paz, muchos colombianos podrían llegar a confundirse sobre los alcances del anuncio de Óscar Iván Zuluaga tras aliarse con un sector del conservatismo.

Zuluaga se comprometió a continuar con las negociaciones con las Farc si ganase la presidencia. Hasta el miércoles en la tarde, el candidato del Centro Democrático había anunciado que de obtener la victoria, el 7 de agosto suspendería temporalmente los diálogos de paz hasta que la guerrilla aceptara algunas condiciones para continuar en la mesa. Las exigencias, para muchos, detonarían al fracaso del proceso.

El cambio en el tono del discurso estuvo propiciado por una alianza política entre el Centro Democrático y el sector del partido Conservador que lidera Marta Lucía Ramírez, quien en las elecciones del pasado domingo obtuvo casi dos millones de votos y ahora asume como su jefa de debate de la campaña uribista. “No (vamos a suspender el proceso de paz). Le vamos a dar continuidad a las conversaciones”, dijo el candidato a Caracol Radio.

Entre las críticas y los halagos que recibió esta mañana Zuluaga por su decisión, la de su contrincante y presidente Juan Manuel Santos era muy esperada. “Es un acto de oportunismo muy calculado. Él y su jefe han venido atacándome de forma implacable, deslegitimando el proceso de paz y lo que allí se está negociando. Entonces luego resulta que son amigos de la paz y de continuar negociando aunque ponen condiciones que son imposibles de cumplir”, respondió en diálogo con W Radio.

Pero en este escenario cabe recordar una frase dicha por el mismo presidente Santos hace cuatro años, cuando también estaba en campaña electoral: “Sólo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias”.

La circunstancia electoral motivó a Zuluaga a aceptar esa y otras recomendaciones de los conservadores a cambio de su apoyo. Además dentro de su campaña se decidieron a contrarrestar  la estrategia oficialista que quiere enmarcarlos como la candidatura de la guerra, que no quiere la paz.

Pero a fin de cuentas, ¿hubo un cambio de fondo en el discurso del uribismo sobre su planteamiento del proceso de paz? ¿En qué se diferencia esta nueva postura con la que viene defendiendo el gobierno Santos?

Las claves del proceso visto desde el uribismo

En términos prácticos, lo único nuevo respecto al anuncio de Zuluaga es que ya no suspenderá el proceso tan pronto se posesione si llega a la presidencia. No obstante, en plazos que podrían ser menores a uno o dos meses, las Farc deberán acatar unas reglas para continuar en la mesa, entre las que hay algunas que difícilmente podrían aceptar incondicionalmente.

De acuerdo con el documento signado tanto por Marta Lucía Ramírez como por Óscar Iván Zuluaga, hay un compromiso para “continuar conversando con las Farc en La Habana, sin acuerdos a espaldas del país, con condiciones y plazos que garanticen avances tangibles, definitivos, verificables con acompañamiento internacional”.

Marta Lucia y Zuluaga

Momento de la firma de la alianza entre Óscar Iván Zuluaga y Marta Lucía Ramírez.

Avanzando en el texto se encuentran siete exigencias: la primera es que el reclutamiento de menores “acabe de inmediato”. Segundo, que finalice la “colocación de minas antipersonales y entregar al gobierno los mapas de campos minados para iniciar el desminado de inmediato”. En este punto es importante aclarar que entre los acuerdos de terminación del conflicto que actualmente se prevén en La Habana se exige lo mismo, solo que dicho paso se planea ejecutar tan pronto se firme la paz, debido a la exigencia técnica y operativa que implica desminar todo el país.

La tercera pretensión es que los subversivos acaben con los atentados terroristas contra la población, y la cuarta que también terminen con la comisión de crímenes de guerra. La quinta se refiere a la suspensión de los atentados a la infraestructura nacional.

La sexta exigencia empieza a poner, en voz de algunos expertos, “trabas” al avance de los diálogos. “El Gobierno acordará con las Farc un término de duración de las negociaciones”, advierten.

El  último punto sugiere un cese unilateral de hostilidades, que desde ya se estima que rechazarán los guerrilleros. “Insistiremos en el cumplimiento del compromiso de las Farc del cese del secuestro y la extorsión y en la necesidad de que ese grupo cese las actividades relacionadas con el narcotráfico.

Ante esta visión de la continuación del proceso, una de las apreciaciones que más se esperaban era la del expresidente Álvaro Uribe, líder ideológico del Centro Democrático. Su pronunciamiento vuelve a ratificar las exigencias anteriores, pero añade una que golpea de frente la posibilidad de que los líderes rebeldes puedan acceder a la política.

“Paz sí, sin impunidad. Paz sí, sin secuestro y sin asesinato de niños; sin elegibilidad política de aquellos incursos en delitos atroces; sin extorsión; sin secuestro y sin asesinato de civiles; sin asesinato de policías y soldados, porque para el presidente Santos la vida de los soldados y de los policías no importa. Paz sí, sin traer al Congreso a los asesinos de los soldados y policías. Paz sí, pero una paz seria, con cumplimiento del terrorismo de suspender las actividades criminales”, dijo hoy Uribe.

En efecto, esa ha sido la idea de paz que siempre han defendido, lo que augura que ante el primer incumplimiento de esas condiciones o la negativa a acatarlas de forma unilateral, el proceso de paz se acabará.

En conversación con KienyKe.com uno de los jefes de debate de la campaña Zuluaga, Francisco Santos, indicó que el anuncio de querer continuar el actual proceso de paz no es un “giro a 180 grados” de discurso, sino que se trató de una “evolución” del discurso propiciada por el acuerdo con los conservadores.

“El tema no es ‘patrasearse’. Nosotros siempre hemos planteado que queremos la paz con condiciones. Cuando uno se junta con un partido histórico, como Conservador, que tiene una propuesta de paz, podemos acomodar nuestras peticiones dentro de lo que ellos plantean para la paz, pero sin renunciar a los principios. Ahí está la evolución”, advirtió.

Diferencia 1: Negociar o no negociar en medio de la guerra

Para Francisco Santos, la voluntad para continuar con este proceso de paz pero manteniendo sus condiciones no predice su fracaso ni responde a estrategias electorales.

“Nos están vendiendo una historia falsa de que la paz es de Juan Manuel Santos. Nosotros decimos que no, que es de todos los colombianos, de todos los partidos. No queremos una paz que divida a los colombianos, porque esa paz no va a perdurar”.

Al ser cuestionado sobre si las Farc estarían dispuestas a aceptar un cese unilateral de hostilidades, dijo: “Eso es problema de las Farc, no es problema de los colombianos. Si los colombianos eligen que sea así, ¿por qué nosotros tendríamos que entregar las banderas de hacer una negociación sin unas condiciones que el pueblo ha querido?”

Alvaro Uribe

“Paz sí, sin traer al Congreso a los asesinos de los soldados y policías”, dice el expresidente y senador Álvaro Uribe.

La diferencia aquí es que la actual mesa de diálogo fue pactada bajo la premisa de que el conflicto puede continuar. Esto debido a que las Farc no hubieran aceptado cesar unilateralmente sus operaciones porque lo considerarían una rendición, y el Gobierno no iba a reconocer una tregua bilateral para detener su arremetida armada contra la subversión.

El analista del conflicto colombiano, doctor en historia y especialista en el proceso de paz, Carlos Medina Gallego, califica como un despropósito condicionar el futuro de los diálogos a un cese unilateral y ni siquiera bilateral del fuego.

“El proceso no puede enfrentar condicionantes ni inamovibles que lo entorpecerían. Con el modelo de negociar sin tregua, ya evacuaron los temas estructurales de la nación, que son esos problemas que condujeron al surgimiento del conflicto como la tierra o el narcotráfico. Fueron corregidos con acuerdos liberales, no comunistas como se trata de mostrar, y se consiguió esto con golpes de lado y lado”.

Diferencia 2: los tiempos

El proceso en Cuba lleva casi dos años  aunque inicialmente se había previsto que debería durar máximo uno. En la actualidad no hay plazos a cumplir para llegar a la esperada firma. Sin embargo, el proceso que exigiría un eventual gobierno Zuluaga sí pediría plazos concretos para conseguir acuerdos tangibles y verificables.

“Los temas que faltan son los de terminación de conflicto. El problema de víctimas es muy difícil, porque hay múltiples victimarios y distintas modalidades de victimización. El tema de desminado también por el tiempo y dinero que eso implica. No son para evacuar rápidamente”, advirtió el experto Medina.

Diferencia 3: Lo ya acordado puede no gustar al nuevo gobierno

Dentro de las condiciones para continuar el proceso de paz, el candidato Zuluaga y Marta Lucía Ramírez exigen algo fundamental: “Evaluaremos lo discutido en los 3 puntos que según los informes públicos han sido evacuados y daremos a conocer esta evaluación a la opinión pública”.

Una eventual evaluación de lo acordado puede conllevar a que al gobierno de turno no le gusten los avances,  lo que obligaría a recomenzar el proceso de paz.

Francisco Santos opinó sobre esta posibilidad: “No quiero hacer especulaciones en ese sentido. Pero sí hay que evaluar qué es lo que se negoció y qué se firmó. El que se abra el escenario para que la negociación tenga condiciones diferentes no es malo. El problema es cuando le sacan una paz y le dicen como si fuera un juguete: si no es lo mío, no es de nadie. Eso me parece triste y equivocado”.

Santos y Humberto de la Calle

Las premisas de la negociación actual son negociar en medio del conflicto y bajo completa confidencialidad. 

Las condiciones de confidencialidad han sido defendidas por la actual mesa negociadora, que además insiste en una frase tutelar: “Nada está acordado hasta que todo esté acordado”. Lo hacen, según ellos, para evitar suspicacias sobre cada acuerdo que se consiga. Al finalizar los diálogos, el presidente Santos prometió la realización de un referendo en el que la población sea la que decida si acepta o no dichos acuerdos.

“No hemos hablado sobre si estamos o no de acuerdo con el referendo o con una Constituyente. Hay que sentarnos a armar ese escenario pero me imagino que el candidato Óscar Iván Zuluaga hará un gran pronunciamiento sobre paz antes de la segunda vuelta”, anticipó.

Sobre la posibilidad de querer cambiar los actuales negociadores del gobierno en Cuba, encabezados por Humberto de la Calle, ‘Pacho’ Santos también se abstuvo a responder, pero aseguró: “Los negociadores no son lo importante, lo importante son las posiciones. Esto no es del señor Jaramillo, ni del señor Naranjo, ni del señor De la Calle. Esto trasciende a las personas”.

Diferencia 4: El futuro político de las Farc

Esta sería una de las distancias más marcadas entre el proceso que visualiza Santos y el que quisiera Zuluaga. “Zuluaga redefiniría las lógicas programáticas de esa mesa de conversaciones porque ha señalado conjuntamente con su guía político, el expresidente Uribe, que no van a permitir que en el país haya injusticia e impunidad y que los guerrilleros que hayan cometido crímenes vayan a la política. Incluso ha establecido montos de penas de seis años”, expone Carlos Medina a KienyKe.com.

El punto de la participación política de la guerrilla tras la firma de la paz y la dejación de las armas ya fue objeto de discusión dentro de la mesa de diálogos. Fue, de hecho, el segundo en evacuarse antes del de las víctimas, que hasta ahora estaría por entrar a discusión.

Para la administración Santos, los guerrilleros podrán ejercer su búsqueda de poder desde la política y las urnas, para evitar que sigan intentándolo a través de las armas. El actual gobierno ha garantizado que no habrá impunidad, pero que sí deberá haber penas bajas como condición de reconciliación.

“Pero sí queremos una paz con justicia y una paz en la que las personas que estén condenada por crímenes de guerra y delitos atroces los tengan que pagar, y que tengan sus derechos políticos al menos suspendidos un tiempo. Eso no me parece malo”, dice Francisco Santos.

El mismo expresidente Uribe se muestra reacio a la idea de que líderes guerrilleros vayan a elecciones, así hayan pagado alguna pena por sus delitos. Si bien Santos y Zuluaga  quieren continuar el proceso de paz, queda claro que cada cual lo hará por distintos caminos.

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