Bolivia se alista para sus elecciones presidenciales

14 de octubre del 2019

El 20 de octubre en las urnas deciden si continúa o no el “proceso de cambio” de Evo Morales

Bolivia se alista para sus elecciones presidenciales

foto: EFE/Martin Alipaz

Bolivia decidirá el 20 de octubre en las urnas si continúa o no el “proceso de cambio” iniciado en 2006 con Evo Morales y constituido ya en el período más prolongado de estabilidad política, económica y social en la historia del tradicionalmente inestable y empobrecido país sudamericano.

“Curiosamente, la continuidad en Bolivia significa ahora seguir en el cambio; o al revés, quienes piden un cambio de gobierno lo que en realidad quieren es volver a lo de antes, al neoliberalismo”, dijo a Sputnik el sociólogo y analista Vicente Guardia.

Aunque desgastado políticamente por el largo ejercicio del poder, Morales, líder indígena y cocalero que puso fin a un largo ciclo neoliberal y cambió la antigua República por Estado Plurinacional, sustenta su candidatura a un cuarto mandato consecutivo en una exitosa política económica de corte estatal, aplaudida internacionalmente.

A diferencia de su prestigio político global, como abanderado de mayorías otrora menospreciadas y declarado “antiimperialista”, el mandatario es resistido en su país, principalmente por clases medias que no le perdonan que haya impuesto su nueva candidatura invalidando un referéndum celebrado en 2016 que desautorizó la reelección indefinida.

El presidente boliviano con más tiempo en el cargo tiene en su haber transformaciones políticas profundas, que incluyen el empoderamiento de las mayorías campesinas e indígenas, crecimiento económico sin precedentes y estabilidad social.

Morales puede presumir de buenos resultados económicos, que presentó como “antineoliberales” y “anticapitalistas” durante gran parte de sus casi 14 años de gestión, aunque al final de su tercer mandato dio muestras de una apertura pragmática a la iniciativa y las inversiones privadas, tanto nacionales como extranjeras.

Y si bien la bonanza económica del país —primero en crecimiento en Sudamérica en el último quinquenio— parece estar en declive, el presidente fue optimista durante su campaña electoral respecto a que Bolivia crecerá aún más rápido cuando maduren megaproyectos industriales de gas natural, hierro y litio, todos en actual ejecución, por cuenta estatal o en sociedad con capitales privados extranjeros.

Sin embargo, sus críticos cuestionan tanto el riesgo de dificultades económicas a corto plazo, producto en parte de la política de fuertes inversiones públicas, como las credenciales democráticas de Morales, a quien califican de “autoritario” y “dictador”.

La oposición

Los dos principales candidatos opositores, el expresidente Carlos Mesa (2003-2005), y el senador Óscar Ortiz, no han prometido cambios económicos sustanciales que podrían poner en riesgo la estabilidad del país, proclamada por Morales como “patrimonio del pueblo”.

Mesa ha presentado un plan de Gobierno que plantea dejar intactas las principales políticas económicas, como las nacionalizaciones, los bonos sociales y la estabilidad cambiaria.

Por su parte, Ortiz, con una identidad derechista más clara, ha ofrecido una reforma tributaria para alentar inversiones privadas, a la par de una reducción del Estado y de las inversiones públicas.

Los candidatos opositores “en el fondo reconocen el éxito económico del proceso de cambio, aunque no lo quieran admitir abiertamente”, afirmó Guardia.

Tanto Mesa como Ortiz sí han sido claros al atacar lo que ven más cuestionable del Gobierno, la corrupción, de larga data en la vida política boliviana, y su conducta autoritaria, inclusive dictatorial para algunos.

Con el apoyo de más de dos tercios en ambas cámaras legislativas, el oficialismo ha aprobado, salvo excepciones, las leyes impulsadas por el Ejecutivo; asimismo, ha preseleccionado a los candidatos a los tribunales nacionales de justicia y ha elegido a los miembros del Órgano Electoral, quienes a su vez han avalado una tercera candidatura presidencial.

A causa de esta nueva postulación, permitida por la justicia ordinaria y la justicia electoral, desconociendo el resultado de un referéndum de 2016 que rechazó la reelección indefinida, Morales ha enfrentado en los dos últimos años y en la actual campaña electoral, duras condenas de la oposición y de plataformas ciudadanas, que lo tildan de antidemocrático.

“El 20 de octubre se verá qué pesa más: la democracia como fin o como medio; la ciudadanía votará en el fondo si quiere la continuidad del período de estabilidad y crecimiento, más allá de las dificultades aparentes de las instituciones democráticas, o por un cambio sin importar las consecuencias económicas”, añadió Guardia.

Un total de 7.315.364 personas están habilitadas para votar en las elecciones nacionales del 20 de octubre, según datos del Órgano Electoral Plurinacional.

De estas, 6.974.363 están habilitadas para votar en Bolivia, y 341.001 en el exterior del país.

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