“No me dejé matar ni les di el gusto de verme encarcelado”: Yamhure

“No me dejé matar ni les di el gusto de verme encarcelado”: Yamhure

21 de febrero del 2016

El periodista Ernesto Yamhure se fue del país abruptamente, cuando se había convertido en figura relevante de los medios. Era columnista de El Espectador, acompañaba en su programa radial al ex ministro Fernando Londoño y hacía comentarios en Caracol radio.

Hoy regresa desde el exilio con sus análisis y comentarios, en columna que publicará todos los lunes en KienyKe.com.

¿Desde cuándo salió del país? 

Salí de Colombia hace casi 5 años. Me vine a Estados Unidos huyendo de la persecución que se desató en mi contra. Mis enemigos creyeron que podrían conmigo y se quedaron con los crespos hechos: no me dejé matar, ni mucho menos les di el gusto de verme encarcelado. Este país me acogió con generosidad, concediéndome asilo político y eso lo agradezco inmensamente. Poco a poco he construido una nueva y muy agradable vida en Miami.

Se le vinculó en su momento con el jefe paramilitar Carlos Castaño y el escándalo desatado dio cuenta que usted le sugería textos…. 

Usted lo ha dicho: escándalos. Puras baladronadas y tonterías. ¿Que si conocí a Castaño? Claro que sí. Ayudé a la consolidación del proceso de paz que condujo al fin de las AUC. Con autorización del Gobierno, hice una muy buena y discreta labor para que esos señores de las autodefensas dejaran de matar y se sentaran a negociar su desmovilización.

Lo demás que se ha dicho, de unas supuestas columnas modificadas por Castaño, fue una invención que oportunamente me di el gusto de desmentir en los tribunales colombianos. Pero bueno, ese es un tema que ya es cosa juzgada. A mis detractores aún les queda un recurso: el de la resignación, el cual podrán impetrar en la Corte Celestial.

Por estos días se ha hablado de un libro suyo que acaba de lanzar: “Magistrado en la mira”. ¿De qué se trata? 

Me di a la tarea de revisar a profundidad la integridad del expediente del proceso que se le adelantó al magistrado Pretelt y lo hice porque en un principio creía, como casi todo el país, que ese señor sí pidió el soborno del que tanto se ha hablado.

Pero lo que encontré me genera muchos interrogantes sobre la culpabilidad de él. Cuando lean el libro se van a dar cuenta de que no existe una sola prueba ni indicio contra el magistrado. Con ese libro, los lectores van a conocer la podredumbre de nuestra justicia, con unos ejemplos y evidencias que decidí publicar.

Por lo que dice, es un libro de un uribista, defendiendo a otro uribista… 

Yo nunca he negado mi cercanía con el presidente Uribe, ni con algunos miembros del Centro Democrático. Pero no, este libro es un ejercicio que pretende aportarle nueva información a la opinión pública que ha estado muy interesada en el proceso del magistrado Pretelt. Estoy seguro que quienes lean el libro van a tener un buen número de dudas cuando lleguen a la última página del mismo.

Vuelve al oficio de columnista de opinión después de un largo silencio. ¿Por qué tomó la decisión de escribir de nuevo? 

Alguna vez leí una muy lúcida frase del expresidente Laureano Gómez y que desde entonces hice mía: yo amo a Colombia porque no me gusta. Todo tiene su momento y creo que llegó el mío de volver a exponer mis humildes puntos de vista, pero sobre todo de denunciar muchas cosas que hacen que nuestro país a veces parezca un hoyo y no una república respetable.

Algunos cuestionarán el hecho de que escriba desde la comodidad del exilio. Yo les respondo a ellos que el día que vuelva a sentir garantías de seguridad física, muy probablemente regresaré al país. Mientras tanto, seguiré físicamente por fuera, pero siempre mirando hacia Colombia.

¿Qué van a encontrar sus lectores en las columnas que empezará a publicar en KienyKe? 

Es raro el día que no haya alguien que me escriba contándome una nueva historia de corrupción, o que no me llegue un contrato cuestionable, o una versión sobre favoritismos en la justicia.

Desde que revelé hace algunos meses los documentos que demostraron que Natalia Lizarazo, quien también responde al nombre de Natalia Springer Von Schwarzenberg, es una verdadera impostora, una vendedora profesional de humo, una mujer que tiene su hoja de vida plagada de información falsa, se cuentan por decenas las personas que trabajan en la fiscalía, en las cortes, en los organismos de control, en los ministerios, que me han buscado para brindarme información.

Voy entonces a compartir con los lectores todas esas cositas que van llegando, todos los documentos que me filtran y, por supuesto, mis puntos de vista sobre lo que ocurre en el país.

En la primera columna que deberá aparecer publicada en las próximas horas, intitulada “Venganza criminal”, verán los detalles que rodearon la cinematográfica captura del novio de la directora del ICBF, Cristina Plazas, horas antes de su matrimonio.

Es decir, ¿vamos a leer al Yamhure lenguaraz y desafiante de antes? 

Yo siempre he tenido un estilo propio. A muchos no les gusta la manera como digo las cosas. A mí las figuras de autoridad nunca me han despertado mayor respeto, porque la vida me ha demostrado que hay muchas personas importantes, pero seres honorables hay muy pocos. Al bandido hay que llamarlo así. Al corrupto hay que decirle la calidad de canalla que es. Y creo que eso no significa que yo sea desafiante. Más bien diría que soy poco temeroso.