“Sería cobardía volver a tomar un arma”: Erika Moreno

21 de junio del 2019

Fue la única mujer que hizo parte del Estado Mayor de las Farc.

“Sería cobardía volver a tomar un arma”: Erika Moreno

Fancy Orrego, también conocida como Erika Montero, fue la única mujer que hizo parte del Estado Mayor de las Farc, el máximo estamento de decisión que tuvo la desmovilizada guerrilla colombiana.

Luego de casi 40 años de militancia armada, Orrego hizo su tránsito a la vida civil y fue elegida como miembro del Consejo Político Nacional, el órgano que lidera el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC).

Sin embargo, considera que el reto de hacer política sin armas es difícil “porque hay una amenaza latente”. “Nos están asesinando”, aseguró en una entrevista con la Agencia Anadolu.

“Compañeros que estaban haciendo su reincorporación de manera limpia los matan. Se comprometieron con un acuerdo, dijeron no más a la guerra, dejaron el arma y ahora los van asesinando así. Ese es un mensaje”, expresó. 

Se refiere a los 135 asesinatos de excombatientes que el partido Farc ha registrado desde la firma del Acuerdo de Paz, el 24 noviembre de 2016.

Esta semana se volvieron a encender las alarmas con la muerte de Anderson Pérez y de Daniel Esterilla, dos excombatientes asesinados en diferentes departamentos el mismo día, con dos horas de diferencia.

El fantasma de los asesinatos por razones políticas aún sigue vivo en Colombia. En las décadas de los 80 y 90 fueron asesinados dos candidatos a la Presidencia de la República, 7 congresistas, 13 diputados, 11 alcaldes, 70 concejales y miles de militantes del partido Unión Patriótica (UP), de ideología de izquierda. En 2013 el Consejo de Estado tipificó los hechos como un genocidio.

Ante los continuos asesinatos, Orrego se pregunta si la historia se repetirá. “Nosotros tenemos ese campanazo. ¿Será que se va a repetir el genocidio hacia un partido político como ocurrió con la UP? ¿Se le está diciendo a la militancia de Farc: ‘devuélvanse al monte, asuman la guerra otra vez’? ¿Qué mensaje están dando los violentos?”, se pregunta ella.

El presidente de Colombia, Iván Duque, quien se encuentra de gira por Europa, condenó “enérgicamente” los asesinatos a través de un mensaje en Twitter y ordenó al alto consejero para la Estabilización y la Consolidación, Emilio Archila, al Ministerio de Defensa y a otras entidades responsables “dar con los responsables porque ninguno de estos crímenes puede quedar en la impunidad”.

Por su parte, el partido Farc le exigió al presidente Duque “medidas inmediatas y efectivas”. “Le queremos preguntar al presidente Duque si va a trabajar por la implementación y por el proceso de paz o si va a seguir permisivo con la ola criminal hacia la Farc y el movimiento social. Que se pronuncie. Se le exige que atienda al partido”, dijo Orrego.

Desarme de Farc, sin vuelta atrás

Pese a los asesinatos, Orrego afirma que el desarme de las Farc no tiene vuelta atrás. “Dijimos no más a las armas y prometimos dar la lucha a través de la palabra, a través del debate. Eso es lo que debemos hacer. Ah, ¿que nos cuesta la vida? Listo. Tocó”, afirma. “Igual riesgo teníamos en la selva”, añade.

En la guerra, narra, todo el tiempo esperaban el siguiente bombardeo, el siguiente combate. Sabían que cualquier día podían morir.

Por eso dice que el miedo a la muerte no puede hacer que se echen para atrás en lo pactado. Afirma que el compromiso más grande fue “ante el pueblo colombiano”.

“La guerra siempre ha estado presente en el aniquilamiento de líderes sociales, jóvenes estudiantes, sindicalistas y hasta periodistas. Ellos nunca han tenido un arma y se han muerto porque pensaban distinto, porque dijeron algo que tocó los callos del establecimiento. Ellos están ofrendando la vida y siempre lo han hecho”, afirma Orrego.

“Sería un acto de cobardía de parte nuestra decir que porque nos están matando entonces es el motivo de volver a tomar un arma. Sería cobardía. Significaría ser inferiores a lo que ha hecho la gente del común”, añade la exguerrillera.

El único camino posible, afirma Orrego, es luchar por vías democráticas para que se implemente el Acuerdo de Paz. “Entramos a una implementación con múltiples dificultades, una implementación que, si no nos ha llegado a nosotros, tampoco se cumplió la parte que le toca a la población campesina”, asegura Francy.

En ese sentido señala temas como la Reforma Rural Integral, la participación política de las víctimas y la puesta en marcha del ´Acuerdo Solución al problema de las drogas ilícitas´ pactados en La Habana como deudas que el Estado debe cumplir.

Elecciones locales, el reto para 2019

En medio de los asesinatos a exmiembros de Farc, líderes sociales y defensores de derechos humanos, Colombia se prepara para las elecciones locales previstas para el 27 de octubre de 2019.

En el departamento de Antioquia, donde trabajó Orrego, el partido no tiene ningún aspirante a mandatario local, pero tiene algunos a los concejos municipales.

Orrego explica que muchos aspirantes a las asambleas de diferentes municipios y ciudades están inclinándose hacia las alianzas con otros movimientos políticos, pero el proceso ha sido difícil.

“No es tan fácil porque muchos partidos, aunque sacan pecho con el Acuerdo de Paz no quieren hacer pactos con nosotros que somos los protagonistas del acuerdo. Dicen que nosotros no sumamos votos, sino que restamos”, explica.

Afirma que la meta este año es lograr poner miembros del partido en los Concejos municipales y empezar desde abajo. “Vamos a ver cómo nos va. Esto es nuevo para nosotros, pero hay que intentarlo y, si no se llega, pues al menos nos conoce la gente. Al menos la gente conocerá el lado humano de un exguerrillero ‘fariano’. Podremos hablar con la gente, contarle por qué pasamos tantos años en la selva y contarles el tipo de país que queremos. Eso es importante”, concluye.

El reto de estas elecciones no será solo para Farc como partido. El Gobierno colombiano también tiene el desafío de hacerle frente a la violencia política y asegurarse de que el genocidio contra organizaciones de izquierda no se repita.

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