El hombre que desenterró la historia del primer secuestro aéreo de EE.UU.

27 de marzo del 2015

Gerardo Reyes presenta Vuelo 495, y abre heridas que siguen impunes.

Vuelo 495

El periodista colombiano Gerardo Reyes, director de investigaciones de la cadena Univisión, desenterró una historia poco conocida en el mundo, pero subestimada debido a su impacto: la tragedia del primer secuestro de un avión comercial de Estados Unidos.

Se trata del Vuelo 495, el nombre del libro que Reyes publica, y que relata desde la voz de los sobrevivientes, los familiares de las víctimas, los victimarios y documentos oficiales, la vez que un avión comercial, que cubría la ruta Miami-Varadero (Cuba), fue secuestrado por un movimiento favorable a la recién triunfante revolución cubana. Esto sucedió en noviembre de 1958.

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La historia, curiosamente, no ameritó una profunda investigación judicial ni al menos algún esfuerzo para reparar a las víctimas. Había poderes políticos, conspiraciones e intereses que impedían abrir un caso serio, de las magnitudes que ameritaba.

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Gerardo Reyes habló con Kienyke.com sobre su nueva obra y los efectos que ha producido en la opinión pública norteamericana y cubana. Confesó que el final de la historia sigue siendo infeliz para las víctimas.

-¿Por qué decide desenterrar la historia del vuelo 495?

Usted ha usado el término perfecto; quise desenterrar. Los periodistas hacemos de exhumadores muchas veces ,cuando ya se ha ido todo el mundo; cuando los hechos han sido olvidados llega un periodista que investiga, lo pone en perspectivas y ofrece nuevas revelaciones. Vi que era un hecho que quedó en la impunidad por una serie de fuerzas políticas. Estaban todos los elementos provocadores de una buena crónica con investigación.

-¿Cuándo se le ocurre la idea de desenterrar esa historia? Debe haber algún momento en el que usted dice: acá hay un libro.

Desde el primer día hace 10 años que me encontré con una de las sobrevivientes, Omara. Ella me dice que por primera vez quiere atreverse a contar la historia. Le extraña que es a un periodista colombiano, y no cubano, al que le interese. Me voy dando cuenta que esto no solamente es el drama de una sobreviviente, sino el de otro que perdió a su familia, y después una historia de venganza del mismo que quiere ir a matar a uno de los secuestradores. Todo me hace llegar a un punto donde me pregunté dónde están los secuestradores. Empecé a buscarlos y encontré a uno de ellos. Fue como una reacción en cadena. Cada vez avanzaba hasta que por fin, después de visitar los archivos nacionales de Washington, encontré que uno de los secuestradores vivía muy bien escondido en pleno corazón del exilio cubano, en Miami, pese a que había sido protegido por el gobierno de cuba después del secuestro.

-¿Cómo recuerda ese encuentro con Omara?

He querido siempre acordarme los detalles de cómo llegué a ella, pero creo que fue un intermediario. Me dijo que iba a escuchar una historia que nunca había sido contada. Me llevo a su casa. Allí vive con su madre. Todos los días la madre llora por lo que ocurrió, pero sobre todo porque nadie pagó por lo que pasó.

-¿Cómo encontró al victimario, que en su historia identifica como Ponce de León?

Las cosas se fueron dando por generación espontanea. Primero hablé con las victimas y después me concentré en los victimarios.

Fue una sorpresa llegar a los archivos nacionales de Washington, donde reposa toda la correspondencia, y encontrar los reportes minuciosos de dos vicecónsules que envió la embajada al lugar del desastre, una central azucarera manejada por americanos cerca de la bahía donde cayó el avión. En esos informes citaban constantemente como sospechoso a este señor Ponce de León, e identificaban a los otros cuatro secuestradores. Poco a poco, en búsqueda de bases de datos y demás, llegamos a la casa de este señor; lo entrevistamos y nos dio su versión. Al final, para poder entender porque el accidente quedó sepultado en la historia, establecí qué fuerzas políticas se movían entonces.

-¿Cuáles eran esas fuerzas políticas?

Estábamos a dos meses del triunfo de la revolución. Estados Unidos estaba encantado con Fidel Castro. No querían que nada descarrille la revolución que tumbaría al dictador Fulgencio Batista. Hay una conspiración total de silencio; a la tragedia no se le dio la importancia que tenia. Y poco a poco voy descubriendo que Estados Unidos quería que Castro ganara porque no sabían que él tenia una agenda comunista, y a Washington le molestaba tener tan cerca de un dictador como Batista.

-Cuando habló con Ponce de León, ¿le reconoció ser autor del secuestro?

No. Me dijo que era un pasajero común y corriente. Pero las cosas que relató solo se podían ver desde la cabina del piloto, desde los ojos del secuestrador. Él mismo se auto incriminó al describir esa escena.

-Eso que me cuenta debió ser una noticia gigantesca. ¿Generó alguna reacción en las autoridades?

-Pues sí se empezaron a mover cosas a nivel judicial. Pero el desenlace se lo dejo al lector en el libro. Fue un desenlace decepcionante para los sobrevivientes.

-Entiendo por lo que me dice que, a fin de cuentas, todo quedó en impunidad…

Sí. Y no creo que vayan a reabrir el caso. Pero mi esfuerzo no iba dirigido a que se hiciera justicia, sino que el hecho fuera tenido en cuenta en sus verdaderas dimensiones. Es que la embajada ni siquiera tuvo fotografías de la tragedia, ni aceptó que había un posible grado de complicidad de Raúl y Fidel en esta acción. Estamos en el 1 de noviembre de 1958 y nunca en la historia se había secuestrado un avión en Estados Unidos. Tenia una importancia grande en la historia de las relaciones de estos dos países.

Vuelo 495

Archivo. Vuelo comercial de Cubana de Aviación. El 495 tenía como itinerario La Habana- Miami- Varadero. En su último trayecto, fue secuestrado.

-Está claro que, inicialmente, no pudo haber interés de la Casa Blanca por fijarse en el caso. Pero cuando las relaciones con La Habana entraron en crisis, ¿no había razones para abrir el caso?

Estados Unidos después tuvo razones de peso. Hubo provocaciones más graves que esta. Pero en general, el fiscal de Miami expresó interés en reabrir el caso cuando hicimos las primeras investigaciones, pero políticamente nunca lo hicieron.

-¿Por qué cree que ahora no es posible abrir el caso? Hay una nueva coyuntura entre Cuba y Estados Unidos, y quizá podría hacerse como ejercicio de memoria histórica…

Yo espero que alguna vez le den la importancia que tuvo este caso. Aúb si queda en la impunidad, que tenga un valor histórico y político. El encanto, si se puede llamar así, del libro es que fue una época muy interesante de Miami como ciudad de conspiraciones, en este caso procastrista, en la víspera del triunfo de la revolución.

-Tiene usted otros dos grandes éxitos literarios. Julio Mario Santo Domingo: biografía no autorizada; y Nuestro hombre en la DEA. Respecto a Vuelo 495, ¿cuál de los tres libros le dio más trabajo?

Creo que invertí más en tiempo y verificación en la de Santo Domingo y la de Nuestro hombre en la DEA. Pero sobre todo en el libro de Julio Mario Santo Domingo por tratarse de un personaje que no quería que conocieran su vida personal, en especial algunos de sus actos corporativos.

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-¿Alguno de esos libros le ha causado problemas de seguridad? Todos son de denuncia, incluso el Vuelo 495.

No, en este caso no hubo ningún riesgo. No creo que alguien se vaya a sentir por que se sepan estas realidades del Vuelo 495. En lo de Julio Mario Santo Domingo lo que sí hubo fue una censura casi general de los medios en Colombia para no reseñar el libro. Los grandes medios no quisieron referenciar más allá de cosas muy cortas. Julio Mario Santo Domingo intentó parar el libro en la editorial mandando un abogado, pero la editorial en España le respondió que ellos no trabajaban así.

– A pesar de todo, al libro le ha ido bien en ventas, ¿no?

Estoy muy contento con las ventas de ese libro. Yo creo que deben estar por más de 20 mil copias. Me alegra que algunos profesores de economía, tengo entendido que en la universidad de los Andes, lo recomiendan como texto de aprendizaje del perfil corporativo y las maniobras que hizo el grupo Santo Domingo para apoderarse las grandes empresas que tenían una propiedad más democrática, menos concentrada.

– Debo preguntarle, aprovechando su papel protagónico en los medios hispanos de Estados Unidos, ¿qué dicen ustedes los latinos sobre nuestro proceso de paz? ¿Despierta interés allá?

Tengo que decirle que en general no nos ven a los colombianos. Desde la agenda en Washington el tema de Colombia no está ni en los últimos lugares: no está en primeras páginas de grandes diarios. En Miami, hay que entender que es una ciudad de gente que por su admiración al presidente Uribe no cree mucho en el proceso, y otros que no tienen identificación tan férrea política están en una actitud muy parecida a la de los demás colombianos que es la de: ojalá que se dé. Como que la gente no le apuesta con mucho ahínco, pero esperan que funcione.

-Como cadenas de televisión hispanas, en su caso Univisión, ¿ustedes tienen a Colombia en su agenda?

Como nuestros televidentes son en su mayoría mexicanos, damos mucha cobertura a temas tanto internos como externos de ellos. De Colombia estamos muy atentos, incluso hay que recordar que el vicepresidente de noticias es el colombiano Daniel Coronell y nosotros, desde el departamento de investigaciones, también nos preocupamos por los temas del país. Hicimos un especial de minería criminal, y estuvimos en Colombia conociendo ese drama que no tiene mucha difusión periodística.

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