“Yo no recomendaría sacrificar la Paz por querer entrar a la OCDE”

“Yo no recomendaría sacrificar la Paz por querer entrar a la OCDE”

24 de septiembre del 2014

Graciana del Castillo es una de las especialistas de más renombre en el asesoramiento a gobiernos que, superada la guerra, quieren reconstruir sus países.

Es doctora en Economía por la Universidad de Columbia, trabajó como consultora del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), del Centro de Desarrollo de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), y de la Organización de las Naciones Unidas.

Ha sido invitada a Colombia para participar en el foro “Jornada empresa y paz: Propuestas para una economía del posconflicto”, organizado por la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD).

Entre su experiencia en la planeación de posconflictos se destaca el exitoso programa “Tierras por armas” en El Salvador, y los procesos de reconstrucción posteriores a la independencia de Kosovo. También ha sido consultora en proyectos para la transición en Afganistán y acompañó la iniciativa humanitaria liderada por Hillary Clinton en Siria y El Líbano llamada “The Day After”.

En conversación con KienyKe.com, la especialista compartió sus recomendaciones sobre la mejor manera de guiar las inversiones financieras para un eventual posconflicto y compartió aciertos y fracasos que ella conoció de algunos procesos de transición y posguerra en varias naciones del mundo.

Del Castillo cree que Colombia avanza por un camino acertado, pero que requiere más compromisos de la empresa privada y del Gobierno; criticó la centralización excesiva y estimó que la prioridad del presidente Juan Manuel Santos no puede ser el ingreso de Colombia a la OCDE, pues sus dictámenes podrían entrar en contradicción con las exigencias que requiere la implementación de los acuerdos de paz.

-Colombia es un país al que la comunidad internacional ve como sólido en su economía, a pesar de atravesar un conflicto armado interno ¿Ese terreno de instituciones económicas fuertes le servirá al país para un futuro posconflicto?

Colombia es un país que tiene instituciones políticas y económicas muy fuertes. También una gran democracia. En esto difiere bastante de lo que enfrentan otros países que salen de la guerra, como El Salvador o como Guatemala, o tantos en África, los cuales eran países que venían sin democracia y donde no existía pluralidad política; venían de muchos años de conflicto y una economía totalmente arruinada por la guerra.

Este es un país de una economía muy sólida, con algunos problemas porque la situación mundial está complicada, pero que atrae mucha inversión extranjera. A pesar de que la economía va bien, creo que habría grandes posibilidades de mejorarla si se llega a la paz. El potencial de inversión en todas las zonas de conflicto es muy alto.

Justamente ese sería otros de los regalos de conseguir la paz. Y fue una de las promesas con las que el actual gobierno se reeligió… 

Eso es lo que es tan alentador: que el pueblo decidió por la paz, porque era una opción muy clara y por eso lo reeligieron.

Graciana del Castillo, anciana

“Uno de los problemas de un proceso de paz es que se creen expectativas demasiado ambiciosas y que la gente al poco tiempo se desilusione”, dice Graciana del Castillo.

-Pero esa promesa de paz y prosperidad podría estar sobredimensionada. ¿Es posible confiar en ese país soñado que -luego de firmar la paz- encontrará altas opciones de empleo digno, y tratará de disminuir la evidente inequidad que usted, como extranjera, seguro vio en las calles?

-Es algo muy difícil. Ese es uno de los problemas de un proceso de paz: que se crean expectativas demasiado ambiciosas y que la gente al poco tiempo se desilusione. Yo creo que decir que a través de un proceso de paz se va a eliminar el sector informal de la economía es absurdo. Sí va a haber más inversión en las zonas de conflicto, pero lo que no creo es que se puedan solucionar los problemas a través del proceso de paz; es un poco iluso.

-¿Qué le aconsejaría al gobierno para enfocar los recursos de manera adecuada ante un eventual posconflicto?

-Sería pedante decirle al gobierno qué es lo que debe hacer. Lo que yo puedo aportar es mi conocimiento en más de 20 años de trabajar con economías que salen del conflicto y que entran en la paz. Hay lecciones útiles como el tema de reintegración de excombatientes. La experiencia de El Salvador es muy interesante; se hicieron cosas bien y cosas mal y se puede aprender de ambas. Muchos piensan ¿Qué puede tener  de relevante un país como Afganistán que es totalmente diferente a Colombia? pues yo creo que el tema de droga es relevante allí.

-¿Qué experiencia dejó el tema de drogas en Afganistán?

-Lo que pasó fue que en un año, los americanos e ingleses que estaban involucrados en Afganistán, decidieron eliminar la producción de droga pero con una decisión nefasta: se gastaron más de 900 millones de dólares y en realidad lo que hicieron fue fumigar los cultivos, provocando sufrimiento a los aldeanos.

El precio de la amapola y opio subió, porque al eliminar la cosecha los precios suben, y al año siguiente se complicó más, provocando el surgimiento de nuevos cultivos ilegales. Creo que debieron haber actuado más gradualmente; el gobierno debió tomar control no para eliminar sino para ir cambiando -poco a poco- lo que es ilegal por cultivos legales. Incluso con participación de los que están metidos en la droga. En Afganistán se fumigó y lo que hicieron fue dañar la tierra y el agua; allí el agua es un recurso muy escaso y eso causó un gran problema.

CUBA-COLOMBIA-FARC-PEACE TALKS

Lo que resulte negociado en La Habana va a generar consecuencias económica, estima la experta Graciana del Castillo.

-Una persona involucrada en el negocio de la droga, que a pesar del riesgo puede obtener una gran fortuna ¿cómo hace para encontrar más rentables otras actividades que no sea los cultivos ilícitos?

-Ese es el punto. Acabar con el narcotráfico lo tienen que hacer de manera muy gradual para que se vayan creando oportunidades que compensen la actividad que se abandona. Por eso los recursos del posconflicto son tan importantes: el gobierno va a tener que compensar a mucha gente para que no se transformen en quienes terminen echando a perder el proceso de paz.

Eso pasa muchas veces como en Angola, que volvieron a la guerra en la pasada década porque no se compensó a aquellos que vivían de los diamantes. No es decir: te quitamos tu negocio ilegal y no te damos nada. Le tendrás que dar oportunidades políticas y económicas; el gobierno tendrá que tener programas de subsidios de precios, para que un campesino que le compren la cosecha a buenos precios, poco a poco vaya reemplazando la cocaína.

-El presidente Juan Manuel Santos dice que su mayor apuesta  en términos de inversión para el posconflicto será la educación y la paz. ¿Considera acertada esta decisión?

Yo creo que son muchos los temas. Sin duda la educación y equidad son dos de ellos. Lo más importantes es tener en cuenta que la guerra ha durado mucho tiempo y mucha gente joven lo único que ha hecho es ser parte del conflicto. Lo primero que hay que hacer es involucrar al sector privado para crear empleo. Se deben buscar situaciones de ‘gana-gana’, para que esa creación de empleo sea duradera y favorezca a las empresas privadas. Hay que pensar en un empleo sostenible.

Por ejemplo, darle subsidio a las empresas privadas para que contraten a algunos de estos desmovilizados, los entrenen en el trabajo y adquieran capacidades en el sector laboral. Hay que entrenar gente en el mercado laboral para que la empresa contrate a ese desmovilizado si así lo quiere, pero si no, que él o ella tenga capacidades y experiencia para encontrar otra oportunidad.

Pero se enfrenta una nueva dificultad y tiene que ver con el estigma con el que podrían llegar los desmovilizados; una empresa privada ¿cómo conseguirá olvidar que ese nuevo posible empleado fue un combatiente y rebelde?

Mientras que eso suceda, nunca habrá paz. Tenemos que pensar que para que haya paz tiene que haber reconciliación. No habrá proceso de paz que tenga éxito sin reconciliación.

-¿Cómo fue su experiencia en El Salvador con el programa Tierra por Armas? ¿Es posible que Colombia pueda aprovechar esa idea?

-Una cosa que pasó en El Salvador con el acuerdo económico y de reintegración fue que el de Chapultepec, de enero de 1992, era muy específico sobre algunos temas y vago sobre otros. El acuerdo decía que la tierra, que se le iba a ofrecer a los desmovilizados y a los que habían ocupado tierras, tenia que ser ofrecida voluntariamente por los dueños. Todo a precios de mercado. Y a la vez había una experiencia de reforma agraria donde se habían creado bonos para pagar la tierra y no se habían cumplido. Se complicó. En ese acuerdo tampoco era claro quiénes eran los potenciales beneficiarios, cuántas cantidades de tierra les iban a dar. Muchas cosas poco claras y por eso no se pudo implementar. Hubo que renegociar y yo formé parte de ese proceso que dio origen al acuerdo de octubre de 1992. Pusimos claramente cuánta tierra se iba a repartir y quiénes eran los potenciales beneficiarios. Esos temas fundamentales faltaron en el primer acuerdo y se corrigieron para el segundo.

-¿Por qué sugiere usted a los gobiernos -que afrontan un posconflicto- actuar más que planear?

-Es algo importante sobre todo en países donde necesitan un marco regulatorio y macroeconómico. Pero Colombia lo tiene, aunque igual va a tener que tomar decisiones rápidas porque la gente se desilusiona. Cuando se abre a un proceso de transición se crean expectativas muy altas, y si esas expectativas no se satisfacen al corto plazo, la gente vuelve al conflicto.

La gente debe tener algo concreto, como oportunidad de trabajo, para que se vea un dividendo de paz. Los economistas y los que hacen políticas piensan con horizontes de mediano y largo plazo. En estos países que recién salen de la guerra tienen que actuar inmediatamente.

Graciana del Castillo, anciana

Graciana del Castillo escribió dos libros relacionados con la economía en el posconflicto: “Reconstruyendo Estados destruidos por la Guerra. Los desafíos de la reconstrucción económica del posconflicto”, y “Los Culpables: La comunidad internacional en Afganistán”

-Se pueden tener planes y dineros listos, pero a Colombia le ha hecho mucho daño el centralismo exagerado y es probable que este demore la ejecución de proyectos del posconflicto en las provincias ¿es esto sería de riesgo para la sostenibilidad de la paz?

-Esa centralización de ustedes es un gran desafío. A pesar de que ha habido procesos de descentralización, el gobierno central debe entender que serán las regiones las encargadas de decidir cómo quieren aplicar los recursos del posconflicto, y también cómo reintegran a los desmovilizados. Una de las lecciones que aprendimos de El Salvador es que la gente no necesariamente se quiere reintegrar a través del agro; mucha gente quiere tener otro tipo de actividad y eso hay que tenerlo en cuenta porque no se puede imponer, o si no no es sostenible.

-El presidente Santos tiene un intenso interés en hacer que Colombia ingrese al “club” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Pero muchos creen que las reglas que impondría la OCDE no serían compatibles con el proceso de paz. ¿Qué piensa usted de esta tesis, ya que hizo parte de la OCDE?

-El presidente va a tener que decidir si quiere el proceso de paz o si quiere tener una perfecta disciplina económica que yo la he recomendado para algunos países que no tienen problemas de guerra. Pero en este momento, quizá sea mejor ser más flexibles y dar prioridad a conseguir la paz.

-Entonces habría que sacrificar la paz si quisiera Colombia entrar a la OCDE por las reglas económicas que ellos imponen…

-Yo no recomendaría sacrificar la paz de ninguna manera. No se puede pensar que la paz no tiene consecuencias económicas; ya lo decía (John M.) Keynes en su libro de las consecuencias económicas de la paz. Pensar que se firmará un acuerdo de paz y esto no traerá consecuencias en el sistema económico es totalmente ingenuo. Para implementar los acuerdos se van a requerir muchos recursos, que tendrán que salir del Gobierno y del sector privado.

-Le entiendo entonces que Santos tendría que elegir entre o hacer primero la paz o hacer sus esfuerzos para entrar a la OCDE ¿Y usted sugeriría la paz?

-Esa seria mi opción si fuera presidente de Colombia, aunque no lo soy (risas)

-¿Hay algún ejemplo de éxito internacional de algún país que haya conseguido un posconflicto sostenible y bien financiado?

-No hay un ejemplo. En el tema de la droga yo miraría a Afganistán. En el tema de armas por tierra o generación de microempresas, creo que El Salvador tiene lecciones buenas y malas importantes. Creo que en el tema de crear expectativas que no se pueden cumplir, Guatemala es el ejemplo perfecto; enseña que acuerdos ambiciosos no son implementables. Y el cómo salir de las economías ilegales, Kosovo sería un ejemplo importante. Son situaciones tan difíciles y diferentes que uno dice: no hay un éxito en todas las formas y hay que aprender tanto de los problemas como de las cosas buenas que tuvieron.