¿De qué serviría que Uribe y Santos se den la mano?

¿De qué serviría que Uribe y Santos se den la mano?

21 de octubre del 2014

Del proceso de paz se dice que llegó a un punto de no retorno. Muchos confían que los avances que se han conseguido en los diálogos con las Farc en Cuba han sido históricos, y el eventual desarme de la guerrilla es una meta mucho más palpable.

También se empieza a hablar de la cercana integración del ELN a los diálogos, sin que se conozca con certeza si se hará en mesas distintas a las de Cuba, o se fusionarán algunos avances de las pláticas con las Farc en aras de agilizar la paz definitiva.

Algunos hechos dejan ver los grandes avances en la materia. El primero fue la primera mesa que sentó cara a cara a las Farc con sus víctimas, un suceso inédito que pudo realizarse a pesar de los incidentes de arrogancia innecesaria contra algunos exsecuestrados.

Enseguida está la revelación de los acuerdos hasta ahora conseguidos en La Habana, como actitud de transparencia de parte del Gobierno. El hecho también fue interpretado como una estrategia oficial para callar las especulaciones opositoras que, sin duda, conseguían deslegitimar el avance del proceso, calificando su secreto como venenoso para la institucionalidad colombiana.

Y el viaje hecho por ‘Timochenko’, comandante en jefe de las Farc, que levantó ampollas en varios sectores de la opinión, es para expertos otra muestra del buen camino en el que transita la mesa de conversaciones; es buen gesto que el responsable de las operaciones insurgentes se vincule directamente con el proceso que busca su salida de la guerra.

En todos los anteriores aspectos la oposición uribista ha sido implacable. Calificó de show humillante la reunión de las Farc con las víctimas; publicaron “Las 52 capitulaciones de Santos en La Habana”, en donde analizan los borradores de los preacuerdos y denuncian supuestas reformas que beneficiarían a los guerrilleros tras la firma de la paz; y el viaje de ‘Timochenko’ fue juzgado por el uribismo como una “entrega del país al terrorismo”.

Lo anterior sugeriría pensar en que el Gobierno de Juan Manuel Santos no debe solo enfocar sus baterías en acabar la guerra armada con las guerrillas, sino en desarmar el discurso opositor del uribismo, del cual el mandatario sabe muy bien que podría costarle cuando más avance el proceso.

De seguro Santos entiende que los más de 7 millones de colombianos, que votaron al Centro Democrático en las dos elecciones de este año, son suficientes para hacer fracasar su idea de Referendo para pedir aprobación o negación a la paz.

Esos votantes se concentraron alrededor de la figura del expresidente Álvaro Uribe, su máximo líder ideológico. Ahora, en un intento que deja muchas preguntas y suspicacias, Santos llama públicamente a su némesis político a la mesa de diálogos.

Propuesta de Santos ¿estrategia o voluntad?

“Invito al senador @AlvaroUribeVel a que nos reunamos y hablemos, con criterio patriótico, de paz. #TodosPorLaPaz.”, escribió el presidente en su Twitter. “O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos’, Benjamin Franklin”, añadió unas horas después en la misma red.

No es gratuito que el llamado haya sido enviado a través de Twitter, una red que sirve de micrófono público ante millones de usuarios. Sin duda, el presidente quiso dejar por sentada ante el país su voluntad de limar asperezas con Uribe.

Para el ex viceministro del Interior y consultor en temas de paz,  Juan Fernando Londoño, la invitación del presidente solo pretende “que se logre un debate más racional sobre los acuerdos conseguidos en La Habana, porque las críticas que se venían haciendo al proceso de paz son irracionales, en el sentido de que partían de supuestos que no eran reales; especulaciones sobre lo que se había acordado. Esta invitación tiene que ser encaminada no a que la oposición deje de criticar, sino obtener una crítica más seria, racional y fundamentada”, destacó el experto.

Proceso de paz

Cualquier decisión que se tome en Cuba, en medio del actual Proceso de Paz, motivará críticas y cuestionamientos de lado del uribismo. Expertos creen que estas posiciones deben mantenerse; son sanas para la democracia. 

En su opinión, sí hay una voluntad sincera de dialogar de parte de Santos. El jefe de Estado está llamando a la conversación en un escenario en el que tanto él como su opositor puedan llegar a un consenso que consiga apagar los bombardeos que con tanta vehemencia golpean al proceso de paz, sin que esto implique que el mandatario convenza a su oponente y lo lleve a desistir de sus oposiciones.

Pero en la orilla uribista no creen en la buena voluntad de Santos para fumar la pipa de la paz.

El senador del Centro Democrático, Alfredo Rangel, le dijo a KienyKe.com que en su opinión el llamado presidencial es “una maniobra mediática muy oportunista. No hay sinceridad alguna. El presidente Santos sencillamente busca tratar de aparecer como un hombre tolerante y abierto, aunque el día anterior haya calificado a Uribe de irracional, y aunque no se canse de satanizar a la oposición llamando al Centro Democrático buitres, rufianes de esquina, guerreristas, fascistas, nazis, y muchas otras lindezas por el estilo”.

Y es que las arremetidas oficialistas han endurecido la coraza uribista, para muchos con toda razón. Santos no desestima que Uribe es el líder de la mayor oposición que tiene en el país y que representa una significativa cantidad de ciudadanos. También sabe que es imposible, y no sería sano, que consiguiera unir a esa oposición a su lado. Es suficiente con que el discurso se ablande, para el bien de ambas partes.

¿Qué más hay detrás de ese llamado?

Otra hipótesis que surge es que el Proceso de Paz, en ese punto de ‘no retorno’, también entra en un estado de vulnerabilidad que podría alterarse cuando las críticas arrecian.

Es probable que el presidente Santos, quien ha visto cómo el uribismo reacciona con agilidad y fortaleza ante cualquier situación que se genera en Cuba, quiera ablandar los efectos de esos golpes.

Lo cierto es que pocos apuestan que se realizará ese encuentro y mucho menos a puerta cerrada. El analista Londoño estima que, si se llevara a cabo, el verdadero objetivo “no es que la oposición deje de criticar el Proceso de Paz, sino que esa crítica esté basada en hecho y no especulaciones”.

El papel de opositores firmes respecto a los diálogos con las Farc es un espacio muy bien ganado por el uribismo, y quizá una reunión a puerta cerrada con el presidente Santos los desdibujaría.

“Si hubiera un diálogo entre el gobierno y la oposición debería darse de cara al país; no entre las cortinas del Palacio ni a puertas cerrada en la Casa de Nariño. Ese diálogo debería hacerse en la plaza pública, en algún programa de televisión o en el Congreso de la República. Hay dos estilos contrapuestos: el del expresidente Uribe que le gusta el diálogo abierto y franco de cara al país, y del presidente Santos, amigo de los acuerdos a puerta cerrada y las intrigas palaciegas”, dijo el senador Alfredo Rangel.

Así mismo algunos se cuestionan si Santos hace esta invitación como consecuencia de una entrevista otorgada a El Tiempo por el exalcalde de Bogotá Antanas Mockus, quien aseguró que al país le convendría mucho un arreglo de estos dos personajes.

Alvaro Leyva, Antanas Mockus

Álvaro Leyva Durán y Antanas Mockus han sugerido que es hora de que Uribe se vincule al proceso de Paz, no necesariamente como facilitador, sino como actor protagonista.

Poco después, el excandidato presidencial Álvaro Leyva Durán envió una carta al senador Uribe en la que, en otras palabras, lo motiva a participar como actor principal en la búsqueda de paz con las Farc.

Para Londoño,  la influencia que pudo haber considerado Santos solo pudo haber sido la de Mockus, pues en su opinión “él no tiene ninguna intención ulterior o carta tapada con respecto a la discusión de la paz, mientras que Álvaro Leyva tiene su propia agenda política en torno a los temas de la paz, siempre quiere ser protagonista, estar ahí. Lo de Mockus es un llamado muy sensatos al diálogo”.

Las probabilidades para que Uribe acepte sentarse con Santos

La pregunta clave es si Uribe aceptará o no el diálogo con Santos. La balanza se inclina a que no lo hará y preferirá seguir el debate desde su silla en el Congreso, sus redes sociales y los micrófonos que le abran a él y sus colegas en medios de comunicación.

“El expresidente Uribe no se molestará en responderle al presidente Santos después de todos los improperios que ha emitido contra el Centro Democrático. En caso de que se aceptara ese diálogo, no dudo que el expresidente Uribe pediría que sea de cara al país y no a puerta cerrada”, añade Rangel, quien confirmó un rumor que se ha movido dentro del uribismo y que estaría motivando que se aconseje al senador Uribe no aceptar la invitación: creen que lo que hablen los dos, podría ser tergiversado por el presidente Santos a su favor.

“El presidente Santos nos ha acostumbrado a sus traiciones, a sus mentiras, a su deslealtad y por eso no es persona de fiar”, añadió.

Por otro lado, consultores en temas de paz y conflicto como el exviceministro Londoño consideran también poco probable que el encuentro se vaya a realizar, y tampoco no ven como indispensable para el futuro del proceso de paz como muchos han creído.

Uribe-congreso

El Congreso es el escenario por excelencia para continuar el debate con el oficialismo sobre el Proceso de Paz. 

“El encuentro es deseable pero no fundamental. Sería deseable que haya un acuerdo para establecer un diálogo más civilizado entre el gobierno y la oposición de derecha. Pero si no se da, hay escenarios institucionales donde está presente el uribismo, como el Congreso, y ahí se puede también establecer el diálogo político. Pero ese diálogo sería saludable y muestra la intención de Santos de tender puentes con el expresidente Uribe, para mostrar que esto no es un tema personal sino sobre dos visiones distintas del proceso de paz”, estimó Juan Fernando Londoño

¿Y qué pasa si no pasa nada?

Líderes que defienden con fuerza el proceso de paz, como el senador Armando Benedetti (del oficialista Partido de La U), no creen que se vaya a realizar un cara a cara entre Uribe y Santos, y en caso de que se realizara, no pondría fin a la controversia.

Su punto es que sentar en una mesa a los dos líderes políticos no tiene porqué ser un gran propósito nacional. “¿Cuál es el problema que los presidentes y expresidentes debatan públicamente de que si se quiere paz, guerra o un proceso de paz diferente?. No veo nada de malo. Lo bueno sería de pronto bajar un poco el adjetivo. Pero ¿cuál es el afán de que hagan las paces? Y de hecho ¿pa’ qué? No veo trascendencia de ese diálogo para nada, ni para la paz, ni para anhelo de nadie”, dijo Benedetti a KienyKe.com.

En su opinión, resulta mucho más saludable que mantengan esa fricción crítica que es tan sana para la democracia. “Ellos han hablado a través de los medios por los últimos años. El que puedan debatir enriquece a la democracia”, añadió.

Lo más probable es que Álvaro Uribe decida no responder a la invitación, o replicar invitando a Juan Manuel Santos a adelantar ese diálogo ante el Congreso de la República. Sea cual sea el escenario del diálogo, las divisiones entre los dos seguirán a la orden del día.