El senador al que no derrotaron con atentados, montajes y la cárcel

El senador al que no derrotaron con atentados, montajes y la cárcel

14 de marzo del 2015

Su historia parecería sacada del guión de una película o serie de acción, pero se trata del congresista que le ha huido a la muerte en varias oportunidades, y es un sobreviviente de los rudos juegos de la política.

Lea también, La extraña enfermedad que obligó a esta congresista a aprender a hablar de nuevo.

Es Luis Fernando Velasco, uno de los congresistas más reconocidos e identificado por su liderazgo en el tema de los precios de la gasolina. Sin embargo, muchos desconocen el drama que ha tenido que vivir como consecuencia de haberse opuesto a un gobierno.

También lea, Así funciona la mafia cazacongresistas.

Aunque el parlamentario liberal indicó que parte de sus enemigos políticos los heredó de su padre, de quien dijo fue la figura a seguir en la lucha por los derechos humanos y la justicia que lideró, sus problemas los empezó a tener cuando se opuso a la ley de Justicia y Paz, con la que el entonces presidente Álvaro Uribe desmovilizó y judicializó a los paramilitares.

“Cuando se presentaron las leyes que buscaron darle favorabilidad a esa negociación, encontré una serie de vacíos e incongruencias y las expresé públicamente. Hice debates, y con un grupo de congresistas presentamos un proyecto alternativo al que presentó el Gobierno, lo que generó un gran choque político, porque el Gobierno les estaba contando a embajadores de todo el mundo reunidos en Cartagena que había unanimidad en la presentación de un solo proyecto de alternatividad penal para las autodefensas”, aseguró.

Según relató Velasco “ahí sentí una gran distancia con el Gobierno de Uribe, sin embargo el primer momento de discusión fue mi oposición al estatuto antiterrorista, luego fue al de la reelección. Eso generó una serie de enemigos muy grandes dentro de la legalidad y la ilegalidad”, indicó.

De igual manera, el anterior gobierno no empezó a ver con buenos ojos su participación en la comisión de canje del Congreso, tal como se llamó, “en la que nos reunimos varias veces con las Farc para buscar la liberación de un número importante de soldados retenidos por esta organización”.

Esta tarea también la alternaba el congresista con entrevistas que le hizo a comandantes paramilitares “para analizar el contexto de lo que podía pasar en ese acuerdo de paz, en donde les dije lo que pensaba y en ciertos casos estaba en contravía de las propuestas del gobierno”.

Sin embargo, hasta ese momento el congresista caucano desconocía las consecuencias que desencadenarían sus posturas.

Todo comenzó con unos señalamientos que hicieron en su contra varios comandantes paramilitares. “Cuando empecé a tener conocimiento del intento de algunos comandantes paramilitares de involucrarme con esa organización, no le presté atención porque me pareció completamente absurdo de qué me podían acusar si mis actuaciones y debates eran públicos, no solamente contra esa organización sino de la manera de legalizar sus actuaciones”, aseguró.

Sin embargo, las peores pesadillas se hicieron realidad y pronto. En octubre del 2007 desconocidos atentaron contra la vida de Luis Fernando Velasco.

Luis Fernando Velasco, senador

“En el Caquetá sufrí un atentado en mi contra, me estallaron nueve bombas, recibí una serie de disparos que logró detener el carro blindado en el que me movilizaba, en plena campaña a la gobernación. Ese atentado se dio después de uno de los debates más fuertes que hice contra el paramilitarismo en el que denuncié la toma del fondo ganadero de Caquetá por los paramilitares para lavar dinero. Les toqué el bolsillo y eso no lo perdonan”, describió.

Más que el dolor con el que recuerda lo sucedido, Velasco se lamenta que las autoridades nunca esclarecieron quiénes estuvieron detrás del atentado. “Me salvó el blindaje cinco del carro. No obstante, ocurrió algo extraño, pues mientras sectores de la fuerza pública responsabilizaban a la guerrilla del atentado, las primeras investigaciones de la Fiscalía señalaron a un grupo de narcos asociados con los paramilitares, pero nunca tuve derecho a la verdad en ese atentado”, enfatizó.

El parlamentario se ha descrito como una persona bastante tranquila y serena, y así describió los momentos de pánico que vivió en ese momento. “Al principio sentí que el carro brincó, pero uno nunca piensa que va ser objeto de un atentado. Lo que primero pensé es que se había estallado una llanta, y calmé a dos mujeres de la campaña que empezaron a gritar, y después me di cuenta por los disparos que en efecto se trataba de un atentado, pero logré mantener la calma, no dejé que abrieran las puertas de la camioneta, y le pedí a cada uno de los acompañantes que cogiera un teléfono para intentar comunicarnos, porque en esa zona no había señal de celular, y a los cinco minutos logramos comunicarnos. Recuerdo haberle pedido al conductor del carro que siguiera su ruta no muy rápido para evitar que por acelerar nos fuéramos accidentar”, dijo.

Al no lograr el objetivo de asesinarlo, los enemigos de Velasco optaron por acabarlo políticamente y sacarlo de la escena pública. Pronto se dio cuenta que los intentos de montaje y persecución política iban en serio, “cuando salió un comandante de las autodefensas que nunca había conocido a señalarme de haber tenido contactos con él. En ese momento salí a la Fiscalía y presenté una denuncia por falso testimonio y por intento de fraude a la justicia. Ese comandante en la misma diligencia aclaró que yo no tenía nada que ver con ellos”.

El intento de enlodar su nombre no terminó ahí, pues se descubrió otro intento de montaje. “Me preocupé más cuando recibí una información que señala que un grupo de autodefensas presos en la cárcel de Palmira recibieron la orden de hacerme un montaje. La Fiscalía ordenó interceptar mi teléfono y descubrió no sólo que intentaron hacerme un montaje, sino que querían chantajearme para que les diera 50 millones de pesos a cambio de no hacerme el montaje. Todo esto sucedió en tres semanas”, señaló.

Tal como si se tratara de una escena de Hollywood, el congresista quiso hacer parte del operativo para desmantelar la banda que lo tenía extorsionado y llevó él mismo el dinero como parte del plan.

“Para desmontar el plan, mi abogado tuvo que ir a entregar el dinero de la extorsión, pero al ver la peligrosidad de los sujetos decide no hacerlo, y en ese momento tomé la decisión de ir yo mismo y participar en el operativo, en donde fue capturado uno de los cómplices en la extorsión”, relató.

No obstante, los intentos de montaje no terminaron ahí, pero ahora el novelón tuvo un nuevo ingrediente. “Empecé a escuchar rumores que había en proceso otro montaje. Efectivamente salió una noticia según la cual algunos reinsertados de la guerrilla habían señalado que yo era el comandante del octavo frente de las Farc”, afirmó.

Sin embargo, la suerte estaba echada, el montaje tomó dimensiones insospechadas. “Después de los montajes recibí una acusación de mi compañera en el Congreso, la representante a la Cámara Rocío Arias, diciendo que yo les estaba haciendo vueltas a las autodefensas. Fue muy doloroso para mí porque se retransmitió bastante en mi tierra, buscando un interés político. Sin embargo, sentí la solidaridad incluso de mis contradictores políticas en el Cauca y los medios de comunicación regionales quienes salieron a decir que qué era eso de que me acusan de tener vínculos con los paramilitares y a la vez de ser jefe de un grupo guerrillero”.

Al presentir que era inevitable el golpe definitivo de sus detractores, Velasco enfrentó a la propia justicia.

“Cuando vi que las cosas estaban muy difíciles, mi hermano, quien es muy buen abogado penalista, revisó un poco lo que estaba pasando y me expresó su preocupación. Empecé acopiar las pruebas, porque toda la acusación terminaba en que yo había recibido unos tiquetes (de los paramilitares), cuyo valor no superaba los dos millones 500 mil pesos, para visitar Barcelona, y que se convirtió en la supuesta prueba. Para conseguir pruebas fui a Barcelona, España, al foro donde supuestamente me habían llevado los paramilitares, pero yo fui invitado por una de las fundaciones más importantes de ese país, por lo que me traje unas certificaciones y elementos que desvinculaban cualquier nexo con los paramilitares”, indicó.

“Yo le había dicho a la Fiscalía – siguió su relato – que si algún día recibían la orden para capturarme, me avisaran para entregarme inmediatamente, pues yo veía esa posibilidad cerca. Efectivamente al poco tiempo recibí la información que esa orden había sido expedida por la Corte Suprema de Justicia, y lo que hice fue llamar al CTI y preguntarles dónde me podía entregar. Eso golpeó fuertemente a mi familia. Hice mi maleta y me fui para la Fiscalía”, manifestó.

Sin embargo, después de rendir una larga indagatoria, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia decidió mantenerlo recluido en prisión mientras se adelantaba el juicio en su contra.

“Me dediqué a preparar mi defensa en la prisión, y en el juicio tuve la impresión de que varios de los magistrados presentes no conocían bien el proceso, pero me declararon inocente. Sin embargo, este proceso no lo asumí con ánimo de venganza, sino como una lección de vida. A raíz de todo esto fui el primero en Colombia en hablar públicamente de los falsos testigos y allané el camino para que se destapara este cartel”, señaló.

Según reveló Velasco, gastó una fortuna en los abogados que tuvo que contratar para salir bien librado del juicio en su contra y de los montajes que le hicieron.

“El poco patrimonio que había logrado consolidar tuve que venderlo muy rápido a unos precios ridículos para conseguir cómo pagar mis abogados, en cada proceso de montaje, por un valor que sobrepasó los mil millones de pesos”, indicó.

Después de este episodio Velasco tuvo un respiro en su vida, pero no sería por mucho tiempo. Hace un año tuvo que enfrentar otro episodio angustiante.

“Tenía un dolor de oído en plena campaña del presidente Santos, pues hice un trabajo muy intenso con ocasión de la visita que hizo el jefe de Estado a la ciudad de Popayán, y entonces a punta de aspirinas fui automedicándome, por lo que no le presté mucha atención. Sin embargo, mi médico particular me dijo que tenía una infección compleja en el oído, pero ésta había crecido bastante rápido, y el sábado de pascua estando en Cali me comenzó un terrible dolor de cabeza y fui a un centro de atención ambulatorio, pero no fue muy responsable el médico que me atendió, pues no vio lo que realmente tenía

(…) al poco tiempo comencé a sudar como si hubiera corrido una maratón y tuve un vómito muy fuerte, y sólo así el médico tuvo que remitirme a una clínica, donde me hicieron un TAC, notaron algo extraño en mi cabeza y decidieron operarme”.

Relató Velasco que en ese momento ocurrió una coincidencia. “Mi esposa se asustó, llamó a mi familia, y mi hermana, que tiene unos amigos médicos en Cali, les avisó, y varios de ellos se comunicaron con la Clínica e informaron lo que en verdad podría tener e hicieron presencia el domingo de pascua en la madrugada. A solicitud de los mismos especialistas amigos míos, deciden no operarme hasta que no me hicieran una resonancia magnética”.

En medio de tanta noticia mala en su vida, surgió lo que él mismo describió como un milagro.

“En la resonancia descubrieron que tenía las venas del cerebro tapadas, pero que milagrosamente la sangre bajaba por unos hilitos y lo que hicieron fue anticoagular la sangre, y duré trece días en cuidados intensivos. En el último día que estuve hospitalizado el director de la clínica me dijo que en mi caso sólo sobrevive una persona en un millón, y que esa persona que sobrevive del millón resulta con un pronóstico nada favorable”, contó.

El senador relató que “a la semana de haberme parado de la clínica, ya estaba tratando de hacer deporte”.

Pero, y ¿qué le quedó después de sobrevivir a tantas vicisitudes?

“Todas estas dificultades me han vuelto una persona más humana, porque yo era muy radical en mis expresiones y en ocasiones era muy fuerte con mis contradictores. Hoy día a toda persona le doy el beneficio de la duda, sin juzgar”, respondió.

Asimismo Luis Fernando reveló que este cambio de actitud la tuvo en la experiencia que tuvo en los cuatro meses que pasó en la cárcel. “Conocí políticos que fueron condenados siendo inocentes. Si esos testigos que sirvieron para condenar a personas inocentes, están detrás también en procesos recientes y han sido acusados de falsos testigos, se debería revisar esas condenas”, exigió.

El parlamentario señaló que también sus prioridades han cambiado después de esos años de incertidumbre. “Por ejemplo no sueño ser una persona con mucho dinero, y quiero el poder para hacer algo y no para ser alguien”, afirmó.