María José Pizarro o la memoria como política

María José Pizarro o la memoria como política

3 de marzo del 2019

“La memoria es el centinela del cerebro”, decía William Shakespeare. La frase demuestra su validez al confrontarla con la cotidianidad o con la historia. Por no ir lejos de la vida nacional, la representante a la Cámara María José Pizarro pasó de escarbar en la memoria de su padre, Carlos, el excomandante del M-19 y candidato presidencial asesinado en 1990, a reconocerse a sí misma y a moldear su ideario político.

Esa es la fuerza de Pizarro, la hija, una denuncia silenciosa sobre la similitud de los tiempos y la pertinencia de aprender de la historia. El líder político que logró llevar a buen término el primer proceso de paz de la América Latina contemporánea, fue apenas uno de miles de militantes de izquierda asesinados entre las décadas de los 80 y 90, en un exterminio de voces disidentes del que apenas sobrevivieron la Unión Patriótica y la Alianza Democrática M-19. Hoy, precisamente, el asesinato sistemático de líderes sociales ha concentrado buena parte de su actividad en el Congreso, y ve muchas similitudes con el ocurrido décadas atrás.

“La mayor parte de los asesinados actualmente están en un rango etario entre los 18 y los 40 años, que es justo cuando se da el relevo generacional, es decir cuando llegan nuevos líderes que tienen capacidad para renovar los procesos. Pero esa dinámica sistemática también fue aplicada en los años 80 y 90. Mi padre tenía 38 años cuando fue asesinado, José Antequera 34 y Bernardo Jaramillo Ossa también 34. Tuvimos que esperar 28 años para que se volviera a materializar el relevo generacional. La intencionalidad en ambos casos fue y es frenar ese relevo al asesinar a quienes tienen otra visión de país”, denuncia.

Pizarro considera que si Colombia tuviera una democracia fuerte y consolidada, este tipo de situaciones no se presentarían y no habría sectores que creen que la mejor opción para consolidar sus ideas políticas es asesinar a quienes no están de acuerdo con ellas. “¿Por qué no pensar en un país que corte esos ciclos de violencia?”, cuestiona.

Vea la entrevista completa: 

Lo que viene para Pizarro

En el fondo sus acciones parecen orientadas, por tanto, a dar voz a quienes de una u otra manera son silenciados, sean los campesinos del Bajo Cauca afectados por el proyecto de Hidroituango y amedrentados por distintos grupos violentos, o sean los periodistas pertenecientes a medios públicos que ven en la Ley TIC una amenaza a su labor.

“Hablamos en Tarazá con una comunidad que ni siquiera fue escuchada en la planeación y construcción de este proyecto, porque se suponía que no hacían parte de la zona de influencia de la hidroeléctrica, según quienes la construyen. No fueron consultados pero han sido gravemente afectados. Vimos la zozobra de una comunidad que no sabe en que momento va a desprenderse la montaña, pero también por el bajo caudal del río Cauca. Estaremos haciendo presión desde el Congreso para que el Gobierno propenda por preservar nuestra riqueza hídrica”, adelantó sobre Hidroituango.

Igual prioridad tendrá en su agenda la oposición a la iniciativa de Ley TIC, que en su opinión supone una eliminación de la autonomía de la televisión pública del país, un asunto que está amparado por la Constitución del 91.

Crecientes apoyos ha logrado la bancada alternativa del Congreso (verdes, Polo y Decentes) en estos temas desde partidos como el Liberal y una facción de La U. Esto implica que para ella, en este 2019 se abren oportunidades para “un Legislativo con mucho más equilibrio y unos partidos con autonomía”, tal como anticipó.

Calle y sencillez

Mientras hablaba de estos temas sentada en una butaca de la Avenida Jiménez, en pleno centro de Bogotá, un perro callejero negro se acercó a donde estaba y se acostó a darse la siesta debajo de ella. La representante le dio una palmadita en el pecho seguida de dos caricias, y siguió hablando de los asuntos de actualidad nacional. El perro se durmió mientras los humanos alrededor hablaban.

Los buses de TransMilenio pasaban y pasaban haciendo ruido como impertinentes bestias en el lugar. No le gusta el sistema y de hecho tiene claro que otro de los asuntos que tendrá su atención en este 2019 será eso, buscar un nuevo modelo de ciudad, la misma que representa en el Congreso:

“Creo que debemos defender los intereses de los bogotanos sin caer, en una lectura errónea, trasladar el debate presidencial a Bogotá. Necesitamos a alguien que legisle a favor de la ciudadanía y se comprometa con la ciudad. Apoyaré siempre al candidato que resulte de un proceso de convergencia, tenemos que lograr unos acuerdos entre las distintas fuerzas políticas, en favor de la ciudadanía”, dijo.

Seguirá en ello, legislando desde la ciudadanía incluso para que no la repriman por vender o comprar empanadas callejeras. No es abogada, no surgió dentro del sistema. No le molesta que le digan outsider, es una artista que entró a la vida política siguiendo los pasos de su memoria. Se puede decir que su padre está vivo, y la empuja de esa manera a andar el camino hacia un país distinto.

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