Mauricio Toro, un emprendedor hecho a pulso

5 de noviembre del 2018

Desde el pasado 20 de julio los colombianos ven nuevas caras jóvenes en el Congreso de la República, y el partido Alianza Verde sorprendió con sus fichas. Mauricio Toro es una de ellas. Sin padrinos políticos este paisa llegó a ocupar un asiento en el salón elíptico, con una premisa: “Si los políticos no pudieron ser […]

Mauricio Toro, un emprendedor hecho a pulso

Desde el pasado 20 de julio los colombianos ven nuevas caras jóvenes en el Congreso de la República, y el partido Alianza Verde sorprendió con sus fichas. Mauricio Toro es una de ellas. Sin padrinos políticos este paisa llegó a ocupar un asiento en el salón elíptico, con una premisa: “Si los políticos no pudieron ser ciudadanos, nos tocó a los ciudadanos ser políticos”.

Desde que inició su camino en la política tiene claras cuáles son sus banderas, y se podría decir que el emprendimiento es la principal. Pero esto no es por casualidad, aunque estudió ciencia política, desde pequeño sabía que quería ser emprendedor. Este armenio sabe muy bien por todo lo que se debe pasar, desde venderle joyeros de palos de paleta a las amigas de su mamá, trabajar desde los 12 años a crear dos empresas y ser gerente de iNNpulsa.

Pero además de luchar por los emprendedores y los deudores del Icetex, ya que asegura que es necesario hacer una reforma estructural para que los estudiantes no se tengan que endeudar toda la vida para cumplir sus sueños, se convirtió en el primer congresista abiertamente gay de Colombia, razón por la que los derechos de la comunidad LGBTI también hacen parte de su agenda.

Mauricio Toro es un hombre descomplicado que usa corbata, aunque confiesa que no le gustan. Siempre lleva en su muñeca derecha, desde que comenzó la campaña electoral, un reloj verde fosforescente que encandila la vista pero que lo caracteriza.

Un emprendedor hecho a pulso

Toro nació en Armenia, Quindio, “el departamento más pequeño del país después de San Andrés”, como lo explica. Él asegura que su niñez fue un hit porque la ciudad es muy verde y esto combinaba con su personalidad libre y deportista. Estuvo entre fincas cafeteras, ganaderas y un barrio en el que había un río en el que se podía adentrar para hacer exploración.

Es el mayor de dos hermanos y en algunas ocasiones tuvo que hacer el rol de padre porque sus progenitores se separaron cuando él era un niño. Relata que por cuestiones de trabajo de su madre tuvieron que trasladarse a Cali, así que además de hacerse cargo de su hermano, responsabilidad que no le molestó en absoluto, tuvo que aprender desde muy pequeño qué era pagar un recibo o llenar un cheque.

Aunque no todo fueron responsabilidades, jugaba golf por pasión, también fue “subcampeón departamental de estilo libre en natación”, practicaba baloncesto, ciclomontañismo, entre otros deportes. En la escuela le iba bien, aunque no fue el estudiante más destacado, trató de “ser lo más invisible posible en el colegio, no estaba ni en los que se la montaban o los que se la dejaban montar”, explicó.

Desde pequeño contó con el apoyo de su madre en su deseo de emprender; aunque ella era empleada, logró montar su propio negocio y Mauricio trabajaba con ella. En vacaciones le ayudaba como portero del local de ropa, limpiaba las vitrinas y estaba pendiente de que no se llevaran la mercancía.

Con nostalgia recuerda que ese no fue su primer trabajo. Ilustra que mientras estaba en vacaciones, la señora Yury le ayudó a conseguir empleo, “yo le consigo trabajo y lo que se gane yo se lo duplico”. Con esta condición comenzó a trabajar, y a los 12 años entró a laborar en una fábrica de colchones.

“A mi me tocaba meter en una máquina acero que después una maquina doblada y eso era lo que estaba dentro del colchón, cuando salían 30 uno los metía en una bolsa y los pasaba a producción, el horario era de 6:00 a. m. a 12: 00 p. m. y luego hasta las 4:00 p. m., para mi era terrible levantarme a esa hora”, explicó.

Además del calor de las máquinas y el insomnio que esto le causaba, su jefe lo gritaba y esto hizo que a los cuatro días quisiera desertar. Y fueron las palabras de su madre las que le dejaron una lección de vida, “si usted no vuelve los días que ha trabajado no se los pago y no le doy un peso para las vacaciones porque debe entender que ganarse un peso es muy duro, y cuando uno empieza algo debe terminarlo”.

Finalmente, siguió trabajando y así entendió cómo era ganarse el dinero. Luego trabajó en un parqueadero, después en la empresa de calzado Croydon, en un registraduría entre otros. Fue así como aprendió que quería emprender, “yo no quería a alguien que me estuviera gritando, por eso quise emprender”, aseguró.

Del emprendimiento a la política

Mauricio llegó a Cali y allí empezó a estudiar Ingenieria Civil, una carrera que él no quería hacer, lo hizo porque su mamá se lo dijo, pero finalmente decidió irse a Bogotá a estudiar Ciencia Política. El cambio no fue fácil, su madre le quitó el apoyo económico pero aceptó y residen actualmente en la capital del país.

Prácticamente estudió lo que quería pero nunca la ejerció, “la carrera me sirvió poder hablar de muchos temas y poderse expresar oralmente bien”, dijo Toro. Luego trabajó por cinco años en la Federación de Municipios y luego comenzó a emprender.

Montó dos empresas, una de consultoría y otra de accesorios para mujeres. Luego llegó a iNNpulsa, la entidad del Gobierno Nacional, adscrita al MINCIT que promueve la innovación, el emprendimiento y el desarrollo empresarial colombiano, de esta experiencia le quedó “ver cómo cientos de colombianos lo dejan todo por perseguir sus sueños y que luchan incluso más que los que están en Bogotá”.

Luego de dos años, salió de la entidad y comenzó a montar otra empresa de tecnología, pero decidió darle la vuelta al mundo. “Visité 14 países, estuve en India un mes y medio viendo qué es la pobreza extrema, eso me generó un choque enorme porque aquí en Colombia nadie hace nada porque las personas dejen de ser pobres y así nació la idea de ser político”.

Emprender en política

Mauricio llegó convencido de montar su empresa, pero en septiembre de 2017 pensó que si no era en ese momento que comenzaba su campaña política no era nunca. Fue convencido por varios amigos porque asemeja que “no se me acercaban ni las moscas porque era un completo desconocido en la política, no tenía plata ni padrinos, y traía el emprendimiento como tema principal; la gente no entiende, para todos es como ‘millenials jugando a hacer negocios.”

Pero la debilidad la vio como fortaleza, agradeció que nadie se hubiera acercado y comenzó con un grupo de amigos, “como emprendedor no le tengo miedo al fracaso, porque eso es lo que he aprendido toda la vida, así que si perdía no pasaba nada, aquí en Colombia todo se nos olvida así que al otro día podía seguir como emprendedor”.

Vendió su carro, su madre le prestó dinero y así comenzó su campaña. El emprendimiento, la falta de inversión en innovación y educación, y “parar los abusos del Icetex, ya que llevamos pagando el crédito de mi hermano muchos años y no hemos terminado”, fueron las banderas de la campaña.

“Me di cuenta que sin plata, sin vayas, y sin padrinos si se puede llegar, las redes sociales eran lo único que podía multiplicar la información que queríamos hacer llegar”, Mauricio Toro.

Mauricio pensó que solo recogería 3.000 votos y el 11 de marzo de 2018 acumuló casi 20.000 votos. Recuerda que tuvo que pasar una semana en la sede de la Registraduría para cerciorarse de que sus votos no se iban a perder. Aún no se ‘come’ el cuento de que quedó elegido y no le gusta que le digan representante, “me gusta que me digan Mauricio o Mauro, como toda la vida me dicen. Yo me siento más que cualquier cosa un ciudadano que hace política”, asegura.

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