Navarro, un exguerrillero que quiere ser presidente de a pie

Foto: Laura Salomón/KienyKe.com

Navarro, un exguerrillero que quiere ser presidente de a pie

13 de junio del 2017

A sus 37 años conoció ese oscuro lugar del que la mayoría no regresa para contarlo. Después de salir de ese túnel de inmensidad fue cuando descubrió esa frágil línea que divide la angustia y la tranquilidad, la vida y la muerte. En 1985, cuando un militar le lanzó una granada que le destrozó media pierna y un nervio de la lengua, el entonces guerrillero se dio cuenta de que la muerte no es tan mala como la pintan. Eso hace que Antonio Navarro Wolff valore más su vida. “La muerte no es fea, pasando cierto umbral, uno no se siente tan mal. Pero la vida es tan buena que prefiero vivir”.

Del “Fast Track (vía rápida) al monte”, de esa manera describe él mismo el giro que dio su vida en el año 1974. No es para menos, tenía solo 26 años y ya se había graduado de ingeniero sanitario de la Universidad del Valle y de una especialización en ingeniería del medio ambiente. Su carrera iba en pleno ascenso cuando se enlistó en las filas del M-19.

Su paso por la guerrilla duró 16 años, hasta 1990, cuando el grupo firmó la paz con el gobierno de Virgilio Barco. Si algo tiene claro, es que el alzamiento en armas no sirve para resolver ninguno de los problemas nacionales. Pese a esto, no se arrepiente, parte de su pasado está estampado en los rincones de la oficina 305, su espacio en el Congreso de la República. Entre su biblioteca tiene un lugar importante, un letrero que dice 19 de abril en la pared, la fotografía de los Constituyentes de Colombia de 1991 -que él encabeza-, y en una esquina el par de muletas que debe usar en ciertos momentos.

Si me eligieron tantas veces, ¿por qué no ahora?

Además de los recuerdos, Antonio Navarro Wolff dice en diálogo con Kienyke.com que la guerrilla le dejó tres experiencias claves: el placer de andar por Colombia a pie, la tristeza de conocer la desigualdad que está a flor de piel en los municipios más recónditos y el orgullo de decir que el diálogo es el camino hacia la paz.

“No encuentro nada igual a un páramo en verano. He tenido la oportunidad de ir a tantas partes, y no encuentro una cosa naturalmente más bella. Conocí todo el sur del país a pie, los páramos, las selvas, la costa del Pacifico. Pero también conocí la población campesina marginal, donde hay una vida de atraso, de una sociedad primitiva. Por otro lado, también aprendí que el alzamiento en armas no sirve, pero así como hubo alzamiento, (con el M-19) hicimos un proceso de paz”.

El hecho de palpar por su cuenta este país de contrastes y paradojas que es Colombia, durante su vida en el monte, lo lleva a visualizarse como el siguiente huésped de la Casa de Nariño. ¿Un presidente exguerrillero? Para muchos aún puede ser tabú, para él, un paso casi que natural en su carrera como funcionario.

Foto: Laura Salomón/KienyKe.com

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“He sido 10 veces candidato en 27 años y no he visto una oportunidad mejor que esta para lograr que una fuerza alternativa llegue a la Presidencia de la República, porque la gente está muy cansada, muy irritada con la corrupción y la falta de resultados”.

Por eso el congresista de la Alianza Verde enfatiza en que durante estos años en la vida pública sí ha mostrado resultados a quienes le dieron su voto de confianza alguna vez:

“He sido elegido constituyente, alcalde, gobernador, dos veces senador, una vez representante a la Cámara ¿por qué no ahora?”

“Mi corazón no ha sanado”

Antonio Navarro Wolff es firme y organizado en sus aspiraciones, no quiere hablar del “plan b” que tendría de no llegar a la Presidencia. Recuerda con calma el momento en que estuvo al borde de la muerte y un pariente médico lo salvó. Con pasión se refiere a los ideales que construyó y a la admiración que le producen personajes como el caudillo Jorge Eliécer Gaitán, el fundador del M-19 Jaime Bateman y otros que concibió el Caribe colombiano como el Nobel Gabriel García Márquez.

Este juego de emociones positivas contrasta con la nubosidad que se posa en sus ojos azules cuando habla del hijo que vio partir de manera intempestiva hace un par de años, el que la muerte le arrancó de un golpe.

Se trata de Gabriel Navarro Bustamante, quien se convirtió en la razón por la que usa con frecuencia corbata negra, incluso en esta entrevista. La toma por unos segundos y dice que su corazón continúa muy afectado pese al tiempo, que se supone cura las heridas.

“Ya pasaron dos años y medio y todavía sigo usando mi corbata negra y no me la voy a quitar. A un padre le digo que lo más terrible que le puede pasar es perder a un hijo”.

Para Antonio Navarro Wolff es una herida, evidentemente, imposible de sanar. “No tengo la fórmula para aliviar ese dolor”, expresa con voz cálida. Su único escape de ese tremendo episodio ha sido el trabajo y esas cosas que por momentos alejan sus pensamientos de Gabriel.

“Lo que hago es seguir trabajando… Vivo, vivo y vivo”, añade.

Su vida en pareja consta de tres grandes capítulos, dos matrimonios y una relación que pudo llegar al altar. En su conocido estilo jocoso lo cuenta así: “Vivo solo y estoy bien así, ¿sabe? Soy exalcalde, exguerrillero y hasta exmarido. Las relaciones son cordiales pero ya se acabaron”.

Antonio Navarro Wolff: Con Santos por la paz y nada más

Desde su experiencia como protagonista del proceso de paz entre el M-19 y el Gobierno, habla del caso de las Farc y los diálogos con el Eln. Respecto al primer grupo, que está por terminar la dejación de armas, considera que si bien son dos momentos históricos distintos y guerrillas con ideologías diferentes, el corazón de los acuerdos del M-19 y las Farc es el mismo.

“Veo a las Farc decidida a hacer política sin armas y a reincorporarse a la vida civil”, apunta.

El caso del M-19 fue exitoso de entrada, explica Navarro Wolf. Mientras que condiciones que rodean a las Farc, como una férrea oposición, hacen que exista más resistencia. Pero el precandidato de la Alianza Verde insiste en que ve al grupo “decidido a intentarlo”.

Respecto al enredado proceso con el Eln, Navarro cree que hay que seguir con plena convicción de alcanzar la paz. Sin embargo, añade que en momentos esta guerrilla “da entender que se está quedando del bus”, por lo que para él es trascendental un cese al fuego unilateral.

“El momento exige una cosa de esa naturaleza para ganar un poco de apoyo público, pero de todas maneras hay que seguir insistiendo en que ese es el camino, no más armas en la política colombiana”.

De su pasado como guerrillero, Antonio Navarro Wolff también rescata “los ideales” que formó con otros líderes. “Aprendimos a hacer íntegros, que las palabras y obras sean consistentes”. Es por eso que ve en la cima de sus apuestas para las elecciones de 2018 la lucha contra la corrupción y contra la llamada “mermelada”, batalla que según afirma, ya libró en su papel de alcalde de Pasto y gobernador de Nariño.

“No le di puestos ni presupuestos a los concejales ni a los diputados, hicimos cabildos abiertos, audiencias públicas, presupuesto participativo y fue la gente la que decidió cómo se daban las prioridades de inversión, esto hay que hacerlo a nivel nacional”, plantea a este medio.

En las elecciones de 2014, confesó que votó por la reelección del presidente Juan Manuel Santos, hecho que le costó una lluvia de críticas. A este Gobierno le rescata la pelea que ha emprendido por la paz, pero hasta ahí. “De resto es un gobierno con debilidad, con incapacidad de lograr resultados; de manera que con Santos por la paz y nada más”, comenta.

Para ir más allá, este precandidato que promete una Colombia más justa, transparente y con menos corrupción, dice que uno de los mayores errores de Santos fue perder la confianza de la población porque “se comprometió demasiado”.

“Cuando tuvimos el auge de los ingresos petroleros Santos se comprometió con cosas que después no pudo cumplir. A la gente hay que tratarla de una manera distinta, hay que decirles la verdad, sí a lo que se puede y no a lo que no se puede”.

Para no caer en ello, su apuesta se concentra también en luchar contra la desigualdad. “Reemplazar los vacíos que dejan las Farc, llevar a esas regiones vías de comunicación, asistencia técnica, acceso al crédito y en especial, justicia y seguridad”.

Foto: Laura Salomón/KienyKe.com

Foto: Laura Salomón/KienyKe.com

Frente a asuntos como el caso de Odebrecht u otros delitos confía en la cárcel “pura y dura” como a él le tocó en su momento.

Respecto a la crisis en Venezuela, espera que no se derrumbe ese muro gigantesco que se está construyendo en el vecino país, que implica un riesgo importante para Colombia. “Tenemos 2.300 kilómetros de frontera con Venezuela, imagínese lo que podría pasar, un millón de refugiados en Colombia”.

En suma, considera que el país gobernado por Nicolás Maduro “se pasó de la raya hace rato” y que ese modelo no se debe aplicar en ninguna nación del globo. No obstante, es tajante, y sin mencionar nombres, dice que “es mentira que Colombia se volverá como Venezuela, aquí estamos en una sociedad que no va a tomar ese camino jamás, así que dejen de meterle miedo a la gente con eso”. 

Además de la política, el congresista dedica su tiempo al ejercicio al aire libre, los crucigramas, las series de televisión y el baile. Acostumbra a subir el cerro de Monserrate con sus muletas y es amante no solo de la salsa, como se le ha visto en algunos videos, sino también “de la cumbia y el chucu-chucu”, dice sonriendo.

A puertas de alcanzar sus 70 años, Antonio Navarro Wolff acepta que cada vez es más moderado en el genio, más calmado. Eso sí, asegura que cuenta con el carácter, la formación y la experiencia para cambiar el país, no con una nueva Constituyente, porque la del 91 “tiene buenos principios”, tampoco quejándose por redes sociales ni con mermelada, su idea es una alternativa de cambio.

Como anunció su partido en días pasados, entre los senadores Antonio Navarro Wolff y Claudia López saldrá el candidato de la Alianza Verde para primera vuelta. Luego, vendrá una coalición que para Navarro ya está clara.

“Queremos una alianza de fuerzas alternativas, lejos del gobierno y su coalición, lejos del Centro Democrático, que signifique una alternativa de cambio frente a la corrupción y a la administración del país. Y hasta ahora esa agrupación ha avanzado en conversaciones con Sergio Fajardo y Jorge Robledo, hasta ahí vamos. No quiere decir que sea el límite ni que sea más amplia”.

Eso sí, a ninguno de los demás líderes que suenan para dicha alianza ve como un rival. “La agrupación se hace entre amigos y fuerzas complementarias, entre compañeros de esfuerzos”.

En el futuro cercano, en diez años, Antonio Navarro Wolff espera a alguien alternativo en el poder, “que haya tomado las riendas del país, que no sea de los mismos con las mismas”. Para lograrlo, su mensaje es tan clásico como contundente:

“Si quieren seguir otros cuatro años quejándose, pues no voten, o voten por los mismos. Pero si quieren que las cosas tengan una opción, voten en el 2018 por una alternativa de cambio”.