Claudia López: Me gusta bailar ‘ras-tas-tas’ y el reguetón me parece lo máximo

Claudia López: Me gusta bailar ‘ras-tas-tas’ y el reguetón me parece lo máximo

3 de noviembre del 2014

-¿Tiene usted buen o mal humor?- le pregunto en la mitad de la entrevista.

Claudia López mira a uno de sus asesores, como esperando de él la respuesta. Ve que se sonroja y devuelve su mirada a mí. Ríe y también se ruboriza, aunque muy poco.

-Sí, yo creo que soy de buen humor -contesta- me río fácilmente hasta de mí misma. De mis ‘primiparadas’… lo que pasa es que soy muy impaciente.

Sigue riendo, mira su computadora, mira su celular, e insiste como tratando de dar una razón al porqué muchos la ven como una mujer bastante seria, que frunce el ceño en sus vehementes discursos y se erige como la más valiente de las novedades de este Congreso.

Con una puntualidad poco usual en otros de sus colegas, Claudia recibe esta entrevista en medio de los preparativos para su plenaria en el Senado. Tiene al frente un café y una torta que solo va probando en los momentos más dulces del cuestionario.

Tiene una mirada fija, segura, cautivadora entre el verde y el azul de sus ojos. Mientras reflexiona sus respuestas prefiere mirar a la ventana y llegar hasta donde más lejos le dé el horizonte.

Durante mis preguntas vuelve a revisar su computadora, su celular y no puedo evitar pensar que mientras me atiende, en algún punto de su mente multitareas, está construyendo o perfeccionando las intervenciones que dará minutos después ante el pleno de la Cámara Alta.

-¿Cómo que la impaciencia es su peor defecto?

Hay cosas que no son defecto, como el que soy rigurosa y muy disciplinada. Pero ser impaciente sí lo es. Eso me ‘vuela el bloque’ en cualquier instante. Soy impaciente en todo.

-¿Como en qué?

-Odio esperar. En cosas cotidianas soy una persona muy cumplida en manejo del tiempo; lo aprecio. Si algo me produce angustia existencial es perder el tiempo. Este Congreso sí es el sitio para cultivar la paciencia.

-¿Por qué?

-Todo empieza a destiempos; la gente llega tarde, repite, no se concreta mucho, se discute y no se llega a nada. Pero por algo Dios lo pone a uno en cosas en las que da lecciones, como de paciencia. Esto es parte de lo que estoy aprendiendo y me va a hacer mucho bien. Lo moderaré.

Es muy probable que a Claudia López las usuales 12 horas del día de actividad le sean insuficientes. Sabe aprovechar cada instante y tiene una rigurosa disciplina que hasta la acompaña a la cama. No duerme sin leer algún libro y recién despierta lo primero que busca es informarse bien de lo que pasa en el país y el mundo.

-¿Es psicorrígida?

No lo creo. Pero perfeccionista un poquito. Si las cosas se pueden hacer bien, ¿por qué las tenemos que hacer regular? Para desgracia de la gente que trabaja conmigo tengo esa habilidad de descubrir en 500 páginas el pedacito en la que está el error. Pero soy flexible; soy capaz de entender argumentos de los demás, ponerme en sus zapatos. Psicorrígida no, pero impaciente sí.

Claudia, la traviesa

Desde siempre le han gustado los deportes. Durante su época escolar practicaba cualquier actividad física. Cuando hacía su doctorado jugaba squash y desde diciembre, en vísperas de su campaña, le gusta montar en bicicleta, salir a caminar y pasear a su perro Matías. Dice preocuparle mucho su calidad de vida.

Muy pequeña era una gran jugadora de fútbol. Alguna vez, con unos 7 años de edad y mientras cursaba segundo de primaria, consiguió en un improvisado partido de ‘banquitas’ ganar un ternero.

La ruta del colegio la dejaba lejos de casa; como a 20 cuadras. Vivía entonces en el barrio La Granja, en el occidente de Bogotá. Tenía que caminar un buen trayecto. Estaría sola en horas de la tarde pues su mamá, con quien vivía, llegaba en la noche luego de largas jornadas de trabajo como maestra.

Por entonces Claudia atravesaba la zona que hoy se conoce como el Parque del Tabora (Engativá). Eran potreros aprovechados por los lugareños para hacer pastoreo. Conoció a un amigo de su edad y frecuentaban juegos de banquitas.

“Una vez jugando, él, muy gallito, me dijo que era obvio que me ganaría a mí, una niña. El chico me dijo que apostáramos un ternero y yo creo que le aposté mis libros. Pues le gané y me llevé el ternero para la casa”, recuerda.

La hazaña solo la llenó de orgullo y la calificó como el perfecto regalo del día para su hogar. Donde vivía había un patio y allí dejó su nueva mascota, la alimentó y esperó a su mamá para darle una sorpresa.

“Vaya sorpresa para ella”, añade Claudia. María del Carmen Hernández llegó exhausta del trabajo como a las 7 u 8 de la noche. “Cuando vio el ternero casi se desmaya. Y comenzó una historia en la que cada cosa que se va diciendo, es un poquito peor a la anterior”.

-Mamá, es que me lo gané en una apuesta- explicó Claudia.

-¡Cómo que en una apuesta!- dijo su mamá.

-Sí mami, aposté con un amiguito con el que jugábamos banquitas.

-¡Cómo así que estaba jugando banquitas!

-Pero mami, pues es que fue un ratico en el potrero que atravieso cuando venía para la casa.

-¡Cómo así que atraviesas ese potrero camino a casa, si te he dicho que cojas otra calle menos peligrosa!

Lea también: Angelino Garzón: “Me siento orgulloso de ser hijo de vendedora de plaza de mercado”

A fin de cuentas no le quedó de otra que tomar su botín, acariciarlo por última vez y salir en compañía de su mamá al lugar donde lo había ganado.

“No entendía porqué le parecía tan malo. Al final me explicó que, primero, ese ternero no era del niño; segundo, que a ese pobre pelado lo debieron regañar muy duro. Y tercero, que debía dejar de pasar por ese lugar, que podría ser peligroso. A las 9 de la noche le devolví el ternero y hasta ahí llegó mi espíritu ganadero”.

ClaudiaLopez-3

“Durante mis preguntas, vuelve a revisar su computadora, su celular y no puedo evitar pensar que mientras me responde, en algún punto de su mente multitareas, está construyendo su discurso ante el Senado”

Su mamá es uno de los seres que más admira. Fue su mayor compañía durante la niñez y aún le sirve de consejo y apoyo. Las dos enfrentaron el momento más duro de sus vidas.

En ese entonces Claudia tenía cuatro años. Su hermana Marta, un año menor que ella, cayó mientras jugaba y perdió la vida.

“Tengo perfectamente claro todo en mi memoria hasta el momento en el que Martica se accidentó. Puede ser por causa del shock, pero nunca en mi vida he vuelto a recordar lo que sucedió los siguientes dos años. De nada me acuerdo. Mi mamá me dice que me enfermé constantemente, como somatizando mucho la pérdida. Tengo un recuerdo muy vivo de ella hasta que murió, y en particular ese día en que murió”.

Acaso una inocente y natural defensa la entregó a una amnesia temporal para evitar que, el resto de su vida, la acompañaran las imágenes oscuras de la tormentosa desolación que en cualquiera causa la muerte de un ser querido.

El abrupto azar la convirtió en hija única. “Mi siguiente hermanito nació cuando yo tenía 11 años, o sea, pasé mi niñez sola; con toda la atención, muy protegida, pero sola. Cuando nacieron mis otros hermanos tuve clarísimo que la felicidad de mi vida son ellos, porque la hacen mucho más feliz, divertida y grata”

Claudia, la juiciosa

En su temprana adolescencia, Claudia tuvo un tiempo de malos resultados en sus estudios, lo que obligó a sus padres a inscribirla en un internado de monjas llamado Nuestra Señora del Rosario, en Funza (Cundinamarca).

-¿Estudiar con monjas le motivó alguna rebeldía, frente a la religión por ejemplo?

-Todo lo contrario. No tengo una vida religiosa profunda, pero me gusta tener una vida espiritual grata. En el internado adquirí disciplina y orden. Aprendí a manejar el tiempo, que es clave en mi vida.

-¿Entonces le gustó la experiencia?

-En su momento me pareció duro el ingreso. Entré para hacer cuarto de bachillerato, y al año mis papás -que son dóciles- me dijeron que ya había tenido una lección y podía volver a un colegio normal. No quise. Estaba acostumbrada a ese lugar. Terminé mi bachillerato allí. Entré regañada y me quedé por gusto.

-De niña, ¿qué le interesaba ser cuando grande?

-En esa época en el colegio no tenía nada claro. Ya al final del bachillerato lo que quería estudiar era medicina. Era mi ambición. Para mi familia era imposible pagar esa carrera, que costaba una fortuna. Y nunca pasé a la Universidad Nacional; siempre estuve muy cerquita pero no pasé. Como no pasaba me fui a estudiar Biología a la Distrital.

-¿Cuánto estudió de Biología?

-Siempre alcancé a estudiar la mitad de la carrera, mientras veía si pasaba medicina a la Nacional. Cuando ya vi que no pasé, me preguntaba ¿qué podía estudiar?

-¿Por qué no terminó esa carrera?

-No pude. Si ya me tocaba decidir qué quería estudiar, eso no era necesariamente lo que quería. Y no pensaba que me debía quedar ahí porque tocaba. Tenía claro que Derecho no quería estudiar; me parece una ciencia de estudio maravillosa pero una profesión muy dura. Y encontré Gobierno y Relaciones Internacionales; me pareció chévere. Me enfoqué  en la administración pública. En esa época la única facultad y la mejor era la Universidad Externado de Colombia.

-La pagó con Icetex ¿se considera una víctima de ese sistema?

-No, lo contrario. Tengo toda la gratitud con el Icetex. Sin el crédito nunca hubiera podido estudiar, mucho menos en el Externado.

-¿Qué opina de Icetex hoy? ¿Considera justas las críticas que se le hacen por parte de estudiantes afectados?

-Los jóvenes y la MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil) tenían razón. Prestar para educación no tiene porqué ser un negocio para el Estado. Es absurdo que el Estado preste a tasas más caras de lo que prestaría un banco privado. Y después de muchas batallas de los estudiantes, Icetex tiene un interés real de cero.

Claudia cuenta con orgullo que debió ‘rebuscarse’ el trabajo durante sus primeros años de estudio profesional para ayudarles a sus padres en tan difícil proeza para un colombiano común. Trabajó como mesera, mecánica, operaria en prácticas y hasta de payaso.

 -¿Cómo consiguió trabajar como payaso?

-Conseguí empleo en una empresa de recreación, y me parecía el perfecto trabajo para un estudiante. Era los fines de semana pagaban relativamente bien, era un trabajo divertido y además me cuadraba bien el horario.

-¿Qué tipo de show hacía?

-Me tocaba de payaso, titiritera, recreacionista… me gustaba, pero a mitad de la carrera ya conseguí trabajos en centros de investigación de la universidad, en temas relacionados con mi carrera. Y ya que me preguntó por Icetex, cuando me gradué tenía buen empleo; fui afortunada y pagué el crédito de estudios en la mitad del plazo que me daban.

Lea también: “Soy una mujer muy cursi, muy romántica”: Paloma Valencia

En su casa la política era tema del día a día, cuando la pasaba con su mamá (con quien vivía), o cuando estaba con su papá, don Reyes Elías, un hombre al que describe como “un gordito maravilloso, un tipo hecho a pulso, todo un ‘berraco’”.

Las discusiones en casa se quedaban en debates de ideas, en críticas y en visiones de lo que sería mejor en algún gobierno. Jamás pensó que llegaría al poder.

Claudia, la política

La historia de Claudia López ha estado atravesada por circunstancias, decisiones y caminos tan azarosos que, probablemente, jamás hubiera creído a quien le dijera que sería la política más popular del país.

Al terminar su universidad ya estaba vinculada con la campaña de Enrique Peñalosa a la alcaldía de Bogotá, y sus posteriores trabajos académicos, periodísticos y sociales, la llevaron por la pasada década a los principales titulares de prensa nacional.

-¿Cree en el destino?

-No sé. La verdad no mucho. No creo que uno esté predestinado a nada. Lo contrario; creo que uno hace su camino. En sus propias circunstancias. No todos nacemos con las mismas oportunidades.  Hay cosas que pasan por chance y suerte, y eso marca tus oportunidades en la vida. Y otras cosas suceden por elección, porque elegiste estudiar esto y no esto otro. Pienso que no hubiera sido ni la mitad de buen médico de lo buena que soy en las ciencias sociales.

ClaudiaLopez-4

” No creo que uno esté predestinado a nada. Lo contrario; creo que uno hace su camino. En sus propias circunstancias”

-¿Cuál ha sido su mayor decepción en la política?

-Muchas, y dolorosas. Tenía muchos amigos cercanos en la Unión Patriótica, y pues yo era adolescente cuando vi un genocidio al frente mío (…) Desde chiquita me interesó la política; era un debate constante en mi familia. Llegué con mucha ilusión a votar el primer día que pude votar para estrenar la cédula. Cuando llegué a estrenarla ninguno de los tres candidatos por los que hubiera querido votar estaban vivos. Fue un gran choque. Después yo estaba en la campaña con Peñalosa cuando nos derrotó Mockus y fue muy doloroso.

-Esa sería su primera derrota…

-Peñalosa era el renovador de la política; un joven, chévere, profesional, querido, que se había peleado con los manzanillos del Partido Liberal. Pero apareció Mockus que era más raro, excéntrico y distinto, que nosotros pasamos a ser como los politiqueros tradicionales en un segundo.

-¿Y los triunfos?

-De los más emocionantes de mi vida ha sido el día que se promulgó la Constitución del 91, porque había trabajado mucho desde la Marcha del Silencio. Después, ganar las elecciones con Enrique fue increíble; ganar y trabajar con él. Y por supuesto ganar estas elecciones al Senado.

-¿Se esperaba este apoyo?

Confiaba en ganar. Uno no hace una campaña para perder. Pero toda mi campaña y la planeación era para ver si lográbamos ser los quintos en la lista. Nunca en la vida se me ocurrió que iba a ser la primera ni tener semejante votación. El día que pasó fue como ver un milagro en vivo y en directo. Y era mi cumpleaños: ¡Vaya, qué regalazo!

-¿Qué consejo le daría a Peñalosa, si él le preguntara por qué no le ha ido tan bien en la política?

-Lo quiero mucho, pero tengo una frase que describe bien esa paradoja: Enrique es muchísimo mejor ser humano de lo que aparenta (tiene fama de arrogante y creído, pero no lo es), y mucho menos buen político de lo que se cree (se cree muy estratega, mucho más crack, y no es así). Creo que le ha faltado perdurar; ha sido perseverante porque irse a 8 candidaturas y perder, significa aguantar. Pero digo que debería perdurar en un solo tipo de proyecto. Ha sido errático y le ha costado durísimo.

-¿Cree que se lanzará a la alcaldía de Bogotá el próximo año?

-No creo.

ClaudiaLopez-2

“Nunca en la vida se me ocurrió que iba a ser la primera ni tener semejante votación. El día que pasó fue como ver un milagro”, dice sobre su victoria en las pasadas elecciones al Senado.

Claudia, la verdadera Claudia

Muchos dicen que un buen plan sería sentarse a tomar un café con Claudia López y hablar de política, con música suave de fondo y buen oído para escuchar un discurso envidiable. De cualquier tema puede armar debate. De paz, sobre todo, tiene criterios muy ponderados, en los que gusta debatir.

-Las Farc quieren que Uribe vaya a la cárcel. Uribe quiere que los cabecillas de las Farc vayan a la cárcel. ¿Cuál es su punto medio para conciliar?

-Que ambos vayan a la justicia transicional. Que ambos vayan a la comisión de la verdad.

Lea también: El secreto del punto débil de Álvaro Uribe: las redes sociales

Es solo un ejemplo de sus ideas, lejos de las posiciones radicales que algunas veces le indilgan.

Fue la promotora que destapó la ‘parapolítica’ y aún cree que faltan varios implicados en ser llevados ante la justicia. Sus denuncias la han obligado a exiliarse, huyendo de feroces amenazas.

-¿Qué le dicen sus papás que la ven ahora en la política?

-Tienen una combinación de admiración y respeto, pero también de preocupación. Es un trabajo difícil.

Por tanto, trata de evitar que los maleantes consigan su principal objetivo: hacerle pedacitos su vida, entre zozobras y angustias.

-¿Cómo es su vida espiritual?

-Es aprender a tener paz con uno mismo y los demás. No es religión. Aunque tengo formación católica y es mi tradición, no la ejerzo realmente.

-¿Orando o meditando?

-No. Reflexionando.

-¿Cuándo comenzó esa moda y estilo de las pañoletas y corbatas?

-Las descubrí hace mucho tiempo viviendo en Nueva York mientras hacía mi maestría, casualmente, y las volví una prenda que me encanta. Tengo muchas, no sé cuantas, más de diez.

-¿Qué siente cuando escucha su parodia en La Luciérnaga de Caracol y dicen ‘Pongo en el Ojo del Huracán’?

-Un oso increíble. No sé por qué. Nunca me han pedido una opinión para armar ese personaje. Pero la imitadora, Alexandra, lo hace increíble. No tengo queja. Es una caricatura muy bien hecha. Me río cuando lo escucho, mientras me pasa el oso.

-¿Cuál de los otros personajes le gusta más?

-Son tan buenos todos. Pachito (Francisco Santos) es increíble; uno no sabe con quién se ríe más, si con el Pachito de la Luciérnaga, o con el de verdad.

-¿Qué no hace falta en su mesita de noche?

-Una lámpara para poder leer, y muchos libros.

ClaudiaLopez-1

“Me río cuando escucho la parodia que me hacen en La Luciérnaga, mientras me pasa el oso”

-¿Y qué música le fascina?

-Me encanta toda la música, y bailarla.

-¿Qué baila?

-Bailo lo que sea. De todo. Me gusta bailar el ‘ras-tas-tas’ y el reguetón me parece lo máximo.

-¿Si pudiera tomar un café con Álvaro Uribe, de qué hablarían que no sea de política?

-No sería a tomar café. Me iría en una avioneta para que él me explique lo que sabe de geografía.  Es muy impresionante. Vi a Uribe en su avión presidencial describir el recorrido entre Bogotá y Sucre. Río por río, pueblo por pueblo. Una cosa muy descrestante.

-¿Su perro Matías qué significa para usted?

-¡Ay cosita linda! Adoro a ese perrito. Los perros que he tenido son una compañía grata. Me dan mucho a cambio de nada. Solo piden quererlos y darles comida. Ellos a uno le dan felicidad, enseñanzas, calidad de vida, goce del tiempo libre, compañía.

-Algo de su vida que le cambió su ingreso al Congreso

-Que cada vez veo menos a Matías.

– ¿Y su victoria contra el cáncer de seno?…

-No soy sobreviviente del cáncer, tampoco. Todo salió bien por la disciplina. Si tú eres mujer tienes que hacerte dos chequeos al año, no es chiste, es que toca. Esa es la manera de prevenir. En eso también soy juiciosa. Me hice mis chequeos, me descubrieron el cáncer, por fortuna estaba incipiente y lo curaron.  Hay que tener cuidados en la rutina, y ya que me preguntó qué debo tener siempre en mi mesita de noche, pues debo tomar permanentemente tamoxifeno.

Twitter: @david_baracaldo