“Si La U no defiende la paz nos escindiremos”: Roy Barreras

20 de diciembre del 2018

El alfil del santismo advirtió que puede haber ruptura el próximo año.

“Si La U no defiende la paz nos escindiremos”: Roy Barreras

FOTO: Andrés Lozano

Entre 2010 y 2018, Roy Barreras fue para algunos sectores un “Maquiavelo” al servicio de las Farc, y en cambio para otros un alfil de la paz, una ficha contundente al servicio de los intereses del país en el Legislativo. Su astuta estrategia política es tal que, una vez hubo cambio de gobierno y la que fue en su momento una enconada oposición contra las políticas que defendió como congresista, hoy preside el Ejecutivo con la paradoja de que, su propio partido, La U, se declaró aliada de sus rivales políticos. Siempre parece quedar en el filo de las negociaciones, como tendiendo puentes entre los abismos ideológicos como bien lo hizo en La Habana.

Siempre presente, por ende, en los últimos años de la política nacional, odiado por muchos, apoyado por tantos otros, pero nunca ajeno a los entresijos de la política nacional. El médico y senador dialogó con KienyKe.com durante las sesiones extraordinarias de la legislatura. Habló sobre su trayectoria, sobre el legado de Juan Manuel Santos, y llegó a anticipar que si el Partido de La U no defiende la paz con las Farc, él y otros 16 congresistas se separarán del grupo político.

– Orígenes y trayectoria: La paz como redención

¿Cuál fue su primer contacto con la política?

“Es historia de la juventud. Yo ejercí medicina durante 25 años y he estado en el Congreso por los últimos 12. He dicho que me pasó lo que le pasó a Gregor Samsa en La Metamorfosis de Kafka, que un día terminó convertido en un terrible insecto. Yo era un médico feliz y de pronto amanecí convertido en congresista, lo que es más o menos pasar del anonimato al desprestigio. Pero si uno quiere que el país mejore, y el oficio mío fue primero salvar vidas, hay que intentar salvar vidas de la guerra y por eso me dediqué a temas de paz”.

¿Usted entonces empezó como médico’

“No, yo empecé como taxista en Bogotá. Nací en la capital como hijo y nieto de campesinos de orígen liberal, del Cauca. A mi abuelo lo mataron en 1949, un año después de la muerte de Gaitán, en esa violencia liberal-conservadora. Y a mi madre, una niña de 9 años, la montaron en una chiva, la mandaron a Bogotá a buscar un pariente donde sobrevivir y aquí se crió. Aquí tuvo su hijo y me levantó sola. Yo soy además orgulloso hijo de madre soltera. Mi madre fue la heroína de mi vida, me acompañó hasta los 88 añitos. Se me fue hace tres meses.

Y estando en Bogotá trabajé en muchas cosas. Yo fui panadero, vendedor, taxista, y me pagué mi carrera como médico en la Universidad Nacional. Y ejercí 25 años la medicina en Cali, porque conocí siendo médico a mi padre, que era anestesiólogo, trabajé con él. Y hasta el año 2006 estuve ejerciendo la medicina hasta que volví a Bogotá, en unas elecciones en las que me metieron de relleno en una lista y terminé representante a la Cámara, y esto le chupa a uno la vida”.

El año 2006 es el apogeo de la administración Uribe. Usted entra al oficialismo, ¿no?

“Yo voté en contra de Uribe en el 2002, voté por Noemí Sanín. Para mí era muy difícil votar por Serpa porque aunque yo era un político activo, este venía del Proceso 8.000. En el 2003 hubo una reforma política en la cual se inventaron la cifra repartidora. Entonces a los que siempre nos metían de relleno en las listas, y que nunca salíamos elegidos, terminamos en la Cámara, que para mí es hoy una dedicación de tiempo completo”.

¿Cuál es su mecenas político?

“Yo nunca tuve quién me patrocinara, nunca tuve ni un jefe político ni un mecenas. Nadie me abrió el camino. Yo no heredé ni fortuna ni capital ni clanes políticos. Eso fue hecho a pulso, de abajo hacia arriba, y con mi propio esfuerzo. Solo reconozco un liderazgo, que es el del presidente Santos, premio Nobel de Paz. Pero vine a conocerlo ya ahora, durante esta etapa”.

Si no fue a Santos, ¿en el 2006 a quién conoció?

“En el 2006, cuando entré a la Cámara, llegué al partido que habíamos fundado en las juventudes del Nuevo Liberalismo que era Cambio Radical. Pero encontré que al frente de ese partido estaba (Germán) Vargas Lleras, a quien yo no conocía. No nos caímos bien, tenemos diferencias ideológicas desde ese momento, yo las expresé y me expulsó del partido. Al ser expulsado del partido que yo ayudé a fundar, me recogió alguien que había tenido conmigo un ejercicio intelectual a propósito de la legalización de las drogas, que era Luis Carlos Restrepo, justamente el autor de La Fruta Prohibida. Era el presidente del Partido de La U, me llamó, me invitó y terminé en La U. Allí fue que conocí a Juan Manuel Santos.

Después Luis Carlos Restrepo renegó de su teoría y se pasó para el otro lado, al prohibicionismo. Yo me quedé en la tesis de la legalización”.

FOTO: Andrés Felipe Lozano

La era Santos y la defensa de su legado

Respecto a la administración pasada, y más allá de la paz con Farc, ¿cuál cree que es el legado de Santos? ¿O la paz es un tema indivisible de su legado?

“Le agradezco la pregunta porque da al corazón del asunto. Lo que significó el legado de Santos va mucho más allá de la paz. Es un asunto de respeto a las libertades civiles, de derechos humanos, de respeto por el diálogo y la concertación. Nosotros sufrimos una oposición ciega del uribismo, que hizo todo lo posible por bloquear ese gobierno. Incluso con las mejores iniciativas, como la paz. Pero ese talante de respeto a las libertades y los derechos estoy seguro que Colombia hoy lo reconoce y en poco tiempo lo va a extrañar”.

Ahora el Partido de La U se declaró de Gobierno. ¿Cómo explica esa contradicción de haber sufrido durante Santos una oposición tan fuerte y ahora unirse al Centro Democrático en el oficialismo?

“Es inexplicable. Fue una decisión absurda que, como todos saben, yo rechacé tajantemente en su momento. No tenía ningún sentido que después de que La U hubiera sido el partido de la paz, al otro día diera una voltereta y se convirtiera en un aliado del Centro Democrático, que había sido el gran opositor a la paz. Y además con un gobiernismo incondicional, que no significaba ningún acuerdo para garantizar el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, y garantizar lo que hoy sigo exigiendo: que es descongelar los diálogos con el ELN y crear las curules de las víctimas, dos cosas que aún no hemos logrado y que nos separan.

Por eso en La U hay dos vertientes: esa que es mayoritaria de 25 congresistas, y otra de 16 que nos declaramos en independencia”.

Se habla mucho actualmente de un incumplimiento del Estado con las Farc en el proceso de reincorporación. ¿Está amenazada la paz con esa guerrilla?

“La paz siempre ha estado amenazada por quienes viven de la guerra. Hay un discurso ambiguo que no acabamos de descifrar frente al tema de paz, por parte del Gobierno y del partido de Gobierno. Mientras el presidente Duque ha defendido la implementación ante distintas instancias internacionales, el uribismo ha presentado una serie de iniciativas que quieren hacer trizas el Acuerdo. Empezando por el engendro de la JEP militar, al que nos opusimos y hundimos, y luego el adefesio de convertir la Ley de Orden Público en una disculpa para dictar órdenes de captura contra todos los que se habían desmovilizado, y también la hundimos.

Y no ha sido el único intento de hacer trizas la paz. En su discurso, la Alta Consejería para la Paz ya ni siquiera se llama así, se llama de la Legalidad, o de la Seguridad, y eso implica que en sectores radicales del uribismo siguen pensando que la mejor estrategia es resucitar al enemigo. Yo he advertido y aprovecho esta entrevista con KienyKe.com para dar esta señal de alarma. Si los sectores radicales se imponen en el ejercicio del Gobierno, su estrategia será abandonar el proceso de paz en su implementación para estimular disidencias, abandonar la mesa con el ELN para que esa guerrilla no tenga alternativa distinta que la guerra, y empiecen a reclutar disidentes para que así resucite el enemigo. Con ese discurso justificarían la guerra y devolverían a Colombia al escenario que padecimos durante 50 años. Ese riesgo y el de encontrar otro enemigo en el dictador Maduro para propiciar un conflicto internacional y meternos en el escenario de la guerra, hoy es real.

Yo confío en que el presidente Duque, que ha sido a lo largo de su vida un demócrata, no caiga en esas presiones del uribismo radical, y al contrario, como ha demostrado hasta ahora, concrete un pacto de unidad nacional alrededor de la garantía de la paz, para que se dedique a gobernar sobre otros asuntos y pase de una vez la página del proceso. Este está funcionando y no puede ser que el Gobierno se dedique a destruirlo para entregar el país en las condiciones que vivimos medio siglo”.

¿Por eso usted sigue en La U? ¿Cree que Duque es fidedigno en su discurso y en su intención de reconciliar al país?

“No, eso no tiene que ver con la militancia en La U. La militancia en La U es una realidad digamos constitucional, y hay una división interna que tiene dos soluciones posibles: o el partido asume claramente la defensa de la paz y desde una perspectiva unida hacemos al arrancar el próximo año un acuerdo con el presidente Duque que garantice la paz, o nosotros preferimos hacer una escisión, y nuestro sector independiente abrirá en ese caso un camino distinto que garantice la defensa de la paz y del legado del presidente Santos”.

“Iván Márquez”, de quien se pensó era alguno de los principales gestores de la paz dentro de las Farc, hoy está en el monte junto a otros excomandantes. ¿Está esa parte de la desmovilizada guerrilla incumpliendo? ¿Y tiene alguna legitimidad el reclamo respecto a que se les está incumpliendo en la reincorporación?

“Lo primero que tengo que decir es que es un error político enorme de Márquez. Él firmó como jefe de la Delegación ese Acuerdo, así como lo firmé yo como negociador plenipotenciario del Gobierno. Eso implica un compromiso con la paz que él no puede abandonar. Pero también debo decir que uno de los elementos que más daño le ha hecho al proceso es la amenaza de la extradición que se concretó con Santrich, porque significó una inseguridad jurídica enorme.

No es posible hacer un Acuerdo de Paz con la guerrilla más grande y antigua de América Latina, permitir que la gente cumpla desarmándose y sometiéndose a la Constitución, para después decirles que se va a traicionar el pacto y llevarlos a la cárcel. Eso se llama perfidia. Y ese elemento de inseguridad jurídica sin duda ha gravitado sobre la decisión que tomaron para alejarse del proceso. Nosotros hemos insistido y aprovecho este diálogo con para insistirle no solo a Márquez sino a Romaña, y a los que están hoy en la clandestinidad pero aún no han roto con el proceso, para que se incorporen de nuevo no solo a la JEP sino con su partido político, y asuman su responsabilidad histórica de construir la paz con todos nosotros”.

– La administración Duque y la actualidad

Justamente una de las banderas del discurso del presidente Iván Duque es la reconciliación del país. Un país que por lo demás está adentrándose cada vez más en la polarización. ¿Cómo lograrlo? ¿Qué le diría usted?

“El presidente Duque tiene una gran oportunidad alrededor de su Plan Nacional de Desarrollo. Si ese pacto nacional es un pacto por la unidad y por la garantía de una paz estable y duradera. Esa es la única manera para que construya una coalición demoliberal, de verdadero centro, sin extremos, no polarizante. Cualquier otra dinámica política que nos lleve a los extremos no es buena para Colombia, porque todos los extremos terminan en autocracias y violación de derechos civiles. Duque puede hacer eso: un pacto por la unidad. Espero que el próximo año sea recibido con ese mensaje y ese propósito”.

Para tener mayor influencia o éxito con sus proyectos de ley, ¿qué le recomendaría a Ejecutivo con el Congreso?

“En ninguna parte del mundo funciona un Gobierno sin coalición de gobierno. Ese es un error enorme, estratégico. Confundieron la metáfora satírica de la mermelada con la gobernabilidad. Esas son dos cosas muy distintas. Gobernar sin parlamento no funciona desde hace cinco siglos en Inglaterra, donde se creó el parlamentarismo. Se necesita una coalición de gobierno alrededor de unas políticas públicas.

Y para nosotros en La U, esas pasan por la garantía de la implementación de la paz, el descongelamiento de los diálogos con el ELN, las garantías de las 16 curules para las víctimas, de los derechos civiles, la priorización real de la educación. El enemigo real a derrotar debe ser la pobreza, y no otros que quieren graduar de enemigos, solo así vamos a lograr un pacto de unidad”.

¿A qué cree se debe la baja popularidad del presidente Duque?

“Yo creo que se debe a que hay una sombra que gravita sobre el presidente Duque, que es la del expresidente Uribe. Con esa sombra el país no ha podido a ver a Duque como mandatario porque Uribe aparece como un gran intermediario, que además significa lo que significó durante los años de la Seguridad Democrática. Es decir, Uribe no es quien puede garantizar un pacto de unidad. Quizá Duque pueda hacerlo si toma esa decisión, porque si no lo hace la polarización se va a recrudecer y la paz puede correr el riesgo de que por abandono se deterioren sus bases”.

¿Debe renunciar el fiscal Néstor Humberto Martínez por sus señalados conflictos de intereses en el caso Odebrecht?

“Yo lo que creo es que hay que exigirle al fiscal ad hoc que cumpla con su deber y que haga sus investigaciones con total imparcialidad, porque me parece que ese remedio podría resultar peor que la enfermedad. Las instituciones están por encima de las personas, y aunque ha habido manejos equivocados y conflictos de intereses evidentes, lo cierto es que por primera vez hay la oportunidad de que haya un fiscal ad hoc que investigue al grupo más poderoso de Colombia, que es además el dueño de los bancos, de los medios de comunicación y ahora de la construcción. Y por supuesto toda concentración termina siendo perversa, sobre todo si esta se sirve de su influencia en los gobiernos”.

FOTO: Andrés Lozano

En otros países la justicia parece avanzar mucho más respecto a Odebrecht y los políticos o empresas locales aliadas en los sobornos a dicha constructora. ¿Por qué aquí no?

“Los colombianos solo conocemos del proceso lo que los medios de comunicación han informado. Pero hay una diferencia clara, en todos esos países los presidentes recibieron directamente presiones y sobornos de la multinacional del soborno, Odebrecht. Aquí en Colombia, como fue evidente, nunca tuvieron acceso al gobierno Santos, y probablemente haya habido intermediarios que se lucraron de esa manipulación. Eso lo definirá la justicia”.

Se dice que el Partido de La U salvó la Reforma Política. ¿Es así y por qué?

“Así es. El viernes la daban por muerta. Nosotros hemos insistido en que no puede continuar el país con un sistema clientelista perverso, corrupto en su origen, porque el sistema de lista abierta en Colombia es un sistema de compra y venta de votos, de infiltración mafiosa en las campañas, de financiación corrupta, de microempresas electorales, de una lucha caníbal al interior de las listas donde el compañero de la lista es el que hay que destruir, lo que acaba con cualquier coherencia ideológica de los partidos. Ese sistema perverso tiene que terminar arrancando el clientelismo de raíz.

Eso se hace con listas cerradas, democracia interna de los partidos, paridad de género para hacer justicia con las mujeres de Colombia, una financiación estatal completa y una autoridad electoral creíble. Esa reforma no es la que ayer se aprobó, pero va a mitad de camino porque hay una segunda vuelta en la que esperamos que sea seria. Si no es seria y no tiene lista cerrada, no servirá para nada”.

– Debates a futuro

“Por otra parte, se aprobaron dos normas más: una que propone la segunda vuelta electoral para la ciudad de Bogotá, y otra que tiene que ver con la no conexidad del narcotráfico. Sobre la primera me opuse. Cambiar las reglas de juego exclusivamente para Bogotá no es en bien de la Constitución sino con el interés en la próxima elección por parte de sectores de la derecha, que ven perdida la Alcaldía en manos de sectores alternativos. Es una norma antidemocrática que no puede aplicarse en 2019.

Y sobre la segunda quiero hacer una claridad, nosotros votamos positivamente la no conexidad del narcotráfico con grupos armados ilegales, con la exigencia absoluta de que no afecte el proceso de paz, y que no impida el descongelamiento de la mesa del ELN. Es decir, que no sea retroactiva. En esas condiciones ese proyecto puede avanzar.

Frente a la reforma tributaria, se cayó ya lo que denunciamos y rechazamos, que era el IVA a la canasta familiar, y ahora ha quedado media reforma que tiene dificultades de estabilidad en el mediano plazo. Resolverá el déficit real, que no era más de 6 billones de pesos (el déficit de 21 billones era inventado y fantasioso), pero va a generar a partir del año 2021 un desbalance de las finanzas por cuenta de las exenciones exageradas para muchos sectores privilegiados de la economía. Eso va a obligar al Gobierno a presentar una segunda reforma tributaria a más tardar en 2020”.

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