Tranquilos, ganar el supermartes no significa tener la Casa Blanca

Tranquilos, ganar el supermartes no significa tener la Casa Blanca

1 de marzo del 2016

Este martes 1 de marzo se desarrolla la mayor jornada electoral en la carrera hacia la candidatura para la presidencia de Estados Unidos: el Supermartes. En este día, los grandes favoritos, Donald Trump por el partido Republicano, y Hillary Clinton por el partido Demócrata, esperan hacerse su lugar frente a las elecciones que se llevarán a cabo en noviembre.

En el Supermartes se desarrollan simultáneamente elecciones en más estados que cualquier otro día, por lo tanto su importancia es considerable. Sin embargo, pese al mito que se ha creado alrededor de esta fecha, el ganador del Supermartes no siempre termina bien al finalizar las elecciones.

La creencia según la cual el triunfador en el Supermartes ganaría también su puesto en la Casa Blanca empezó cuando en 1992 un candidato demócrata, prácticamente desconocido, terminó ganando en la gran fecha. Se trataba de Bill Clinton, entonces gobernador de Arkansas, quien había tenido pésimos resultados en las primarias de Iowa y New Hampshire. La sorpresa sería mayor cuando venció también al entonces presidente George H. W. Bush.

Pero el triunfo en esta fecha no siempre ha sido sinónimo de éxito en noviembre. Tal es el caso de las elecciones de 1988, cuando los demócratas buscaban volver a la presidencia luego de ocho años. Los candidatos que luchaban por la candidatura eran Al Gore y Jesse Jackson. Se esperaba que en el Supermartes se definiera el ganador.

Contra todo pronóstico Jackson y Gore terminaron muy parejos y la expectativa por saber quién se enfrentaría a Bush padre podía olerse en el aire. Lo más extraño de esas elecciones es que ni Gore ni Jackson terminaron como candidatos demócratas: el elegido fue Michael Dukakis, que aprovechó la confusión para hacerse con la nominación.

No hace falta ir demasiado lejos para darse cuenta que el Supermartes históricamente ha generado más dudas que certezas.

Las elecciones de 2008 tenían un gran atractivo en el partido demócrata: Sus dos principales candidatos podrían llegar a ser la primera mujer presidenta de EE.UU o la primera persona de color en sentarse en la Oficina Oval.

Hillary Clinton partía como la gran favorita frente a un desconocido senador de Illinois de nombre Barack Obama. El Supermartes de ese año, el más grande de la historia, donde más de 20 estados votaban, era la oportunidad de Clinton de ser la candidata demócrata que llegaría a las elecciones en noviembre. Sin embargo los resultados una vez más fueron confusos.

Obama ganó 847 delegados, y Clinton 834. Pero Clinton obtuvo muchos más votos que Obama. Finalizada la jornada, el Supermartes no había definido nada y mantenía las posibilidades para ambos precandidatos. Finalmente el ganador fue Obama.

Quien llega al supermartes como favorito no siempre lo gana, como Hillary en 2008, quien compite sin posibilidades puede ganarlo, como Bill Clinton en 1992, y cuando dos favoritos quedan empatados, un tercero puede sacar provecho.

Lo único claro de este Supermartes es que Clinton y Donald Trump llegan mejor posicionados, el resto está por verse.