Tensión diplomática entre Turquía y Europa

Tensión diplomática entre Turquía y Europa

14 de marzo del 2017

En los últimos días, la tensión diplomática entre Turquía y la Unión Europea ha crecido, por culpa de las declaraciones del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, quien dijo, refiriéndose a Holanda, que “pagará un precio elevado”.

El malestar del mandatario se debe a que se canceló un mitin político que tendría lugar el sábado en Rotterdan, al que asistiría Mevlut Cavasoglu, primer ministro turco, y que tendría como objetivo hacer campaña para el referendo que el país asiático realizará en abril, y que buscará ampliar los poderes presidenciales. Cavasaglu no pudo ni aterrizar en territorio danés. Lo propio hicieron Alemania, Austria y Suiza, que aduciendo “razones de seguridad”, también evitaron la llegada del diplomático turco. Además calificó de “remanentes de nazis” y “fascistas” al gobierno de Holanda.

La respuesta del gobierno holandés a las agresiones de Erdogan no se hicieron esperar. El primer ministro Mark Rutte, según CNN, que “Este país fue bombardeado durante la II Guerra Mundial por los nazis. Es completamente inaceptable hablar de esa manera”.

Por otro lado, según Spuntnik “las autoridades del país justificaron esta decisión con que era “una amenaza para el orden y la seguridad”. El mandatario turco reaccionó a la decisión tachando al gobierno del país de “remanentes de nazis” y “fascistas” y prometió tomar medidas en respuesta”.

Las tensiones entre la Unión Europea y Turquía no se pueden reducir a este choque. En realidad, los conflictos son de vieja data, y tendrían su origen en la oposición que han mostrado muchos de los países europeos para que Turquía haga parte de la Unión Europea.

Para ello se tienen varios argumentos. Por ejemplo se dice que la mayoría del territorio turco no está dentro del continente europeo sino dentro de Asía. Sin embargo la cuestión más delicada responde a aspectos culturales. A pesar de que Turquía ha tenido un proceso de cambio y modernización, aún las raíces musulmanas son muy fuertes, lo que entraría en serio conflicto con la identidad europea que es, sobretodo, cristiana. Aquí puede verse muy claramente el choque entre oriente y occidente.

Constantemente, y por más de 50 años la Unión Europea ha puesto trabas al ingreso de Turquía, sobre todo por temas de derechos humanos. En 2016, Bert Koenders dijo: “Subrayamos la necesidad de que haya esfuerzos rápidos de reformas, sobre todo en el área del Estado de derecho y derechos fundamentales”.

Más allá del tire y afloje, que hasta ahora ha sido simplemente verbal, detrás de cada una de las partes se esconden intereses políticos más complejos que un simple agarrón diplomático. En Europa se están empezando a gestar movimientos políticos, sobretodo de derecha, que se sostienen en un fuerte discurso contra el islam.

En cuanto a Turquía, el eje de la discusión se centra en los deseos de Erdogan que, también enarbolando un discurso nacionalista, espera, por vía de un referendo, mantenerse en el poder hasta 2029.

Así, las relaciones que se entretejen entre oriente y occidente, como se ve ahora, estarían marcadas por los discursos nacionalistas casi que extremos en los que, más que se acercar, se busca alejar de los que se considera diferente. Lo diferente parece ser sinónimo de peligro. Y tampoco hay atisbos de dialogo.