Jorge Robledo, experto en bahareque, construye su candidatura presidencial

25 de julio del 2016

“Soy del Polo o de izquierda dependiendo de quién me hace más daño en la entrevista”.

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Cuando Robledo habla ante los medios parece un erudito, no parece, lo es. Su casa está tapizada en libros. No es exagerado decir que madruga a leerse todos los periódicos del país, a escribir su comentario diario para la emisora nacional de la cual es analista político y cada quince días, seguir sumando columnas de opinión que solo en el diario La Patria de Manizales, ya superaron las mil trescientas publicaciones.

Las paredes de su casa están adornadas con varias máscaras, (su esposa es artista) sin embargo Robledo dice tener una sola cara, es de izquierda. Desde el año 70, cuando tenía veinte años, empezó a hacer política con el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario (MOIR), el partido con el que saldría elegido Senador por primera vez en 2002. Catorce años después, sigue escuchándose su voz y sus ideas en el Congreso de la República.

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“Cuando llegué a la universidad veía cosas de la política y en la vida social que me molestaban mucho. La pobreza, la corrupción. Hice un paso por las idea del hipismo, de reclamos y de protestas hasta que encontré que lo mío era la lucha política y desde esos días, siendo estudiante, estoy vinculado a esta lucha”, cuenta uno de los baluartes del Polo Democrático Alternativo.

Se nota que ama la política, pero ama más a su esposa Carmen, quien ha sostenido su mano durante 40 años y de la cual solo expresa agradecimiento y admiración: “Ella ha militado conmigo desde el principio. La vida política es muy dura. El que diga que los políticos no trabajamos, no sabe de qué está hablando y una de mis suertes es haber tenido una familia que ha sido comprensiva con mi pasión”, expresa también lleno de orgullo por el camino recorrido al lado de sus dos hijos.

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Conocer la vida de Jorge Robledo es revivir un capítulo de auténtico amor por la patria que marcó la política colombiana.

Una vez se graduó como arquitecto de la Universidad de Los Andes en Bogotá, la dirección nacional del MOIR le propuso a los miembros de la JUPA – Juventud Patriótica- irse a fundar partido a otras ciudades. “Nos dijeron: ‘Los que quieran dedicarle su vida a la lucha por transformar a Colombia, levanten la mano y eso quiere decir que se ponen a disposición de la organización para irse a donde los designen’. Yo levanté la mano, junto a mi esposa, y recién casados nos asignaron Manizales”, narra el senador al describirlo como ‘los descalzos del MOIR’ porque era abandonarlo todo e irse a donde les tocara.

Robledo lo resume como “una bella historia donde un montón de jóvenes, que teníamos el mundo de los negocios y las riquezas, renunciamos a todo eso y nos fuimos a donde nos tocara en pos de la idea de tener un país mejor”.

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Más allá de los ideales de esa época, en algo es muy claro, afirma que “esa era una verdadera izquierda”, que no se proponía acabar con la propiedad privada ni era satélite de la Unión Soviética. No compartían la lucha armada y planteaban que el empresariado colombiano junto a los trabajadores, los campesinos y el pueblo, podrían ser parte de una transformación. “Eramos una izquierda algo extraña”, reconoce entre risas.

La nieve siempre cae sobre las cumbres más altas, Robledo tiene el pelo totalmente blanco. Es curioso ver cómo endurece su tono al hablar de que Colombia es un país “lleno de pobres, subdesarrollado, corrupto, con una élite nada nacionalista, de una concentración de la pobreza pavorosa”, algo que sus ojos han visto durante 66 años y que en nada ha cambiado. Pero esa dureza desaparece cuando habla de Alicia, su nieta, es ahí cuando su mirada se ilumina.

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Alicia lo visita todos los días. Al lado de los cuadros de la casa y los libros sobre arquitectura que ha escrito el senador están los dibujos de ella. Es su orgullo y el motivo por el cual sigue soñando con un país mejor, tanto que está pensando seriamente en postularse como candidato a la Presidencia de la República en 2018.

“En el caso de que yo pudiera terminar de candidato, porque esa probabilidad existe, lo que voy a plantear es la unidad de todos los colombianos. Porque nosotros aparecemos como la izquierda contra todos, pero lo que nosotros proponemos le sirve a todos los colombianos, sean del Polo o no. Cuando defiendo al agro, defiendo a todos los agricultores de Colombia, cuando quiero una buena educación, no es sólo para mi nieta, sino para todos los niños del país”, enfatiza, con la entereza de un hombre que asegura haber decidido trabajar y mantenerse alejado de los shows y los escándalos cotidianos del Congreso.

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Su estilo de vida se relaciona mucho con su discurso. No es contradictorio, su vida privada trascurre en un apartamento modesto que aunque está ubicado en uno de los sitios exclusivos de Bogotá, no tiene mayores lujos.

Cuando se le cuestiona por las ‘ventajas’ económicas que tiene ser una figura reconocida en el país, responde: “Yo no vendo un tamal en un derrumbe. A mí los negocios no me interesan, después de 40 años como servidor público, esto (mi casa) es todo lo que he conseguido con toda mi vida de trabajo”.

Ante el país, Robledo poco se ríe, sin embargo, su equipo de trabajo (compuesto la mayoría por jóvenes) cuenta que el mejor senador de Colombia tiene un sentido del humor único. Él no lo desmiente “yo soy serio con mi trabajo, digo lo que tengo que decir así suene en tono fuerte. Pero con mi equipo me rio hasta de mí mismo y admito que he tenido aciertos y embarradas, como todos”.

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Cuando responde las preguntas, habla mucho con las manos, es natural, Robledo fue profesor de tiempo completo durante 26 años en la Universidad Nacional de Colombia y tiene todas las distinciones que se le pueden otorgar a un docente en esa institución. “Fui un profesor juicioso, que era la manera de ganarme honradamente la vida para poder hacer política que era mi pasión. Yo hacía política por las noches, los fines de semana, en las vacaciones y terminé en todo esto”, afirma acomodándose las gafas que se han convertido en un elemento que identifica de alguna manera su intelecto y experiencia.

Sin duda, Jorge Robledo es radical. Aunque respeta los puntos de vista contrarios, defiende los suyos con argumentos sólidos: “He militado siempre en la oposición. Suelo decir que ninguno que haya ganado la Presidencia de la República ha contado con mi voto, esa deuda no la tengo con la sociedad porque he estado toda mi vida con criterios distintos a los que han ganado y aunque yo sabía que iban a ganar ellos, no estaba de acuerdo”.

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Frente a la gestión del Presidente Santos su postura es clara, algunos pensarían que es recalcitrante pero para su partido es su verdad. “El doctor Santos es propenso al error. Es un desastre de presidente y es un desastre de político, es un personaje que no tiene umbrales, que es capaz de cualquier cosa, y además es un manipulador profesional. A mi juicio, está muy cercano de ser el peor presidente de la historia de Colombia, aún cuando logre firmar la paz, que es en lo único en lo que no se ha equivocado”, afirma.

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Robledo es uno de esos líderes que pelea por las causas que parecen perdidas, que va contra la corriente y que discute por lo que nadie más discutirá. Pasa algo similar con uno de sus más exóticos gustos: es quizá la persona que más sabe de bahareque en Colombia.

En su limitada agenda, el senador describe otro mundo visto desde la arquitectura. Ha escrito varios libros, uno de ellos “su preferido”, fue el resultado de un estudio de casi diez años: ‘La ciudad en la colonización antioqueña: Manizales’ que lo hizo merecedor del Premio Nacional de Arquitectura en Teoría, Historia y Crítica.

A través de la escritura, Robledo encontró una manera de reforzar su trayectoria: “Escribo porque pienso que no es posible construir nada positivo en ningún campo si no es sobre la base de un alto conocimiento”.

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