Venezuela: ¿una salida distinta a la violencia?

7 de julio del 2017

Una guerra civil es poco probable, pero el Estado está cada vez más fragmentado y el panorama no es alentador.

Venezuela

Esta semana el mundo volvió a poner sus ojos en Venezuela. Líderes políticos, organizaciones y organismos elevaron sus llamados al diálogo, a una solución pacífica para la crisis social, política y humanitaria que se ha convertido en un gigantesco monstruo difícil de combatir. Gobierno y oposición no bajan la guardia y los efectos son más latentes con el pasar de los días.

¿Qué podría suceder? ¿Es posible una guerra civil? ¿Qué puede hacer la comunidad internacional? Kienyke.com analiza el panorama.

Los caóticos momentos ocurridos este 5 de julio, durante el asalto a la Asamblea Nacional, le dieron la vuelta al globo en cuestión de horas. Presuntos simpatizantes del Gobierno de Nicolás Maduro ingresaron al recinto a la fuerza durante el día aniversario 206 de la Independencia, dejando heridas a 12 personas, entre ellas a cinco diputados.

Desde el primero de abril pasado, cuando la oposición inició una seguidilla de manifestaciones, un millón de personas han resultado heridas, más de 3.000 detenidas y 91 han muerto en circunstancias que no se esclarecen del todo. El clima de violencia se agudiza, el diálogo parece cada vez más lejano.

“No veo salida para Venezuela que no implique sangre”

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, solicitó convocar una sesión extraordinaria este 7 de julio para abordar los más recientes acontecimientos, sobre los cuales asegura que el Gobierno de Maduro usa “el terror para permanecer en el poder” con el fin de “instaurar la violencia institucional del Estado, en una guerra sucia contra el pueblo incluyendo uno o varios muertos por día, como si se tratase de una nueva normalidad”.

Ronald Rodríguez, investigador del observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, dice que un hecho como el del 5 de julio sucede cuando “un sistema no puede liberar las tensiones y cierra los sistemas de participación para la oposición”, lo que significaría que después del mismo la violencia aumentaría por la radicalización de las partes.

Si bien el presidente Maduro “condenó” el más reciente episodio y aseguró que nunca será “cómplice de ningún acto de violencia”, hay quienes creen lo contrario y observan que no hay voluntad por parte del gobierno de Venezuela.

“No veo salida para Venezuela que no implique sangre, el régimen no cede”, considera la internacionalista Laura Gil.

El asalto a la Asamblea Nacional (AN) ocurrió justo cuando arranca la cuenta regresiva para la Constituyente impulsada por Maduro. De su lado, la oposición convocó a un plebiscito o referendo, con el que busca demostrar que los venezolanos no respaldan al Gobierno. Para entenderlo mejor, pretenden cancelar la Constituyente y devolver la autonomía a la AN; algo viable si se tiene en cuenta el bajo respaldo con el que cuenta el mandatario.

Lo que muestra esto son varios asuntos, el neurálgico quizás es el de los extremos.

“Venezuela está divida en dos Venezuelas”, afirma el investigador Rodríguez al resaltar que ahora lo que se presentaría sería una escalada de violencia mayor, que no necesariamente terminaría en una guerra civil, como lo han planteado algunos analistas. “No obstante, esa es una opción que está en el abanico, mientras seguimos viendo cómo se fragmenta el Estado venezolano”, añade.

Asalto asamblea Venezuela

En este sentido, explica el analista, es válido resaltar que de un lado se encuentra la minoría legítima con poco reconocimiento, pero que también tiene el aparato coercitivo y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. En la otra esquina está el 80% representado por la oposición, entre ellos autoridades a las que se les están quitando el poder como la AN o la fiscal Luisa Ortega.

Venezuela toca fondo, ¿Qué hacer?

Una posibilidad para quienes se oponen a Maduro es la desobediencia civil. “Dejar de pagar impuestos, dejar de reconocerlo como presidente”, explica el investigador del Rosario.

En este punto el internacionalista Miguel Benito dice que la crisis de Venezuela “es, en este punto, de degradación constante, donde los dos lados se sienten en un combate en el que se juega el futuro de la patria”.

Si bien es cierto que los altos niveles de delincuencia común, la percepción de varios sectores de estar en un escenario sin salidas políticas e institucionales y otros factores componen “una mezcla para desescalar las tensiones actuales”, indica Benito, habría una bomba a punto de estallar.

“La crisis de Venezuela ya es bastante preocupante en todos los sentidos: tiene la mayor inflación del mundo, una situación humanitaria terrible, por ejemplo, están reapareciendo enfermedades que habían sido controladas en el siglo pasado. No es un secreto que los venezolanos buscan vacunas en Colombia, pero el Gobierno niega todo esto. Venezuela está tocando fondo”, considera Ronald Rodríguez.

La negociación sería entonces impajaritable, “la fecha límite” es 2019, cuando tome posesión el nuevo mandatario. En este cuadro, los analistas consultados por este medio cuestionan cuál sería el rol de las fuerzas armadas, que han sido un elemento político trascendental y hoy están permeadas por corrupción.

Las salidas no están tan cerca, dicen los internacionalistas. Lo que se necesita, según comenta Laura Gil, es un bloque de la OEA unido que en la actualidad “está quebrado”.

“Se necesita a alguien que pueda sentar a las partes, pero ahora el problema es que la oposición no va arriesgar su capital político”, considera el investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.

En el plano económico, “un milagro” que esperaría el vecino país sería un aumento en los precios del petróleo, lo cual está casi que descartado por los expertos en la materia en el corto plazo.

Para Rodríguez, en definitiva es hora de que el Gobierno empiece a negociar su salida.

“El deterioro ya está, la pregunta es hasta dónde llegará”.

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