Se calienta el termómetro en las Américas

Se calienta el termómetro en las Américas

13 de abril del 2018

En la ciudad de Lima, Perú, reina la tensión. La realización de la VIII Cumbre de las Américas se convirtió en el escenario propicio para que los ciudadanos de toda Latinoamérica llegaran para hacerse escuchar. Unos, venezolanos y cubanos inconformes con que Nicolás Maduro no fuera invitado. Otros, ecuatorianos que reclaman la liberación de periodistas secuestrados por disidencias de las Farc. Algunos más, para pronunciarse sobe el tema central del evento: la corrupción, que ha llegado a todos los rincones del continente.

La cumbre es un evento que nació para reunir a los jefes de estado de todos los países de América cuyo gobierno sea democrático. Un congreso que según algunos analistas es considerado como un ‘termómetro continental’, ya que deja ver las posturas, alianzas y lineamientos cercanos o lejanos de las diferentes naciones participantes. Este año el tema central será la corrupción, un aspecto que ha cobrado gran relevancia, por ejemplo, con el caso Odebrecht que tiene en líos a presidentes y expresidentes de países como Perú, Brasil y Panamá.

Pero son pocos los avances que este tipo de eventos logra. Desde su creación en 1994 por iniciativa de Estados Unidos, se estableció que sería un encuentro de diálogo y diplomacia. Muy pocas veces se han logrado acuerdos o tratados internacionales. En cambio, su carácter simbólico es bastante poderoso, ya que en la cumbre se evidencian las tensiones, alianzas, acercamientos, desacuerdos y diferencias entre los países.

El encuentro entre Barack Obama y Raúl Castro en 2015 es claro ejemplo de esto, al tratarse del primer acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, países enemistados desde hace más de 50 años. Pero la disidencia también se ha manifestado, como en el 2005, en Buenos Aires, Argentina, cuando se registraron multitudinarias protestas por la participación del entonces mandatario norteamericano George W. Bush.

Esta edición de la cumbre cuenta con varios ingredientes especiales: Martín Vizcarra es el jefe de estado anfitrión con solo un mes en el poder luego de la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski; Cuba vuelve a participar a pocos meses de que Castro entregue el poder; las elecciones en Brasil, México y Colombia; por primera vez el presidente de Estados Unidos no asiste, ya que Donald Trump centró su atención en Siria, un problema fuera de la región, y en su remplazó envió al vicepresidente Mike Pence; la pasada semana Brasil estalló en protestas por el caso de corrupción en que está envuelto el expresidente Lula da Silva; y tal vez lo más importante, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no fue invitado y en representación del vecino país se encuentran los líderes opositores Julio Borges, Antonio Ledezma y Delsa Solórzano.

A eso se suma que los familiares de los periodistas ecuatorianos secuestrados por disidencias de las Farc en la frontera con Colombia también llegaron a la capital peruana para intentar ser escuchados, pero horas después se devolvieron a Quito junto a Lenin Moreno, que regresó para atender la situación..

Y mientras todo este coctel se mezcla en la Cumbre de las Américas, de manera paralela en Lima se desarrolla La Cumbre de los Pueblos, una nueva reacción impulsada principalmente por Venezuela en “rechazo al imperialismo, y condenando injerencias, sanciones y bloqueos”.

Durante la jornada de este jueves 12 de abril, en medio de una reunión de representantes civiles de los países, el evento fue cancelado luego de que se registraran protestas y manifestaciones por parte de cubanos y venezolanos que interrumpieron la intervención del Secretario General de la OEA, Luis Almagro:

Para calentar más los ánimos, en Lima apareció una inmensa pancarta publicitaria en contra de Nicolás Maduro y Raúl Castro, provocando fuertes reacciones:

Lo que está pasando alrededor de esta cumbre parece reflejar que efectivamente la Cumbre de las Américas es un termómetro continental. Aunque busca generar una unidad como región, las protestas, inasistencias y amenazas que rodean el evento lo que reflejan es fraccionamiento. Una división latente no solo como continente, sino al interior de los países americanos.