Ojalá no se caliente la Guerra Fría

Ojalá no se caliente la Guerra Fría

27 de marzo del 2018

Putin se está quedando solo. A pesar de que se acerque la fiesta del fútbol, quizás las más concurrida de la historia, el envenenamiento con gas nervioso al doble espía ruso Sergei Skripal y a su hija Yulia, en el Reino Unido, está por cobrársela al Mundial 2018, a Rusia y a su recién reelecto Presidente, que niega que en su país todavía existan este tipo de armas químicas.

Pero nadie se lo cree. No se lo creyó la Primera Ministra británica, Theresa May, quien a mediados de este mes acusó al gobierno ruso de la intoxicación del ex espía y expulsó a 23 de sus diplomáticos de Gran Bretaña. Advirtió que ni los miembros del alto gobierno, ni los príncipes de Inglaterra, asistirán al Mundial y anunció además una reunión con los países aliados -Estados Unidos, Francia y Alemania- para tratar el tema del uso de armas químicas ante la OTAN.

En respuesta, pocos días después Vladimir Putin, hizo lo propio con el mismo número de funcionarios ingleses en Rusia y retiró el consentimiento de su gobierno para abrir un consulado británico en San Petersburgo.

Expulsar diplomáticos es el arma de la cual se valen los países de nuestra era para expresar sus desacuerdos, romper relaciones y mostrar su poder al contrincante. En las redes sociales algunos han empezado a hablar de un regreso Guerra Fría y mientras Skripal y su hija se recuperan en un hospital de Salisbury, en Inglaterra, los organismos de seguridad intentan averiguar de dónde provino el gas que, suponen, salió por el dispositivo del aire acondicionado de su BMW y causó el envenenamiento.

El Kremlin no ha sido claro con la respuesta que empezó por una negativa de que ese tipo de agente hubiera sido creado por Rusia; pasando por una explicación de que sí existió pero fue destruido; hasta llegar a la más inverosímil de todas, y es que fue robado y quizás utilizado por algún otro país.

El mundo demostró el lunes en la tarde que tampoco le cree a Putin. Donald Trump, expulsó 60 funcionarios rusos de Washington, Nueva York y Seattle, donde ordenó el cierre del consulado ruso, alegando que está muy cerca de una base de submarinos y de las oficinas centrales de la Boeing.

Con la misma medida protestaron otros 20 países aliados a Gran Bretaña expresando su acuerdo con la teoría de que Sergei Skripal fue envenenado en represalia por haber colaborado con el servicio secreto británico inglés mientras era coronel del ejército ruso.

Putin no se ha pronunciado aun de manera oficial pero, Sergei Lavrov, el ministro de relaciones exteriores reaccionó la mañana del miércoles calificando de chantaje colosal la medida tomada por Estados Unidos. “Cuando nos piden que salgan de algún país uno o dos de nuestros diplomáticos, mientras nos susurran disculpas al oído, sabemos a ciencia cierta que es el resultado de una presión colosal, un chantaje colosal, que ahora lamentablemente es el principal instrumento de Washington en la arena internacional”.

Mientras tanto, los hinchas del fútbol rezan para que las tensiones políticas no permeen el mundo deportivo, puesto que faltan menos de tres meses para el campeonato más importante del planeta, y aunque ningún equipo ha cancelado su participación, ahora Islandia le ha hecho eco a la decisión del Reino Unido de prohibir a los miembros de su gobierno la asistencia a los partidos del Mundial. Y pueden unirse otros países.

Los demás también rezan… pero para que no se caliente la guerra fría.