Escobar: 25 años de una herencia nefasta

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Escobar: 25 años de una herencia nefasta

2 de diciembre del 2018

Con Colombia aún sumida en narcotráfico, con sus instituciones permeadas por el mismo, y el escenario de una salida a este problema más que lejano, se cumplen 25 años de la muerte de Pablo Escobar Gaviria, abatido por las autoridades  el 2 de diciembre de 1993. 

En el tejado de una casa del barrio Velódromo, en el occidente de Medellín, se veía el cadáver del personaje más siniestro del país, quien en circunstancias no del todo esclarecidas fue abatido por el Bloque de Búsqueda. Medios de todo el mundo replicaban la noticia de que el narcotraficante que había tiranizado con su violencia a los colombianos estaba ya muerto. 

Fue necesaria la articulación de las autoridades colombianas con el Gobierno de Estados Unidos e incluso con grupos ilegales como “Los Pepes” para dar de baja al mayor criminal de la historia del país. No obstante, si se creyó entonces que Colombia podía salir del estigma del narco al dar de baja a Escobar, hoy parece imposible tal cometido. 

Mientras que en el mundo se replican series televisivas y películas sobre el criminal, dentro del país los colombianos solo esperan que algún día pase la página de la infamia y en cambio salgan a relucir las numerosas víctimas de Escobar como verdaderos merecedores de ese recuerdo.

En eso concordó el periodista televisivo Juan David Laverde, de Caracol Noticias, quien hizo un llamado a recordar a algunas de sus víctimas más importantes como el que fuera director de El Espectador, Guillermo Cano, asesinado en 1986. Pero así lo consideró incluso el hijo de Pablo Escobar, Sebastián Marroquín (o Juan Pablo Escobar Henao). 

El hoy arquitecto hizo un llamado a que “si el mundo se niega a olvidarlo (a Escobar), es a sus víctimas a quienes primero debemos recordar”. 

Pero, tal como apuntaron distintos internautas, la reflexión que permanece tras 25 años de que Escobar fue abatido es que la criminalidad no ha dejado de estar presente en la sociedad colombiana, en parte por la idea de la “plata fácil”, que pulula entre sectores menos favorecidos. 

Así lo consideró Dany Hoyos, el humorista detrás de personajes como “Suso el Paspi”, quien con tono reflexivo excribió en Twitter: “Para mí el gran daño que dejó Pablo Escobar a esta tierra, además de los muertos, es la cultura traqueta del todo se puede con plata, el dinero rápido y pasar por encima del que sea para conseguir sus propios intereses. Tergiversó la escala de valores”. 

En este sentido, para Hoyos como para varios otros colombianos que comentaron el sentido de esta nefasta conmemoración, lo importante ahora es sepultar de la memoria colectiva esa cultura que premia el delito para poder progresar como nación. 

La barbarie de Escobar segó la vida y los aportes de personajes de la talla de Guillermo Cano, Rodrigo Lara Bonilla, y el excandidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento. Eso por no hablar de las miles de víctimas entre colombianos del común, dados los numerosos atentados que hizo contra la población civil, incluido el del vuelo 203 de Avianca. 

Lo importante ahora, además de nombrar a sus víctimas y recordarlas, es en suma seguir reconstruyendo las bases morales que permitan que ningún personaje medianamente parecido a Escobar vuelva a tener un mínimo de respaldo u obediencia por parte de los colombianos. 

De hecho, tal podría ser la meta que ayudaría a obtener la prevista demolición del Edificio Mónaco en Medellín, en donde se exigiría un centro de memoria que muestre la barbarie de Escobar y deje claro que nunca más se debe repetir tal capítulo en la historia de Colombia.