Hidroituango, en el ojo de la opinión pública

Hidroituango, en el ojo de la opinión pública

5 de febrero del 2019

Hidroituango vuelve a ser noticia nacional y a prender las alarmas. En enero, Empresas Públicas de Medellín anunció que por el hallazgo de un socavón en uno de los túneles que conducían el agua al cuarto de máquinas debía cerrar la compuerta 2, y en la mañana de hoy fue cerrada la compuerta 1 porque también fue detectada una presión, por mezcla de aire y agua, que podría generar una fractura en la presa. En consecuencia, el río Cauca presentó una disminución significativa de su caudal y los habitantes de la zona de ribera son los principales afectados.

Con esta nueva situación, que pone en duda la posibilidad de ver en funcionamiento este proyecto que se suponía que generaría 17% por ciento de la energía del país (2.400 megavatios), cerca de 300.000 residentes en la zona aledaña viven momentos de angustia.

Desde el 28 de abril de 2018, cuando se generó la primera contingencia, las personas de Puerto Valdivia y Puerto Antioquia, corregimientos de Valdivia, Tarazá, Cáceres, Caucasia y Nechí deben atender los llamados de evacuación y alerta y padecen las consecuencias económicas de no poder usar el río para pescar o realizar sus actividades de sustento.

La emergencia, que como en la primera oportunidad puede llegar a afectar además a municipios ribereños de Córdoba, Sucre y Bolívar, ahora alerta sobre las consecuencias medioambientales que traerá la disminución del caudal. Hidroituango pasó de un flujo de agua del Cauca de 500 metros cúbicos por segundo a 35 metros cúbicos por segundo con el cierre de la segunda compuerta. Y las implicaciones en la fauna y flora del río son incalculables.

Si bien las directivas de EPM y de la zona están al frente de la situación y buscan alternativas para disminuir el impacto negativo en la comunidad, son muchas las críticas que ha levantado el proyecto hidroeléctrico.

En redes, río Cauca, Hidroituango, #SOSRíoCauca son tendencia y la ciudadanía y personajes políticos han pedido cuentas tanto a la compañía responsable de su construcción como al Gobierno Nacional sobre las acciones a seguir para evitar una tragedia.

Lo cierto es que la palabra que describe el proyecto en la actualidad es incertidumbre, porque no se sabe si la estructura será funcional, tras superar – si es que sucede – la contingencia que se vive hoy, tampoco se conocen los impactos sociales, ambientales y económicos de este nuevo problema. La preocupación es latente y la presión sobre EPM, la Alcaldía de Medellín y el Gobierno, es creciente.

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