La delgada línea entre la ética y lo publicitario

23 de enero del 2019

La campaña de la empresa Avantel generó polémica.

La delgada línea entre la ética y lo publicitario

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“Un nuevo Avantel para hombres heterosexuales blancos,” es la más reciente campaña publicitaria de la empresa de comunicaciones Avantel Colombia, que fue publicada en toda la primera página (falsa tapa), del periódico El Tiempo, uno de los más leídos del país, así como en su página web y en sus redes sociales. Si se trataba de llamar la atención lo lograron, fue un ‘golpe publicitario’ que pegó porque puso a muchos a hablar y a comentar sobre la marca.

La forma como está planteado el aviso evidencia que se trata de una campaña de expectativa. El texto no está completo, la coma al cierre de las siete palabras así lo indica; pero su publicación además de despertar curiosidad, puso a la firma de telefonía móvil y de paso al periódico, en el ojo del huracán, la polémica no ha parado en todo el día en las redes sociales y de esa ella se desprendieron preguntas como estas:

  • ¿Es políticamente correcto enviar un mensaje que a primera vista suena discriminatorio, excluyente y sexista por decir lo menos, en un país tan polarizado y dividido como Colombia?
  • ¿Es una broma a la que le falta la mitad del texto?
  • ¿Este tipo de publicidad cruza la delgada línea entre lo que es ético y lo que vende?
  • ¿Es la ley del todo vale en la web?

En pocos minutos la marca de comunicaciones logró ser tendencia en Twitter. Miles de comentarios acompañaron el hastag #Avantel. Y seguramente tal como lo calcularon  los creativos del anuncio lograron llamar la atención, pero…. ¿a qué costo?

Es evidente que la empresa publicitaria que creó la campaña busca jugar con el sarcasmo, enviando mensajes a medias y clavando en la mente de los lectores e internautas una idea que a primera vista no es la correcta.

Es el uso de la “ley del todo vale” para generar clicks. No es ilegal. Es libertad de expresión, dicen algunos. Pero las libertades, sean individuales o colectivas, también tienen límites y el límite llega hasta el cruce de esa delgada línea que puede ofender a una comunidad o población.

Todo mensaje y más en publicidad, que tiene como objetivo llegar a un público masivo, tiene que tener un ‘deber ser’ alejado de la violencia, el racismo, el odio, el sexismo. No parece ser correctamente ético emplear este tipo de mensajes, considerados por muchos como burdos y agresivos, con la única finalidad de estar en boca de todos.

Llamar la atención y generar recordación, para al final conseguir clientes, es el objetivo de la buena publicidad; pero también hay otra, no tan buena, que busca lo mismo pero generando en el público objetivo choques, sensaciones negativas, polémica, dudas y hasta el sentirse ofendido. Hay publicistas que sacrifican el buen nombre de una marca por volverla viral por unas cuantas horas, al parecer rezan con el escritor Oscar Wilde quien dijo “Que hablen mal de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen”.

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