#SePerdióLaCarta

31 de enero del 2019

No llegaron las pruebas de Santrich por un vergonzoso error de Colombia.

Jesús Santrich

Parte de las pruebas que definirían la situación jurídica de Jesús Santrich, una muy importante, clave para determinar si el exguerrillero de la Farc debía o no enviarse en extradición quedó en el limbo, o más bien en un escritorio de la fiscalía norteamericana, cuando debería haber llegado a Bogotá, a la oficina de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

La pruebas tenían un plazo para llegar a la JEP el 28 de enero de 2019. Nunca llegaron, y no por falta de interés de EE.UU. en radicarlas ni porque no hubiera contundencia en ellas. Penosamente la culpa de que el proceso de Santrich no tenga este importante peso probatorio es del Gobierno colombiano, para ser específicos del Ministerio de Justicia, en cabeza de Gloria María Borrero, quien al conocer que las pruebas no llegaron a la JEP, “investigó” y dijo sin pena alguna que la culpa no era de su cartera (de ella) sino del servicio de mensajería por el cual se envió la carta de solicitud de pruebas a Estados Unidos, 4-72, empresa de envío de encomiendas del Estado Colombiano.

Hasta los más cercanos al Gobierno, como el senador José Obdulio Gaviria, del Centro Democrático, criticaron el hecho y fueron más allá, indicando que la carta de solicitud de pruebas, que terminó varada en Panamá, no llegó a su destinatario por negligencia de la ministra y aún más, poniendo dos hipótesis sobre la mesa: el senador dijo que este hecho, según su suspicacia, se debía a “indolencia respecto a la suerte del Gobierno al que se pertenece o saboteo al Gobierno al que se pertenece”.

Este penoso hecho marcó la agenda noticiosa en Colombia. Fue tendencia durante todo el día en redes sociales. Líderes del país criticaron la sencilla respuesta de la ministra sobre lo ocurrido.

Por su parte, Fernando Carrillo, procurador general de la Nación, dijo que es insólito que el Estado cometa un error de esta naturaleza y que se están esperando las explicaciones pertinentes, así mismo que el Ministerio de Justicia debe dejar en claro qué fue lo que sucedió.

Es inconcebible que una carta que recibió por parte de la JEP el Ministerio de Justicia, para un caso tan importante como el de Santrich, y que debía ser enviada a la justicia norteamericana no haya sido custodiada de ninguna forma ni haya tenido prioridad, dado su carácter crucial para el país, toda vez que el Estado cuenta con otros mecanismos para hacerla llegar.

Resulta insólito que en cambio el Ministerio de Justicia haya optado por enviar esta misiva a través de servicio de correos del Estado 4-72, un servicio que entre otras cosas ha sido fuertemente cuestionado por sus incumplimientos en las entregas, y resulta aún más insólito que no se haya pensado en entregar dicho documento a la Embajada de Estados Unidos en Colombia, en cabeza de Kevin Whitaker.

Pareciera que en Colombia estamos acostumbrados a este tipo de situaciones ‘cantinflescas’ que, como lo dijo el excadidato presidencial Humberto De la Calle hacen inevitable un paralelo con el realismo mágico de Gabriel García Márquez y su Macondo. Una realidad en la que lo absurdo es cotidiano.

Por lo pronto resta indagar cómo fue la cadena de errores que llevaron a tan bochornoso caso y propender porque las instituciones, en un futuro enorgullezcan y no avergüencen a su ciudadanía.

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