La paz por encima de las pasiones

27 de enero del 2019

El pueblo colombiano quiere tener paz por encima de ideales, colores o camisetas.

La paz por encima de las pasiones

La firma del Acuerdo Final entre las Farc y el Gobierno del expresidente Juan Manuel Santos y los inicios de los diálogos para alcanzar la paz entre el mismo gobierno y la guerrilla del Eln, continuados por el presidente Iván Duque, visualizaba un futuro esperanzador para el fin del conflicto armado más viejo en el continente. Pero esta no es, no era,no fue y no será la solución completa que Colombia necesita para gritar que es un país en paz.

En la madrugada de este domingo (27 de enero de 2019) falleció en el Hospital el Tunal el cadete de la Policía Andrés Felipe Carvajal, otra víctima del atentado terrorista perpetrado por el Eln en la Escuela General Francisco de Paula Santander. La muerte de Carvajal, quien estuvo 10 días luchando por sobrevivir, aumenta a 22 el número de víctimas de este atroz atentado, que rompió de tajo las opciones de continuar los diálogos de paz entre el gobierno Duque y el grupo armado ilegal que cínicamente reconoció haber planeado y ejecutado el hecho contra la escuela policial.

Andrés, quien tenía el sueño de ser general de la República, es solo un número más, dentro una estadística más, dentro de una problemática más.

Este país que lleva más de 50 años entre bala y bala necesita una salida real a las diferentes problemáticas que atacan el verdadero significado de paz. Es claro que los colombianos quieren vivir sin miedo a morir violentamente, hecho que infortunadamente es muy fácil en Colombia, donde matan por el color de una camiseta, por un celular, por una bicicleta, por defender los derechos humanos, por informar, por estar en contra o favor de ideologías o argumentos o tesis o hasta por enunciar hipótesis.

En Colombia asesinan muchos y contra muchos. Asesinan los insurgentes, los ladrones, los corruptos, los paramilitares, pero también asesinan los militares, los civiles, y hasta los dirigentes políticos y gubernamentales están involucrados en hechos de sangre, llamados crímenes de estado. Los colombianos de bien, aquellos que no levantan armas contra un semejante u ordenan levantarla, que se sabe son un número mayor, no quieren saber de más líderes sociales asesinados por el hecho de defender el bienestar de una comunidad, no quieren saber de más periodistas asesinados por el hecho de destapar ollas podridas, y obviamente no quieren saber de dichas ollas podridas; no quieren saber de grupos guerrilleros que estallen bombas ni que maten soldados o policías ni mucho menos civiles que poco o nada tienen que ver con la guerra, la cual para muchos de cada bando es un simple negocio que hay que mantener.

La base fundamental de la guerra en Colombia es el poder, representado en dinero y tierra. El cómo conseguir ese poder es la causa principal de la violencia, y para lograrlo algunos usan la corrupción, otros el narcotráfico, unos más el despojo y un importante grupo usan la guerra.

En Colombia no se quiere la paz de Santos ni la paz de Uribe ni la paz de Duque. Los colombianos solo quieren un país en paz sin importar quién o quienes ayuden a hacerla realidad. Para lograrlo hay que ir derrumbando poco a poco las problemáticas; no se logra de la noche a la mañana pero sí se logra uniendo fuerzas, conceptos y políticas que poco a poco, año a año, gobierno a gobierno, pueden acercarse a ella; pero a veces para lograr objetivos colectivos hay que apoyar causas fundamentadas en ideologías contrarias a las que se sigue.

Los partidos políticos, como partidos políticos, deberían “sacar la mano” de los temas de paz, no porque no pueden ayudar a conseguirla, sino porque su intromisión netamente política, sus críticas pasionales y su deseo de figuración le han hecho y le están haciendo mucho daño a la paz y de paso al país.

La paz, la verdadera paz está en manos de la sociedad civil. Es el pueblo (que es mayoría y es el que realmente necesita de la paz) el que democráticamente debe elegir, a través de diferentes vías, el camino por el que debe transitar Colombia hacia la paz.

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