A 33 años del holocausto del Palacio, sin verdad

6 de noviembre del 2018

Treinta y tres años después de la cruenta toma del Palacio de Justicia por parte del grupo guerrillero M-19, que duró 28 horas,  aún no se sabe la cifra real sobre el número de personas que murieron dentro del edificio durante el enfrentamiento con el ejército  y cuantos por fuera de éste  a manos de […]

A 33 años del holocausto del Palacio, sin verdad

Treinta y tres años después de la cruenta toma del Palacio de Justicia por parte del grupo guerrillero M-19, que duró 28 horas, aún no se sabe la cifra real sobre el número de personas que murieron dentro del edificio durante el enfrentamiento con el ejército y cuantos por fuera de éste a manos de algunos miembros de la fuerza pública que al parecer los ‘desaparecieron’ sin dejar rastro y que llevaron a la cárcel a altos oficiales como responsables.

La toma la ejecutaron 35 guerrilleros, 25 hombres y 10 mujeres, liderados por Andrés Almarales, Alfonso Jacquin y Luis Otero guerrilleros de alto rango dentro del Movimiento subversivo. Once magistrados de la Corte Suprema fueron asesinados durante el ataque a las cortes, son ellos Alfonso Reyes Echandía, Fabio Calderón, Pedro Elías Serrano, Darío Velásquez, José Eduardo Gnecco, Ricardo Medina, Alfonso Patiño, Carlos Medellín, Fanny González, Manuel Gaona y Horacio Montoya.

La comisión de la verdad en un informe sobre el holocausto del Palacio de Justicia entregó la siguiente información sobre los fallecidos: “De los 94 muertos, sólo 68 cadáveres fueron identificados, sólo 54 cuerpos, de los 68 identificados, fueron entregados a sus familiares, pero de los guerrilleros, únicamente el cadáver de Andrés Almarales corrió esta suerte, los demás pasaron a la fosa común del Cementerio del Sur, junto con los cuerpos no identificados.”

En la mañana del 6 de noviembre de 1985 el grupo subversivo le comunicó al país a través de una supuesta ‘proclama’ entregada a los medios de comunicación, divulgada a la misma hora en que inició el ataque al palacio, que ejecutarían la “Operación Antonio Nariño por los Derechos del Hombre” encaminada a hacerle un juicio al Presidente de la República Belisario Betancur Cuartas, por su“incumplimiento de las promesas de paz y traición a los acuerdos suscritos”.

La reacción del ejército colombiano fue de contra-ataque para liberar de la toma guerrillera a la sede de las altas cortes. El presidente Betancur le había dado la orden a las Fuerzas Armadas de mantener las instituciones y recuperar el Palacio de Justicia con las debidas precauciones para garantizar la vida de los rehenes.

Kienyke.com dialogó con el Secretario General de la Presidencia de Belisario Betancur y su mano derecha, Victor G Ricardo quien negó que el jefe del estado hubiera dado la instrucción de negociar con los guerrilleros y que tampoco fue quien ordenó la entrada de tanques al Palacio y recordó la llamada del presidente de la Corte Alfonso Reyes Echandía al Palacio de Nariño.

“Cuando entró la llamada, el presidente se encontraba en mi oficina, la secretaria entró para informarle que en la línea y muy alterado estaba el doctor Reyes Echandía pidiendo hablar con él, dijo que no podía hablar con el doctor Reyes y me comentó que había sido informado que el presidente de la Corte se encontraba con una ametralladora apuntándole al cuello, le dije que entonces yo recibía la llamada y me dio un no rotundo”

Recuerda que su jefe le dijo: “hablar con el doctor Reyes bajo esas circunstancias significaba negociar con los guerrilleros y que eso no era posible.” Con esta afirmación entierra las versiones que dijeron que el jefe del estado había querido negociar con los del M-19.

Mientras el Palacio de Justicia era objeto de una toma sangrienta, los militares le solicitaron al presidente autorización para tomar el cuarto piso, para en un acción tipo sandwich los arrinconaran entre los efectivos del primer piso y los que llegaran al cuart, a lo que el presidente accedió. “Infortunadamente cuando iniciaron el descenso desde un helicóptero a ese piso, los guerrilleros ya estaban allí y dispararon , fue cuando desde la calle los militares al mando dieron la orden del ingreso de los tanques al Palacio.” comentó el ex secretario General de Presidencia.

Mucha sangre corrió entre el 6 y el 7 de noviembre de 1985 en el interior del Palacio y también mucha tinta para escribir las memorias de uno de los hechos más graves para la institucionalidad colombiana, y en ninguna de ellas se ha podido conocer toda la verdad de lo que realmente pasó, de porqué y quién le prendió fuego a los archivos de las Cortes, de si es o no cierta la versión de que el M-19 se tomó el Palacio con apoyo de Pablo Escobar para que incinerara los expedientes en su contra y sobre todo cuantos salieron vivos y como desaparecieran.

El caso más sonado fue el del Coronel (r) Luis Alfonso Plazas Vega por su presunta responsabilidad en algunas desapariciones relacionadas con el Palacio de Justicia, entre ellas la de la guerrillera Irma Franco y el administrador de la cafetería Carlos Rodríguez, de quienes, según videos y testimonios de testigos, salieron con vida y fueron trasladados a guarniciones militares de donde nunca salieron.

El coronel (r) Plazas fue encontrado culpable por un juzgado especializado y en la apelación ante el Tribunal Superior de Bogotá fue condenado a 30 años de cárcel, sentencia que apeló y que en la Corte Suprema de Justicia, Sala Penal logró reversar, porque no se encontraron pruebas que demostraran su responsabilidad en las desapariciones.

El que si no corrió con la misma suerte fue el General Jesús Armando Arias Cabrales, el oficial de más alto rango en las acciones militares para la recuperación del palacio, pues fue condenado a 35 años de cárcel por “no haber impedido el secuestro y la desaparición forzada de personas que salieron vivas de Palacio”.

Grabaciones de las órdenes que dio a través de un walkie talkie, bajo el nombre de Arcano 6, lo inculpan por aceptar tácitamente estas conductas, al referirse a la “operación rastrillo” para desaparecer a los guerrilleros que quedaran vivos, o la conversación con su segundo identificado como Arcano 5, coronel Luis Carlos Sadovnik a quien se oyó decir: “hay que asegurarse que si está la manga, que no aparezca el chaleco”. que fue interpretado como una orden de ejecución.

En la alocución televisada la noche del 7 de noviembre de 1985, cuando ya todo estaba consumado el Presidente Belisario Betancur le dijo a los colombianos: “Me hago responsable de los hechos y decisiones que se tomaron para defender las instituciones democráticas”

Por su parte años después de lo que fue considerado un sacrilegio contra el templo de la Justicia en Colombia, Antonio Navarro Wolf ex guerrillero del grupo subversivo descalificó la acción y dijo: “Fue un gran error que marcó con claridad el fin del prestigio del M-19”.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO