¿Y los colombianos para cuándo?

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¿Y los colombianos para cuándo?

28 de febrero del 2019

Es importante darle la mano al vecino, darle de comer si tiene hambre y no solo es importante, sino es humanitario. Hay un dicho popular que es muy cierto, como lo son casi todos los dichos populares, ‘donde comen dos, comen tres’. Pero ¿qué se hace si en casa falta la comida o la que hay es insuficiente para alimentar a tu propia familia? ¿Se le prestaría igual atención a los problemas del vecino, por muy triste que sea su caso?

La crisis de Venezuela tiene copada la agenda mediática por estos días. Los ojos de América y de otros países del mundo están puestos en el vecino país, donde no hay alimentos ni medicinas ni poder adquisitivo para comprar en los pocos lugares donde se consiguen suministros. Es lamentable la situación, es verdad. Las imágenes de hombres, mujeres y niños buscando comida en canecas de basuras, arrugó el corazón de muchos.

Pero en Colombia la situación no es mejor. Colombia no ha eliminado la pobreza extrema, ninguno de sus gobiernos, absolutamente ninguno, ha podido hacerlo. Pero todos, absolutamente todos, sacan pecho cuando el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (Dane) muestra cifras de reducción en la materia, así sea, como casi siempre, cifras irrisorias, que a la larga no dejan de ser solo eso, cifras.

La muerte de los niños en La Guajira no cesa. El 80% de los menores de edad que pertenecen a la etnia Wayúu, que habitan este departamento, padecen desnutrición (Según la Comisión de Derechos Humanos del Congreso). En Chocó, que ha sido menos visible, también han muerto decenas de menores de edad de desnutrición, que es el término técnico para decir que han muerto de ‘pura y física’ hambre y sed. Y no solo ocurre en Guajira y en Chocó, en las grandes ciudades capitales, que parecieran estar más cerca de los gobiernos de turno, hay miles de ciudadanos que pueden pasar el día con una aguadepanela y un pedazo de pan, esa es una realidad.

Los últimos datos de la ONU indican que el número de colombianos que padecen hambre es de 3,2 millones. Hay varias razones para que ese número de compatriotas no coman bien o simplemente no coman: El cambio climático, que es uno de los pocos factores naturales que inciden en esta problemática, porque las demás son incidencia del hombre, como la violencia, la corrupción y el abandono político, administrativo y social del territorio.

Poner los ojos hoy en Venezuela y su crisis y ayudarle, como país hermano, es loable, pero no deja de ser  parte de una agenda mediática y populista a nivel mundial. En redes sociales hay quienes aseguran, tal vez basándose en sus propios mitos, que las grandes potencias del mundo mantienen esa agenda porque al final de cuentas están detrás de la riqueza de Venezuela, su petróleo.

Pero volviendo al caso colombiano, lo que pasa con los menores de edad pobres, que son los más afectados por la falta de una buena alimentación, es una barbarie. 4.500 niños muertos por hambre en La Guajira, en los últimos 10 años, no es solo una cifra visible que han confirmado autoridades indígenas y magistrados de la Corte Constitucional, es un crimen y el olvido del Estado y sus gobernantes de turno, locales y nacionales, son muy culpables de cada una de esas muertes.

Está bien darle de comer al vecino, pero solo estaría bien, si en casa hubiese comida para todos quienes habitan en ella.