El fútbol está enfermo de violencia

11 de junio del 2018

“El fútbol está enfermo”, dijo alguna vez el periodista argentino y escritor Martín Caparrós, refiriéndose a la violencia que se vive en las tribunas.  Y Colombia no se queda atrás. Ni siquiera la final de la Liga Águila entre Atlético Nacional y Deportes Tolima logró escapar de lo que se ha convertido en un fenómeno social. […]

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“El fútbol está enfermo”, dijo alguna vez el periodista argentino y escritor Martín Caparrós, refiriéndose a la violencia que se vive en las tribunas.  Y Colombia no se queda atrás. Ni siquiera la final de la Liga Águila entre Atlético Nacional y Deportes Tolima logró escapar de lo que se ha convertido en un fenómeno social.

Ese día las tribunas del Atanasio Girardot se vistieron de verde y mientras los cánticos de aliento al equipo antioqueño se transmitían por televisión, también se vivían hechos violentos, como el del hombre que golpeó a una mujer en uno de los sectores del estadio.

Los dos llevaban la misma camiseta. Apoyaban al mismo equipo, pero la acalorada discusión en medio de la euforia que se gesta en los sectores populares de los estadios, provocó que todo terminara en golpes. El hincha estiró su mano y atacó a la seguidora. El hecho quedó registrado en cámara y no ha dejado de ser criticado en redes sociales.

Jorge Perdomo, quien fue presidente de Dimayor hasta hace pocos días, y demás dirigentes del fútbol colombiano han manifestado su deseo de hacer algo contra estos hechos de violencia: “Para que las familias vuelvan a ver los partidos y no tengan miedo de llevar una camiseta”. Pero hasta el momento nada ha sucedido respecto a eso.

Esteban Ortiz sería el nombre del agresor que pertenece a la barra popular de Nacional: Los Del Sur. Las autoridades esperan solucionar este incidente lo más pronto posible y así demostrar que la violencia contra las mujeres, y en general, no queda impune.

Pero no solo en Colombia hay barras bravas: en Argentina y Chile, los hinchas también se van a los golpes en las tribunas. Y hasta podría decirse que el fenómeno se remonta a los años 60 cuando los fanáticos de Inglaterra, la mayoría pertenecientes a la clase obrera, comenzaron a reunirse para aporar su equipo y mezclaban la emoción del fútbol con la lucha por tener una vida mejor. Entonces los partidos entre clubes se convirtieron en una disputa de poder y de puño. Ya no solo se ganaba en la cancha, también en las tribunas y fuera de los estadios. Eran conocidos como hooligans.

La Uefa y la Fifa trabajaron para que los violentos no entraran de por vida a los juegos, y además los pusieron a pagar prisión. Un hincha que invade un campo de juego en Europa puede pagar tres años de cárcel. Esas medidas hicieron que en el viejo continente se pudieran presenciar partidos en familia y sin barreras de alambre.

En Colombia se lleva el proceso de carnetización de los hinchas para saber con nombre y cédula quién entra a los estadios, pero ha sido lento y hasta que no esté completo, como solicita la Policía Nacional, será difícil luchar contra los agresores.

El acontecimiento de la final en el Atanasio Girardot fue fácil de evidenciar porque el coliseo de Medellín cuenta con cámaras de seguridad, pero no todas las canchas colombianas tienen el sistema que para 2020 ya tendría que estar implementado en el fútbol sudamericano.

“No más mujeres, hombres ni nadie que sea agredido en un estadio”, es el pedido de miles de colombianos en redes sociales.

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