El colmo de los colmos: caso del director de La Picota

29 de septiembre del 2018

En materia de casos jurídicos y de justicia, en Colombia la realidad parece superar la ficción. Hay una expresión, “para colmo de remate”, que se usa cuando lo que sucede sobrepasa cualquier límite, por eso es pertinente usarla en el último hecho que generó bastante indignación entre los internautas: se trata del caso del director […]

El colmo de los colmos: caso del director de La Picota

En materia de casos jurídicos y de justicia, en Colombia la realidad parece superar la ficción. Hay una expresión, “para colmo de remate”, que se usa cuando lo que sucede sobrepasa cualquier límite, por eso es pertinente usarla en el último hecho que generó bastante indignación entre los internautas: se trata del caso del director de La Picota, el mayor Luis Perdomo, quien fue capturado por la Fiscalía al ser señalado de recibir treinta millones de pesos para favorecer a un prisionero.

Perdomo habría recibido la coima por parte del financiador de la ‘Oficina’ José Bayron Piedrahita, en proceso de extradición a los Estados Unidos, para que familiares y amigos tuvieran la posibilidad de hablar con él antes de su entrega al país norteamericano.

El pago acordado, según reportes de las autoridades, se efectuó en dos instancias: el primero por diez millones de pesos -del que aún se desconoce el lugar de encuentro entre las dos partes- y el segundo por veinte millones de pesos que se habría realizado el día jueves 27 de septiembre a exactamente 200 metros del búnker de la Fiscalía, en el hotel Tryp.

“En razón a que el señor Piedrahita se encuentra en trámite de proceso de extradición, planteó al director la posibilidad de que dejara ingresar algunos familiares y amigos que deseaban despedirse de él. Requerimiento ante el cual el señor Perdomo solicitó la suma de $30 millones”, aseguró la fiscal durante la audiencia.

Pero ese no fue el único pago acordado entre el director de La Picota y Piedrahita, hay evidencias de otra entrega ajustada en sesenta y ocho millones de pesos con el interés de ser el jefe del patio de los extraditables.

Perdomo también sería el responsable del ingreso de teléfonos celulares, productos de aseo y estimulantes sexuales no autorizados.

Durante la audiencia, que se llevó a cabo el pasado viernes, Perdomo se inmutaba únicamente por ver su celular y a la salida, custodiado por una seguridad robusta que le impedía hablar con los medios, expresó que no ha recibido ni un centavo a ningún interno y que todo era un acuerdo para dañar su imagen.

Este no es el único caso que llena de rabia a los colombianos. Antes de Perdomo, un director de una cárcel que ahora podría compartir centro de reclusión con los que antes debía custodiar – como si eso no fuera lo suficientemente absurdo, estuvo el proceso del fiscal anticorrupción, capturado por corrupción, Luis Gustavo Moreno.

Hoy cumple su pena en Estados Unidos luego del pedido de la Corte del Distrito Sur de la Florida por delitos de conspiración de lavado de activos, fraude en giros bancarios y, como si fuera poco, por ser el mayor delator del escándalo de corrupción en la justicia colombiana: el cartel de la toga.

Colombia cada día se despierta con una noticia que supera la anterior, los dos casos expuestos dejan en evidencia una triste radiografía de la sociedad, donde los corruptos hacen todo lo que está a su alcance para ocupar cargos públicos o privados con el objetivo de tener poder -además de una amplia red de contactos que estén en disposición de delinquir- y hacerse a fortunas sin pensar en el castigo o la pena que deben afrontar. Perdomo ahora se enfrenta a un juicio y una posible condena que lo llevará – si la justicia llega – a una celda. Para cerrar el triste capítulo, solo faltaría que fueran a parar a La Picota.
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