¡Una cachetada al continente!

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¡Una cachetada al continente!

29 de noviembre del 2018

Una Copa fuera de casa. Así se toma la determinación de la Conmebol de llevar la final de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y River Plate a suelo europeo. La definición del torneo más importante del continente americano se disputará en el Santiago Bernabéu, Madrid, España. Una semana se tomó la entidad deportiva para hacer de esta agonía una que el público sudamericano promete no olvidar.

En redes sociales el Santiago Bernabéu fue tendencia en Colombia, Argentina, Uruguay y Chile, entre otros países sudamericanos. La posibilidad de un Boca vs River en Medellín, Sao Paulo o Miami se desmoronó una vez Gianni Infantino, presidente de la Fifa, levantó el pulgar para tener la Libertadores en Europa.

Pedro Sánchez, presidente del Estado español, confirmó que el país “ya trabaja para garantizar la seguridad del evento deportivo”. 

Lo paradójico es que la organización sudamericana ve con buenos ojos que el partido sea lejos: por factores económicos (publicidad del partido y derechos de televisión) y por garantías de seguridad. En Buenos Aires se evidenció que los 2.000 uniformados disponibles para el juego, el doble de los que participaron en las fases previas del torneo, no funcionaron. Un bus fue apedreado y los hinchas de la ‘banda cruzada’ se robaban boletas entre sí para entrar al estadio. El caos nunca paró.

Rodolfo D’Onofrio, presidente de River, dijo en los medios que Mauricio Macri, presidente de Argentina, lo apoyaba para que el juego se disputara en el Estadio Monumental. Pero el pedido de Boca era no jugar o, en su defecto, disputar el encuentro en una plaza central. Para la Conmebol lo primordial era que el partido se llevara a cabo y, con dinero de por medio, mejor.

Incluso ya se especula que Boca reservó en el Hotel Euroestar en Madrid, según informan medios españoles, para llegar desde el próximo martes y tener adaptación hasta el 9 de diciembre que se dispute la llamada “final del mundo”.

El ente rector expresó su voluntad y lo único que haría dar marcha atrás es una resolución del Comite Disciplinario a favor de Boca, que hace 48 horas presentó un informe con más de 20 pruebas entre videos, chats, fotos y demás material para probar, según ellos, que se violó el artículo 18 del reglamento deportivo continental en el que se expresa que se pueden otorgar los puntos a un rival, en este caso la Copa, por no poder jugar un encuentro debido a desmanes dentro o en los alrededores del estadio. Tal y como sucedió en el caso del gas pimienta en la ‘Bombonera’, cuando la sustancia arrojada por un hincha provocó la eliminación de los ‘xeneizes’ y el paso a la siguiente fase de River, que luego se proclamaría campeón.

¿Y los hinchas?

Los socios de River tenían prioridad en el Monumental y, a pesar de que el club y la Conmebol les aseguren un asiento en el Bernabéu, tendrán que mirar cómo asumir el traslado a Europa hasta el domingo, además de pedir vacaciones o permiso en los trabajos para el tiempo de viaje. Lo cierto es que la cancha si o sí estará llena, al menos esa es la idea de todos los organizadores que esperan romper barreras en solo dos semanas. 

El club ganador seguramente no volverá a Argentina, porque el Mundial de Clubes, competición en la que participan los campeones de los continentes, inicia el 12 de diciembre en Emiratos Árabes. Las horas de vuelo serían extensas y por logística sería lo más fácil. Sin embargo, celebrar con sus propios hinchas podría ser prioridad para el nuevo monarca americano.

El Mundial de Fútbol en 2026 pretende ser organizado por Argentina y Uruguay, Paraguay se sumó también en los últimos meses. Y el sinsabor es que no se logró superar los fenómenos, en este caso la violencia, que afectan el ‘deporte rey’. La Conmebol podrá hacer de la Libertadores un certamen rodeado de dólares, pero la gloria y la pasión de los hinchas, de los buenos, queda en un segundo plano, por fuera de los intereses económicos y de marketing.

¿Qué sentirían los seguidores europeos si tuvieran que viajar a Sur América para ver una final? ¿Si tuvieran que esperar horas para saber si se juega un partido o no? ¿Si vieran cómo el club de sus amores juega el partido más importante de su historia a miles de kilómetros? La resignación será el consuelo de quienes, a pesar de haberlo soñado, tengan que animar a Boca o River a través de un televisor o redes sociales.

Lo que empieza mal termina mal. Esta es la consecuencia de una sociedad que no sabe vivir la pasión del deporte sin violencia y que aleja al fútbol de su gente.