Caso Omar Enrique: El arte no debe ser apología

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Caso Omar Enrique: El arte no debe ser apología

1 de febrero del 2019

La negativa por parte de autoridades aduaneras colombianas de permitir la entrada al país del artista venezolano Omar Enrique, conocido por su cercanía al régimen de Nicolás Maduro, generó todo tipo de reacciones en redes sociales. No obstante, existe un consenso, el arte no puede servir para blindar los intereses de dictadores ni hacer apología a quienes atentan contra los demás. 

Migración Colombia, siguiendo la directriz esbozada por la administración Duque esta semana (de vetar del país a 200 colaboradores del régimen), no permitió la entrada del artista, quien tenía previsto presentarse en el Carnaval de Barranquilla. 

El director del ente, Cristian Kruger, afirmó: “Esta persona no podrá ingresar al país. Si llega a nuestros aeropuertos le vamos a notificar una inadmisión”.

“Esta es una decisión discrecional y soberana. No vamos a permitir que personas que le han hecho tanto daño a nuestros hermanos venezolanos se paseen por nuestro país sin importarles las consecuencias de sus actos. Estas personas han violado los Derechos Humanos del pueblo venezolano y es hora de que paguen las consecuencias de sus actos”, añadió

El empresario de Enrique, Eduardo Beleño, aseguró al diario barranquillero El Heraldo que el artista está “triste” al sostener que no tiene vínculos con Maduro: “En términos generales Omar Enrique era artista antes de Chávez y después de Chávez. Su vida ha girado en su música y es de los artistas que no se fue del país y siguió trabajando en su carrera. Les cantó a la gente de la oposición y a la gente del gobierno, pero la verdad es que los artistas son apolíticos sin distingos de raza, religión y partidos políticos. Él le canta a la gente y nada más”. 

“Hay un perjuicio grande para el artista que es solo eso, un artista. Él no está vinculado a la parte política ni proselitista. Tenemos la fe de que esto se va a resolver y que en nuestro país Colombia, miren que está aparte”, agregó. 

No obstante, desde Venezuela simpatizantes de la oposición celebraron la decisión al considerar que su carrera fue beneficiada de forma crucial por el régimen. De hecho, recuerdan que participó en la canción de la campaña de Nicolás Maduro el año pasado, además de sus intervenciones públicas en actividades del oficialismo, de las que circulan numerosas fotos y videos en redes.

El hecho de que Colombia no admita matices frente a una dictadura que deja miles de presos políticos, millones de exiliados y, por sobre todo, un pueblo con hambre y sin libertad, constituye un avance en la lucha por el retorno de la democracia en dicho país. Ningún tipo de arte debería exaltar o connivir con regímenes que coarten las libertades, como ocurre con Omar Enrique. 

La experiencia de la Segunda Guerra Mundial, en la que el Ministro de Propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels, construyó previamente toda una industria cultural diseñada para enaltecer la figura de Hitler y, más aún, justificar los horrendos crímenes que dicho régimen haría (en pinturas, fotografías, literatura y cine). El desastre que vivió Europa posteriormente fue un aviso histórico para estar en guardia contra el poder del arte que hace apologías. 

Guardando las proporciones, el pulso contra la dictadura que está instalada en Venezuela no solo debe hacerse en los frentes económico, diplomático y político, sino incluso en el plano cultural no debe haber ambigüedades.

Incluso en el ámbito interno, en Colombia las telenovelas sobre narcotraficantes, en las que no ha quedado claro el rechazo a la violencia y a la corrupción, han sido debidamente castigadas por una opinión pública cansada de la apología a los criminales.

Por ende, la decisión del Gobierno e implementada por Migración Colombia de no permitir la entrada de Omar Enrique y otros colaboradores del régimen chavista, es acorde no solo con el criterio político de luchar por la democracia en la región, sino con los principios éticos que deben guiar el imaginario colectivo nacional.