Debate sobre docencia y doctrinas, un terreno delicado

Debate sobre docencia y doctrinas, un terreno delicado

20 de febrero del 2019

El proyecto de ley radicado ante el Congreso por el representante del Centro Democrático Edward Rodríguez ha generado un fuerte debate en medios de comunicaicón y redes sociales. La iniciativa prevé sancionar a los docentes que profieran comentarios políticos en sus clases, algo que ha sido interpretado como un ataque a la libertad de cátedra amparada por la Constitución de 1991.

Todo esto se da en medio de las críticas por parte de simpatizantes y militantes del uribismo a la Federación Colombiana de Educadores (Fecode), a la que algunos han tildado de seguir supuestamente la doctrina comunista. Varias tendencias en Twitter de las últimas semanas han reflejado esa arremetida.

El periodista y escritor Alberto Salcedo Ramos fue uno de los primeros críticos de la propuesta que se intenta abrir camino en el Congreso: “El representante Edward Rodríguez está pasando, como dice el dicho, del anonimato al desprestigio. Su idea de constreñir la libertad de cátedra sería apenas un chiste malo si no resultara tan fascista y peligrosa”.

En el debate también entró el senador Jorge Robledo: “La prueba de que en los colegios públicos no adoctrinan es el propio Edward Rodríguez, estudió en colegio público y vea: no lo adoctrinaron. Si no hubiera libertad de cátedra todavía pensaríamos que la Tierra es plana”, dijo en una entrevista radial.

Rodríguez ha justificado su idea en lo que considera es la necesidad de blindar a los niños del país en su derecho al libre desarrollo de la personalidad, algo que considera está en riesgo. Así lo reiteró en diálogo con KienyKe.com: “Lo que buscamos en el proyecto es proteger algunos derechos fundamentales de los niños. Creemos que ningún profesor de ciencias sociales puede influenciarlos para hablar de elementos políticos, a favor o en contra de cualquier tema o personaje o generando algún odio contra quien participa en democracia. Podemos dar un debate sano pero no se debe generar un bullying al que piensa diferente”.

“La idea es que el niño forme su propio criterio bajo la libertad. La sentencia 570, que se pronunció sobre la idea de que Colombia es un Estado laico, también permitió que no se politicen los colombianos y que de esta manera podamos defender a los niños de los abusos que puedan cometer algunos directivos de colegios”, agregó.

Frente a ello nuevamente voces como el periodista Félix de Bedout rebaten la idea asegurando que la libertad de cátedra es un pilar democrático y que no se puede poner mordazas sobre las ideas: “Cualquier intento de censura es un ataque a la libre circulación de las ideas que pretende moldear alumnos y profesores sumisos”.

Uno de los entes más señalados por el uribismo, Fecode, precisamente ha salido en defensa de la libertad de cátedra y de las alusiones políticas en las aulas del país: “¿Cómo enseñar sobre la influencia de Alan Turing, Benjamin Franklin, Marie Curie, sin hablar de su contexto político. Recordar que la libertad de cátedra es base de una democracia. Los maestros, como todos los ciudadanos, tienen derecho a una posición política”.

El presidente de Fecode, Nelson Alarcón, aseguró en un video difundido en redes que él y su organización rechazan “la manera sistemática como hoy el partido de Gobierno, el Centro Democrático, viene macartizando, maltratando y ultrajando al magisterio colombiano. En segunda instancia rechazamos el proyecto de ley presentado por el representante Edward Rodríguez, que atenta contra la autonomía escolar y la libertad de cátedra. Hoy no nos van a amedrentar”.

Rodríguez replicó que “esto para nada es un ataque contra Fecode” y que incluso espera que “este se sume para debatir democráticamente sobre esta realidad que hoy viven muchos colegios”. No obstante, sobre horas de la tarde el líder natural de su partido, el expresidente Álvaro Uribe, aseguró que no está de acuerdo con la idea de sancionar, aunque sí prevé discutir alternativas.

De cualquier forma, el tema resulta bastante delicado y parece díficil que el Congreso pueda encontrar una vía que no desequilibre la balanza entre libre desarrollo de la personalidad y libertad de cátedra, algo que para muchos está ya garantizado por la Constitución del 91 y no requeriría la mano de los políticos de turno en el Legislativo.

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