La voracidad de Prieto y ciertas complicidades

La voracidad de Prieto y ciertas complicidades

25 de Marzo del 2017

El contrato por más de mil millones que suscribió la empresa familiar de Roberto Prieto con Odebrecht fue hallado “por accidente” entre muchos que existen por ahí en papeles viejos del gerente y hombre de confianza del Jefe del Estado.

La revelación de la Procuraduría coincidió con la declaración de Prieto en la fiscalía y la desfachatez de declarar que tiene tranquilidad espiritual porque ha obrado bien. Descaro comparable con la complicidad de altos funcionarios que se declaran sorprendidos –no comprometidos- con las travesuras del publicista.

El Roberto Prieto que conocimos muchos, el que gestionaba publicidad para pequeñas emisoras de pueblo y les cobraba el 30%, se convirtió en un monstruo devorador, robustecido por su cercanía con Juan Manuel Santos, elegido Presidente de la República.

Que Santos conociera de todas las andanzas de Prieto, vaya uno a saber, aunque resulta difícil –casi imposible- hacer abstracción de los trámites relacionados con los esfuerzos para encumbrarlo a la primera magistratura, primero, y después reelegirlo.

Prieto se volvió un demonio para conseguir dinero, para las campañas de Santos, para su familia a través de Marketmedios, para comprar bienes en Estados Unidos, para eludir a la Dian, para saltarse las leyes, para tomarse Findeter a través de su amigo Luis Fernando Arboleda, para quién sabe cuántas cosas más, si siguen encontrando (la Procuraduría o cualquier otra entidad) más contratos “por accidente”.

Tiene enorme facilidad para hacer amistades, resulta simpático y culto. Lo precede la historia de su padre, el exalcalde de Bogotá Luis Prieto Ocampo, también diplomático muy aplaudido. Al padre se le notaba la altura del hombre público meritorio. A Roberto su habilidad para los negocios, que resultó combinando habilidosamente con el poder político.

En la vida pública hay personas que no se desgastan en aspiraciones burocráticas ni en dignidades de ningún tipo. Prefieren, como Roberto Prieto, “gerenciar”, tramitar el dinero y el triunfo de los demás, y cobrar bien, con derechos adquiridos como representar al país en organismos internacionales, tener a sus amigos en el manejo de entidades con poder económico (Findeter, por ejemplo) y engordar sin límites los bolsillos personales y familiares.

Desgasta mucho para la confianza de las instituciones y el respeto a la justicia que –con tantas pruebas en su contra- Prieto siga dando discursos metafísicos de espiritualidad, y los aparatos de investigación del estado dilaten acciones más contundentes. En tanto que el Presidente de la República le sube el volumen a su discurso anti-corrupción, como si su gerente de campaña y amigo, su propia organización política no estuvieran comprometidos.

Es el momento de aplicar justicia contra la corrupción, contra el abuso de poder y el maridaje de negociantes incrustados en la cúpula del Estado, con supuestos derechos de saquear el Estado.

Habrá tiempo, cuando recuperemos la confianza, de hablar de tonterías como ampliar el Congreso o eliminar la vicepresidencia.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de Edgar Artunduaga de la sección Sal y Dulce de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.