¿Qué tiene adentro el monumento a los Héroes?

¿Qué tiene adentro el monumento a los Héroes?

14 de diciembre del 2010

Ese edificio sin ventanas que es el monumento a los Héroes, donde se cruzan la avenida Caracas, la calle 80 y la Autopista Norte, no es macizo como todo el mundo cree. Gustavo Rojas Pinilla se lo encargó a comienzos de los años sesenta al italiano Vico Consorti, quien construyó el bloque de seis pisos enchapado en mármol en donde luego se puso la estatua del libertador hecha por escultor francés Emmanuel Férmiet, que había sido removida del parque Centenario cuando se construyó la avenida 26.

La idea era que allí funcionara un museo de armas, pero nada ocurrió.  Por cincuenta años la puerta, ubicada debajo de las patas de “Palomo”, se mantuvo cerrada. Pero hace unos meses la abrieron los integrantes del equipo de la feria de diseño Zona D y descubrieron que el espacio, que parece muy estrecho por fuera, es en realidad amplio e ideal para realizar el montaje de su exposición el próximo año.

Así como en noviembre del año pasado Agatha Ruiz de la Prada intervino el jardín interior del Claustro de Santa Bárbara de Usaquén, en 2010 buscaron al que muchos consideran el mejor diseñador industrial colombiano: Alberto Mantilla. Si usted no lo conoce por su nombre, de seguro ha visto sus diseños. De él son el salero y el pimentero Hug (El abrazo), uno de los objetos más vendidos en el Museo de Arte Moderno (MoMa) de Nueva York, y el que le valió en 2003 el Premio Idea de Plata, concedido por la Sociedad Americana de Diseñadores Industriales. Este es el más reconocido de los muchos que tiene, pero su talento no se detiene ahí: la cuna que hizo cuando nació Mateo, su hijo mayor, fue catalogada por la revista Time como el mejor diseño del año en 1998; unos años más tarde su visión de la alcancía clásica de marranito le valió una mención de honor de la revista ID Magazine, y en 2008 su diseño del reloj Vapor 300, de Nike, se ganó el premio a la excelencia del diseño Internacional.

Lo primero que Alberto Mantilla fabricó en la vida fueron sus juguetes. El plan con su mejor amigo de infancia, Fernando Duarte, era desbaratarlos para armar carros con tapas de crema de dientes. Fernando era el menor de siete hermanos y venía de una familia de artistas. El contacto con la pintura, la escultura y la cerámica que Mantilla tenía en la casa de su amigo fue crucial en la formación de su carrera.

También lo fue el artista Carlos Rojas. En su casa pasó muchas tardes de infancia. Recuerda que coleccionaba desde bonsáis hasta bolas de cristal antiguo. Alberto dice que cada vez que llegaba a la casa de Rojas se enamoraba de alguna cosa. Jugaba toda la tarde con ella y, cuando ya era hora de irse, el artista, quien había estado atento a los juegos del pequeño, se la regalaba. Así él empezó sus propias colecciones.

Alberto dice que esas tardes entre las colecciones del artista y los días en el hogar de la familia Duarte, constituyeron sus primeros estudios de historia del arte y del diseño. Por esa misma época, Rojas Pinilla mandó a construir el monumento a Los Héroes en Bogotá. Se acuerda de que lo impactó mucho el gran tamaño de la obra.

Por eso, cuando el equipo de Zona D llegó hasta su oficina de la calle 26 con avenida 11, en el centro de Manhattan, para proponerle intervenirlo, Alberto aceptó de inmediato. Asegura que para él es un honor trabajar en ese monumento, una de las puertas insignias de Bogotá.

Dice que el proceso de diseño comenzó hace meses. Con la ayuda de fotos y de planos se empezaron a intercambiar ideas entre Bogotá y la Gran Manzana. Una de las que más fuerza ha tomado es la de convertir el monumento en una especie de mesa. Encima se verá el salero y pimentero de este colombiano radicado en Estados Unidos hace más de treinta años, uno de los pocos que puede asegurar que fue tras el sueño americano y se le cumplió.

Se montó en el avión recién graduado de diseño industrial la Pontifica Universidad Javeriana. De esos años universitarios recuerda que su  generación fue como una especie de conejos de laboratorio. A mediados de los años ochenta era poco lo que se sabía de diseño.

Mientras mira sin parpadear el monumento de Los Héroes que tiene al frente, cuenta que fue gracias al empeño de los maestros Rómulo Polo, Jaime Gutiérrez Lega y Emilio Escobar que se les empezaron a abrir las puertas. Ellos ayudaron crear fábricas y fortalecieron las relaciones con el gobierno. Los estudiantes empezaron a ir al Sena a estudiar mecánica, soldadura, metalmecánica y una variedad de clases más que hoy Alberto considera fueron claves en su desarrollo como diseñador.

Antes de vivir en Nueva York donde hoy es el dueño de Curve ID y Mint, dos de las empresas de diseño más reconocidas en Estados Unidos, Alberto vivió en Los Ángeles, donde, entre otras ocupaciones, se ganaba la vida parqueando carros en el valet parking del restaurante japonés Yamachiro.

Alberto es sencillo. Desde el piso 16 del edificio en el corazón de la moda y el diseño neoyorquino, donde quedan sus oficinas, no olvida sus orígenes. Cada vez que puede dice que es bogotano y que a Bogotá le debe todo. El valor del salero y pimentero que se abrazan, más que en el diseño, está en el significado que hay detrás. Alberto, quien siempre tiene un pedazo de arcilla o plastilina para moldear cosas al lado de su computador, se obsesionó con el tema después del atentado a las torres gemelas en 2001. La tragedia lo hizo reflexionar en el opuesto de las cosas: en los buenos, en  los malos, en los negros, en los blancos, en los racistas, en los antirracistas. Al hacer que estas dos figuritas fantasmales se abrazaran creó también un sinnúmero de interpretaciones posibles.

Dice Alberto que es impresionante pararse en la tienda del MOMA a ver la reacción de la gente. Unos lo ven como un símbolo de amistad, otros como una especie de ying yang, y otros como forma de apoyar la tolerancia racial.

Si todo sale como lo esperado, en febrero del próximo año este salero y pimentero estarán adornando la fachada del monumento a Los Héroes de la calle 80, y los bogotanos podrán darle toda clase de significado posibles. El interior de la edificación, donde los espacios son amplios y limpios, será adecuado como una sala de exposición donde se verá el trabajo de diseñadores colombianos y de otras partes del mundo. En el último piso se hará un pequeño bar que estará abierto durante los 17 días que dura la exposición.

Una vez se termine la feria, los héroes de Zona D, quienes se pusieron en la tarea de recuperar el monumento, se lo cederán a la Alcaldía de Bogotá, restaurado y listo para ser aprovechado como el centro cultural que alguna vez pretendió ser.

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