BEMOLES – Último concierto del festival de Cartagena

BEMOLES – Último concierto del festival de Cartagena

17 de enero del 2011

Qué bien escogidas las tres piezas del último concierto del festival, realizado en la noche del sábado en el teatro Adolfo Mejía. Además, los solistas y los grupos que intervinieron dijeron adiós a esta quinta versión a sabiendas de que debían hacerlo en forma óptima. La orquesta City of London Sinfonia con la colaboración de músicos colombianos de diferentes procedencias cerraba su ciclo de tres años, tal como lo anunciaron los organizadores, que siempre han buscado variedad en la plantilla de artistas invitados, para bien del máximo certamen anual de música erudita en nuestro país.

Pero antes de entrar en detalles, vale la pena registrar lo sucedido al mediodía en la sala Pierre Daguet de Unibac, cuando seis de los violinistas extranjeros interpretaron como a manera de resumen las tres partitas y las tres sonatas para violín solo cuyos sonidos se habían escuchado a lo largo de la semana. Seis artistas, seis obras diferentes, ante un público diferente al del festival, compuesto en su mayoría de jóvenes de diferentes partes del país, quienes tuvieron la suerte de recibir clases durante toda la semana de estos y otros profesores de la orquesta inglesa. Una rara oportunidad para los afiebrados del violín.

Volviendo al tema principal, no pude dejar  que mis pensamientos volaran con un poco de nostalgia al recinto del conservatorio de la Universidad del Cauca y un gran agradecimiento a mis profesores europeos, cuando escuché las primeras notas de la sinfonía concertante K 364 de Mozart, que bajo la dirección del  profesor Schneider, un austriaco que con su sola mirada nos indicaba a los alumnos avanzados un desafine o una equivocación, cuando tocábamos con nuestros profesores en la orquesta de cámara . El resultado de la reprimenda silenciosa era exitoso, pues simplemente había que estudiar y esmerarse al máximo. Claro está, que jamás  había escuchado esta composición con unos solistas tan refinados como Elina Vahala, en mi concepto la mejor violinista invitada y Roberto Díaz  violista principal de la orquesta de Filadelfia. Las cadencias de este dúo, como para repetir una y mil veces.

Después ocho instrumentos de cuerda en el escenario, 4 violines, dos violas y dos chelos para el octeto opus 20 de Mendelssohn, en cuatro movimientos, con el cuarteto Brentano y Allifranchini y Sussman (violines), Divall (viola) y el extraordinario Gary Hoffman (chelo). Para dar una idea de la calidad, aparte de la gracia y alegría del scherzo tercer movimiento, el presto final resultó como para escucharlo en el Carnegie Hall de New York.

La pianista Ángela Cheng había pasado un poco desapercibida en los programas de la semana musical. Por algo fue escogida para dar las últimas notas en el cierre, con el concierto No. 4 de Beethoven, como solista de la orquesta londinense. Su actuación satisfizo de tal manera al auditorio que los aplausos la obligaron a salir varias veces e inclusive el director Leyton pareció sugerir con sus gestos la repetición del último movimiento para complacer a los asistentes que colmaban el recinto, pero ella o no quiso o no entendió la señal. La señora Cheng demostró cómo se puede interpretar adecuadamente  a Beethoven sin exageraciones sonoras y se lució en las dos cadencias -originales del compositor-, además de haber demostrando su experiencia a lo largo de la obra con una digitación perfecta en los pasajes de virtuosismo y una sensibilidad superior en el corto movimiento lento. La orquesta por su parte lo hizo muy bien, mejorando con el paso de los días, tal como sucedió en años anteriores.

Cartagena de Indias, enero 16 de 2011

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