Bogotá como nunca la había visto

31 de mayo del 2014

Este domingo se estrena una ambiciosa serie que muestra la esencia de la ciudad desde diversas perspectivas.

Callejeando

Andrés Ospina llega a la conducción de Callejeando, un programa de Canal Capital y del Instituto distrital de Patrimonio dónde se reconstruirá la historia de Bogotá a partir de un recorrido en las calles.

El proyecto se basó en la idea original de Juan Camilo Ramírez, quien dirigió también el largometraje ‘Neonato’. La propuesta presenta entrevistas con los habitantes de cada barrio de la ciudad, recreación de los espacios urbanos en imágenes y muestras 3D, recreación de leyendas y enigmas bogotanos, recorrido por las vistas fotográficas del archivo del Museo de Bogotá y los retratos en movimientos de joyas arquitectónicas de la ciudad como La Puerta Falsa, la Iglesia San Ignacio, Cementerio Central, entre otros.

Los primeros 12 capítulos de esta temporada se dedicarán en el centro de Bogotá en los barrios Las Nieves, Las Cruces, Los Mártires, el Centro Internacional y la Plaza de Santamaría todos los domingos a las 9 p.m.

Hablamos con Andrés Ospina, columnista de Publimetro, autor de la novela Ximénez, sobre este nuevo reto de presentar.

Callejeando

¿Qué es Callejeando?

‘Callejeando’ es una idea original de Juan Camilo Ramírez, director, con libretos de Álvaro Perea. Se trata de un vistazo sensible a Bogotá con ojos detectivescos, en tiempos pretéritos, presentes, futuros ‘pluscuan-perversos’ y demás (risas). Son 13 capítulos para televisión, reflejados en una serie documental que podrán ver a partir de este domingo en ‘Canal Capital’, a las 9 p.m. y vía web en www.canalcapital.gov.co

¿Qué tipo de historias y personajes buscan en el programa?

Vamos tras aquellos seres, historias y secretos, a veces ocultos tras capas de asfalto, moho o contaminación, pero aun así llenos de magia y grandeza. Evitamos lo obvio y pretendemos, de manera empírica, una suerte de arqueología y antropología urbanas, aunque obviamente ninguno de nosotros es arqueólogo ni antropólogo. El argumento consiste en que mi abuelito me hereda un baúl lleno de fotos y yo voy por la ciudad redescubriendo dichos lugares en el presente y preguntándome cómo habrán de ser en el futuro.

¿Cuál Bogotá quieren mostrar?

La Bogotá de todos (pobres, ricos, menesterosos, ancianos, jóvenes, adolescentes y demás). Suena a populismo, pero les juro, con la mano sobre la Urbanidad de Carreño (y no es promesa de candidato a segunda vuelta o repechaje) que es cierto. Todo ello retratado por los ojos de nuestra talentosa fotógrafa, Viviana Gómez Echeverry.

¿En qué se diferencia de otros formatos que recorren la ciudad?

Es un programa ‘desparpajado’, como suele anotar Juan Camilo, director y fundador de esta iniciativa. Eso significa que carece de ese tono institucional, tan medicinal como la valeriana o la melatonina cuando sufrimos de insomnio. Aparte utilizamos técnicas de grabación interesantes, animaciones en 3d, grúas, ‘dollies’, reconstrucciones dramatizadas de momentos del pasado, ‘paisajes sonoros’ y un vistazo sin pretensiones de un bogotano cualquiera a la ciudad que habita.

 ¿Por qué acepta presentarlo? ¿Indagará sobre algunos temas de los que habló en el Blogotazo y Bogotálogo?

Generosamente nuestro director estimó que yo podría ser un presentador idóneo para la serie, honor que sigo agradeciéndole mucho. Aunque en principio no me expliqué por qué, el reto me resultó fascinante. Luego, ya como parte de la serie, me di cuenta de que en las investigaciones previas tanto ‘Bogotálogo’ como ‘El Blogotazo’ habían sido fuentes de consulta en preproducción, cosa que me resultó muy halagadora.

Callejeando

¿Ya había participado en proyectos audiovisuales, es la primera vez que presenta?

Es la primera vez que presento para televisión, aunque hice radio por más de 10 años. Antes fui libretista de un programa llamado ‘Culturama’ y también la hice como jurado de un ‘reality’ llamado ‘Motorockr Band’, grabado en Buenos Aires para el canal Fox. ¡Ahh! A mis cuatro años fui como público al programa ‘El Mundo de los Niños’, de Inravisión (1980); luego asistí, también como espectador, a ‘Pequeños Gigantes’ (1984). ¿Eso cuenta?

¿Memoria histórica de Bogotá mezclada con actualidad? ¿Cómo se llevará al público a esa Bogotá del pasado sin ser “aburrido”?

Al equipo de ‘Callejeando’ la institucionalidad le produce tanto sueño como a cualquier bogotano del común, así que la orden era evitarla a toda costa. Por lo tanto no se preocupen… No se parece al ‘Noticiero de la Cámara’ ni a ‘Educadores de hombres nuevos’. Si acaso, y sólo un poco, a ‘El pasado en presente’.

Además de presentar, ¿en cuáles proyectos trabaja, sigue en Publimetro y qué pasó con el Blogotazo?

El Blogotazo fue, en principio, un ‘blog’ al que le guardo cariño. Comencé con él en julio 14 de 2006 (día en que cumplí 30 años) y lo terminé en julio 14 de 2010, día en que cumplí 34. ¡Ya era hora! No obstante, mi cuenta en Twitter sigue siendo @elblogotazo y aún funciona. Publimetro es mi casa y un lugar por el que tengo mucho cariño, así que espero seguir ahí hasta tanto no me pidan que me vaya. Como decía un célebre expresidente: ‘En Publimetro estoy y en Publimetro me quedo’. Tan pronto termine esta barahúnda de Callejeando espero poder presentar una nueva novela, antes de que termine este año.

Lea también

“No podemos hacer un producto como los “Tres Caínes”

Callejeando

¿Por qué esa fascinación por temas bogotanos?

No lo sé. Creo que Dios, el cosmos, la rueda de la fortuna o quienquiera que lo haya decidido me situó en la ciudad correcta.

¿Cómo descubrió a su personaje central en Ximénez?

Hace muchos años, en una hemeroteca, sin tener nada mejor qué hacer, consultando un periódico de 1935, en donde se hablaba del suicidio de una señorita llamada Aminta Munar “en su casa de Chapinero”.

¿En su próxima novela seguirá con los temas de ciudad?

Sí. Aunque algún día cambiaré de tema, aun cuando sea un par de veces. El riesgo de repetirse es alto.

¿Su refugio en Bogotá?

Curiosamente no es en Bogotá, sino en La Calera. Un ranchito muy rústico, lleno de frailejones, que compartimos con Marcela, mi novia, con frailejones, bromelias, patos, gallinas, ovejas, vacas, burros y con Milo, nuestro perrito. Un buen lugar para vivir, y para morir también.

¿Qué es lo mejor de Bogotá?

Sus cerros orientales. Los miro y la tristeza se me adormece.

¿Y lo peor?

La desconfianza y falta de cordialidad de algunas de sus gentes. Deberíamos proponer entre todos un pacto de confianza y amabilidad. Eso cambiaría muchas cosas. Falta empatía. Por eso muchos pitan desde sus automóviles sin pensar que al transeúnte eso lo perturba.

¿Para qué narrarla?

Soy hablador y escritor compulsivo. Para mí es terapéutico. Como respirar. Y lo mejor de todo es que algunos me dan el honor de leer lo que escribo. También para paliar un tanto la enfermedad del olvido, diseminada viralmente por estas tierras. Pero, sobre todo, porque Bogotá merece eso y muchísimo más.

 @elBlogotazo

Callejeando

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO