Barbies perversas

Barbies perversas

22 de enero del 2011

La canción dice que las niñas están hechas de azúcar, especias y cosas bonitas. El rosa, la sonrisa perfecta, el rubio más platinado, la cintura diminuta y más rosa. Barbie es un algodón de azúcar perfumado, pero su alma es torcida como un torniquete ensangrentado. Detrás de una sonrisa perfecta y llena de colorete, se esconde una mujer de caucho con intenciones similares a las de Norman Bates de Psicosis, y la artista Mariel Clayton la retrató.

La mayoría de las niñas mueren por cumplir años y esperan navidad con ansias para recibir una caja color fucsia con letras blancas que asoman la figura de una mujercita miniatura siempre alegre y dispuesta a jugar. También a cocinar, a salir de compras, montar a caballo y por encima de todo estar con su amado Ken.

Mariel Clayton no lo ve así, se enfurece de solo pensar que la muñeca más vendida del mundo pueda ser el juguete preferido e imagen a seguir de cualquier persona. Mucho menos de una niña. Considera absurdo que el estereotipo cliché de la mona perfecta sea un imaginario estético de lo que una mujer quiera ver en el espejo.

Según ella, para ser un poco como Barbie, se necesitaría una piscina llena de peróxido para mantener el rubio perfecto y más de veinte y siete cirugías que perfilen cada parte del cuerpo. Una disposición constante de agradar sin importar las circunstancias y una fachada que solo puede esconder un vacío turbio.

Por lo general el ataque hacia Mariel viene de personas que piensan que su manifestación agresiva hacia las muñecas de Mattel, es la más clara muestra de feminismo. Curiosamente la artista no se declara fanática de ninguna fila sexista, por el contrario, cree que ambos extremos son estúpidos porque desconocen la realidad del ser. Cree que hombres y mujeres son diferentes, pero que eso no quiere decir que haya uno mejor que otro.

Sin embargo la representación concreta de Ken en su obra titulada Bad Barbies, siempre deja al pobre novio de la muñeca simulando imágenes que solo podrían encontrarse en las fotos de un departamento forense. Sangre, vómito y diferentes secreciones humanas son ingredientes frecuentes en las composiciones de Clayton, que suelen sorprender no solo por lo chocantes, sino por su contradictoria limpieza en el resultado final.

Adicional a Bad Barbies, su otra obra titulada Danbo, incluye partes mutiladas de la muñeca y personajitos hechos a partir de cajas de Amazon.com interactuando con ellas. La crítica al consumismo de la mano de dos grandes campeones del mismo.

Clayton ha recibido cartas amenazantes, en su totalidad de mujeres furiosas que no les cabe en la cabeza que una compañera de género pueda crear algo tan desagradable y poco femenino, mientras que por lo general son hombres quienes parecen entender el humor macabro que tienen sus fotos.

Mariel Clayton sonríe al ver su obra, indiferente de lo que la gente piense, feliz de chocar y estremecer las emociones de quienes se topan con sus Barbies de cachetes rosaditos y manos ensangrentadas. En su cabeza se imprime la frase: Dulce y pequeña Barbie, la psicópata.