El agua en veinte imágenes

25 de enero del 2012

Del 19 al 31 de enero estará expuesta en el Salón Lancaster del Hotel Lancaster House y Apartasuites de Bogotá la exposición fotográfica “El Agua que fluye” del reconocido periodista y fotógrafo Enrique Patiño. La muestra que está conformada por 20 imágenes en gran formato abordará el tema del agua desde una óptica distinta a […]

El agua en veinte imágenes

Del 19 al 31 de enero estará expuesta en el Salón Lancaster del Hotel Lancaster House y Apartasuites de Bogotá la exposición fotográfica “El Agua que fluye” del reconocido periodista y fotógrafo Enrique Patiño. La muestra que está conformada por 20 imágenes en gran formato abordará el tema del agua desde una óptica distinta a la de la necesidad o el placer cotidiano. Va más allá del discurso ambientalista, y se sustenta en el arte de la fotografía para interpretar el elemento a partir del ser humano, y plantea nuevas definiciones a partir de términos conocidos como sequía, inmersión, ahogo, evaporación o naufragio, entre otros

Algunas fotografías fueron realizadas a personajes como la cantante Adriana Lucía, la cantante y actriz Natalia Bedoya, la actriz de teatro Alejandra Borrero, la actriz de cine Martina García y la modelo Ángela María Roa, entre otras. La mayoría fueron hechas como parte del trabajo periodístico del autor.

Según Enrique Patiño “La técnica usada es el blanco y negro, para destacar la presencia del ser humano por sobre la del elemento. Estas fotos forman parte de un proyecto en desarrollo, y es la primera parte de un trabajo que buscará incluir a otros artistas interdisciplinarios”

“Lo más bello fue comprobar cómo se reventaban de luz las pequeñas gotas que se esparcían por doquier. Fue un goce. Absoluto y breve. El agua siempre es una fiesta”

Con esta exposición se abre oficialmente un nuevo escenario cultural en la ciudad para los capitalinos y extranjeros.

Más del 60 por ciento de lo que llamamos “ser humano” está conformado por agua. Sin el líquido es imposible la vida de todas las especies, no solo para el hecho de sobrevivir (solo es posible soportar tres días en condiciones de calor sin beber una sola gota y perder un 7 por ciento de agua puede significar la muerte) sino para crear la vida: todos los organismos existentes provienen de esta. Durante eras, las moléculas de agua se han evaporado, condensado y vuelto a caer sobre la tierra para regar la tierra. Los ríos, lagos y mares determinaron los asentamientos humanos a lo largo de los siglos y ahora son fuentes de energía y están provocando fuertes disputas por la tenencia de tierras. La sed es el problema que afrontará la especie humana en un futuro cercano, un futuro que en algunos casos ya es presente, como en el cuerno de África, donde en 2011 la sequía obligó a migraciones masivas y significó la mayor tragedia humanitaria del año.

El agua y la sed nos conciernen. A la primera porque la necesitamos a diario. A la otra, porque la sentimos con apremio sin pausa toda nuestra vida. El hecho de que sean tan frecuentes y tan cotidianas, y que al mismo tiempo vivamos en un periodo de escasez creciente, nos ha distanciado de la posibilidad de interpretarlas con otras ópticas distintas a las de la necesidad o el placer.

No hay persona que no se transforme cuando entra en contacto con el agua. En la ducha, en el mar, en los ríos, la gente asume una actitud de contemplación reverencial o de súbito goce ante la presencia del elemento. Si somos agua por origen y por composición, si hemos definido el mundo y nuestro lenguaje a partir de sus términos, si ha determinado la agricultura y las ciudades, permitido la exploración y la conquista, provocado la muerte y permitido el surgimiento de nuevas especies, alterado los ciclos y determinado las migraciones, entonces ¿por qué no darle un sentido estético que nos involucre, nos comprometa con ella y nos recuerde que también somos gota, oleaje, inmersión, marea, agua, cuerpo de agua, isla, acantilado o río?

El agua en esta exposición va más allá de un discurso político o ambientalista, de una consigna de conservación justificadamente alarmista o de una exaltación de sus virtudes. Es, por el contrario, una interpretación desde el ser humano de lo que es o significa su presencia. Nosotros como el agua. Nosotros de vuelta al líquido para rendirle una explícita reverencia y para entenderla de una forma distinta, esta vez no a partir del elemento que nos transforma sino del ser humano que transforma al elemento y es parte de él para interpretarlo con libertad.

Estas imágenes son apenas la punta del iceberg del proyecto personal que desarrolla el autor alrededor del tema El agua y la sed, que incluye un blog personal de imágenes y textos, una novela, y el impulso de un movimiento artístico interdisciplinario que reconvierta el manido mensaje ambientalista en una propuesta creativa y propositiva sobre los recursos naturales, siempre ligada al arte.

Enrique Patiño nació en Santa Marta y hasta los 18 años vio, desde la tienda de sus padres, el mar. La influencia del paisaje fue determinante en su vida, aunque solo ha sido consciente de ello en los últimos años: su hija nació en el agua, su boda fue frente al mar, sus salidas buscan siempre lagos o ríos, y su blog personal, así como parte de su obra literaria en curso, giran en torno al tema de este elemento natural. Estudió periodismo en Bogotá, viajó y residió en países como Suiza, Italia, Estados Unidos y España, fue becario del Programa Balboa en Madrid, de la IJP en Alemania, de la Comisión de la Delegación Europea en Bélgica, y se ha desempeñado como periodista y editor en el diario El Tiempo, en la revista Semana, en el Ministerio de Cultura, en la guía DC y en la revista Diners. Entre otras menciones fue ganador del premio de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) a Mejor Crónica de Las Américas, del concurso de cuento Libros y Letras 2011 y su blog fue nominado entre los mejores en español en los premios The Bobs. Su trabajo paralelo con la fotografía lo ha revelado en los últimos años.

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