El perro de un millón y medio de dólares

29 de mayo del 2011

La leyenda china cuenta que los mastines tibetanos bajaron del cielo para salvar a las personas. En realidad, estos perros eran exclusivos de la nobleza, y por eso crearon una historia que los separara de cualquier otra raza. Sagrados o no, siempre han sido representantes de grandeza y prosperidad. Buda tuvo uno, Genghis Khan armó […]

El perro de un millón y medio de dólares

La leyenda china cuenta que los mastines tibetanos bajaron del cielo para salvar a las personas. En realidad, estos perros eran exclusivos de la nobleza, y por eso crearon una historia que los separara de cualquier otra raza. Sagrados o no, siempre han sido representantes de grandeza y prosperidad. Buda tuvo uno, Genghis Khan armó un ejército con ellos, y hace poco un multimillonario pagó un millón y medio de dólares por el mejor ejemplar que se haya visto, haciéndolo, además, el perro más caro del mundo.

Hong Dong es un peluche gigante, colorado y lleno de vida, pesa casi noventa kilos, mide noventa centímetros, tiene sólo once meses y es considerado un espécimen perfecto en términos genéticos. Su criador, identificado como Mr. Lu, dice que aún cuando lleva años en la búsqueda de perfeccionar la raza, jamás imaginó que uno de sus animales llegara a este precio. Mr. Lu dijo que el comprador era un hombre dedicado al negocio del carbón, y que con seguridad obtendría muchos beneficios al haber adquirido a Hong Dong, no sólo por la buena fortuna que estos perros llevaban, sino porque ya se cotiza su precio como semental: cien mil dólares la monta.

Se dice que fue Marco Polo el que descubrió a los mastines tibetanos en el siglo XIII, los describió enormes, del tamaño de un burro y con la melena y el rugido de un león. El precio que el multimillonario pagó los sitúa como un artículo de lujo comparable a una joya o un carro, y puede ser cierto: el mastín tibetano descendió del lobo hace 85 mil años, convirtiéndolo en una de las razas más antiguas de la historia.

En la actualidad, sólo quedan trescientos ejemplares de la raza, y sus cuidados hacen que cada vez sean más escasos. Su dieta es orgánica y consiste en callos y cabezas de pescado hervidas, cáscaras de huevo pulverizadas, aceite de hígado y huesos crudos para limpiar sus dientes. Hong Dong prefiere la carne o el pollo adobado con pepino del mar y especies chinas. Viven catorce años y sólo tienen una camada al año, y es la raza que menos problemas genéticos tiene.

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