“El problema es que sólo tenemos dos canalitos de TV”

“El problema es que sólo tenemos dos canalitos de TV”

10 de enero del 2014

Es académico respetado y crítico consumado. Sus comentarios hoy en El Tiempo y antes en El Espectador lo han consagrado como un analista de medios respetado e imparcial.

Ómar Rincón es –además- profesor universitario, periodista, y un observador acertado de la evolución de la televisión.

Sin embargo, no se toma en serio –cuando se refiere a sí mismo- más por su buen humor que por humildad. “Yo llegué a esto –dice- por equivocación y por rosca. Por equivocación porque yo quería ser inteligente y traté de estudiar comunicación en la Javeriana. Terminé hablando de farándula, para muchos un mundo light y despreciable, donde no se habla de temas serios”.

“De pronto lo que descubrí es que lo light y la farándula son un lado muy importante para pensar la sociedad. Uno puede determinar qué valores son los que funcionan, desde dónde se está hablando y mirando la sociedad. Si un programa tiene rating, la pregunta mía es, –‘qué porquería’, parece–, pero yo me pregunto por qué tiene rating. Y averiguándolo descubro formas de ser de Colombia. Creo que encontré un mecanismo que son los medios de comunicación, la farándula y todo este tipo de cosas para ver el mundo”.

Rincón se sorprende por los éxitos de la comunicación, el papa Francisco el más importante por estos días: “Una iglesia pedófila y ladrona se convirtió en una iglesia de los pobres, a punta del chamullo argentino que tiene este Papa (el verbo, la carreta, el cuento)”.

Hablando de la televisión colombiana, ¿caben las feas?

A las feas no les hablan, pero inteligencia y una buena conversación mata apariencia. Después cabeza mata silicona. Cuando se hizo ‘Sin tetas no hay paraíso’, el presidente de Caracol dijo que era una novela educativa, para que las mujeres no se pusieran tetas. Entonces yo le escribí diciendo que sacaran a todas las que tuvieran silicona de Caracol. De haberlo hecho se hubieran quedado sin presentadoras.

En la televisión todas las presentadoras tienen que ser bonitas. Los hombres casi todos son feos. Y los galanes feísimos. De pronto dos o tres bonitos: Manolo Cardona, Sebastián Martínez y de pronto… no, mentiras… el otro ya se dañó.

¿Y cuáles son los galanes colombianos?

La gran figura era Miguel Varoni. También Robinson Díaz. Hasta a Luis Eduardo Arango lo hemos tenido de protagonista. Lo que le toca al colombiano es ser chistosito. Si no es bonito tiene que ser agraciadito.

¿Cómo ejercer una crítica tan fuerte y dormir tranquilo?

Llevo 15 años, primero en El Espectador y ocho años en El Tempo. Es terrible porque hay gente que no me quiere, pero en el fondo sí me respetan porque no me meto con las personas, con la vida íntima de nadie. Veo una novela, veo un programa y hablo del programa sobre lo que a mí me parece, aunque pueda estar equivocadísimo.

Omar Rincón, Kienyke

¿Qué tan cerca o tan lejos está de ser la Negra Candela?

Ella sabe mucho más de televisión, sabe quién es quién. Yo no. Otra diferencia es que ella es fanática de la televisión, ella la vive con pasión. Yo de mi parte soy analista, opino con distancia. Entonces, la distancia me permite que las cosas que no me gustan las pueda defender. O sea, yo puedo llegar a defender cosas que no me gustan. En cambio la Negra Candela dice que eso está mal porque está mal y es un concepto personal de ella.

¿Es complicado ejercer su trabajo?

Se volvió problemático. A los medios les produce enemigos. A nadie le importa un crítico de cine (Dustin Hoffman no se pone bravo). Críticos de teatro no existen en el país porque nadie va a teatro. Pero criticar a la gente de televisión puede ser un infierno.

Por eso los periódicos prefieren no contratar críticos de televisión, porque afectan las relaciones sociales porque la farándula y el periodismo están muy pegados.

¿Pero hasta qué punto se generan problemas?

En Colombia somos muy diplomáticos, nos hacemos pasito. Aquí criticar en público es de mala educación. Usted pretende enfrentar a un uribista y a un santista y terminan siendo excelentes amigos, que se elogian y abrazan. Nos parece de mala educación disentir en público.

Me ha pasado –y es una cosa divina de este oficio– que me han quitado el saludo porque critiqué a alguien hace diez años. Y siguen bravos conmigo.

Usted ha criticado muy fuerte los realities shows…

La gente que sale es patética. A veces parece una película de terror colombiana. Uno sufre mucho. Uno se la pasa sufriendo con gente que no tiene talento pero sí buena voluntad.

Lo que censuro es que los jurados pretenden lucirse más que los invitados y se burlan –de manera clasista- de cada uno. Con sorna dicen “estás divina”, cuando sugieren “cómo estás de gurre”. En un reality, los jurados son los protagonistas.

¿Y el más burdo es Jose Gaviria?

Gaviria se cree un niño muy inteligente, de clase alta bogotana, que tiene gustos muy propios. Y la Azcárate tiene incontinencia verbal y por lo mismo comete muchos errores.

Paola Turbay es como Margarita Rosa de Francisco, está más allá del bien y el mal. Paola ha sabido comportarse en su historia como una lady. Por eso hay gente con la que uno no se mete, son íconos que debemos respetar, como Pepe Sánchez.

¿A los demás los puede atacar con más saña?

No. Subjetividad. Creo que solamente he cometido un irrespeto, y me costó. Hice un comentario, una frase de esas de chistosito. El tipo se molestó y me vi obligado a darle la razón.

Para exorcizar, ¿de quién se trata?

No, no se puede decir, pero creo que la palabra que toca redefinir es respeto. Me parece que es clave.

¿Es buena o mala la televisión colombiana?

Es buena en ficción, en telenovelas. Hemos tenido hits mundiales: ‘Betty la fea’, ‘Café con aroma de mujer’, ‘Sin tetas no hay paraíso’, ‘El cartel’, toda la narcotelenovela, aunque no me gusten todas. Son bien hechas.

Hacemos bien técnicamente los informativos, que es distinto a hacer buen periodismo. No sabemos hacer musicales. Estamos aprendiendo alguito de televisión infantil. Estamos aprendiendo a hacer televisión de concurso.

Es el efecto de tener sólo dos canales, dominando. Venden empanadas y no exploran más.

La televisión pública está dedicada a hacer política. Los canales locales están en favor de los gobernantes de turno.

No producimos canales de cable bien hechos. Los canales son patéticos, incluyendo Claro Televisión y Une. No tienen producción propia. Creo que ahí hay problemas y es que el monopolio ha sido también de la mente. No nos atrevemos a hacer nada diferente.

¿Usted tiene los datos de cuántos colombianos están pegados a la televisión por cable?

Caracol y RCN dan cuenta del 60 % del rating nacional. El 40 % ya está en cable, que es bastante, pero ninguno marca más de 2 ó 3 puntos, cada uno tiene un nicho de un punto. Por eso a Caracol y RCN no les importa nada. Porque ambos están dominando un mercado por monopolio. RCN o Caracol pueden fracasar en 10 telenovelas y no les pasa nada. No echan a nadie, la industria no se quiebra…

Pero 40 % es una tajada considerable de gente que ya no ve esos canales…

Claro, deberían estar preocupados, pero para el negocio que es la publicidad no les afecta….

Vea lo que pasó con ‘Los tres caínes’, se retiraron 22 anunciantes. Es la primera vez que pasa eso en Colombia. Y RCN cínicamente dijo “me importa un carajo lo que ustedes hagan”. La próxima vez que vengan a pautar conmigo, yo les pongo problema. El problema es que sólo tenemos dos canalitos.

¿Cuándo se romperá el monopolio de esos dos canales de televisión?

Es una decisión política y no se ha dado. El tercer canal debía iniciar el 1º de enero de 2009. Y el expresidente Uribe comenzó a manipular eso, lo llenó de tantas arandelas, le pusieron tantas reglas, que lo hicieron imposible. Después vino el presidente Santos, acabó con la Comisión Nacional de Televisión y en la nueva ley le pusieron tantas bobaditas a la cosa que es casi imposible sacar otro canal. Lo simple sería una subasta pública, pero le están sacando el cuerpo.

¿Cuánto se ganan RCN y Caracol?

El cálculo que hace Daniel Coronell es que 20 millones de dólares por mes. Por eso no les conviene un tercer canal. Por eso prefieren pagar abogados que pagar competencia.

La última vez se unieron Caracol y RCN para presentar a sus abogados, ellos que nunca habían hecho un noticiero juntos, pero sí lo hicieron para hablar mal del tercer canal.

¿Hay grandes estrellas en la TV colombiana o sólo estrellitas?

Creo que se ha vuelto fatal la televisión colombiana porque no se volvió a tener como referente. Dígame un periodista bueno de la televisión. Juan Eduardo Jaramillo y Vicky Dávila son presentadores, gente que lee un libreto. No son periodistas que hayan hecho absolutamente nada. Antiguamente uno tenía a Javier Darío Restrepo en un noticiero, tenía a Germán Castro Caicedo, a Mauricio Gómez.

Hoy tenemos presentadores. En la ficción tenemos grandes estrellas, pero como en Colombia no hay sindicatos de actores ni de libretistas, no hay nadie que los defienda. Se produce barato, somos maquila TV. Pero a cuenta de qué, de que un técnico entra a las 3 am y sale a las 3 am del otro día por el mismo salario. O que un actor vende todos sus derechos por 10 millones de pesos y no se puede hacer nada.

A propósito, ¿qué piensa de Canal Capital?

A mí me parece que Hollman Morris lo ha hecho bien en el sentido de ponerle ganas. La ciudad piensa que nuestro canal es City TV. Eso es un error alucinante, porque estamos pensando que el privado es el nuestro, no el público. El único que le puso cuidado fue Samuel Moreno por un programa que se llamaba ‘Samuel en la calle’. Y anunció lo que iba a pasar, Samuel en la calle, fuera de la alcaldía. Hollman Morris le ha puesto vida, energía. Ha hecho una apuesta en Derechos Humanos, en la franja de memoria, lo que se me hace impresionante. El problema es nos queda debiendo en calidad televisiva.

En noticias, ¿mejor Caracol que RCN?, ¿o viceversa?

Es que no se diferencian. El problema es que yo trato de encontrar diferencias. Pero estas son sólo de look. Que uno habla más lento, que el otro se pone más escote, el otro se baja más la falda. Pero no veo ni periodismo. Ni agenda. Ni diversidad de géneros periodísticos. No hay crónica, no hay reportaje, no hay entrevistas, ni perfiles. El periodismo es muy simple.

Y lo peor: a nadie se le puede soltar un noticiero sin telepronter. Se muere…