La actriz que aprendió a manejar el cuchillo como ‘Mireya’

La actriz que aprendió a manejar el cuchillo como ‘Mireya’

3 de septiembre del 2015

Con acento paisa y una levantada de ceja ella dice: “¡Uy, pero que violencia parce!”, esa es la frase más famosa de Mireya o ‘Mireyita’,  el personaje que interpreta la actriz de 24 años, Jennifer Arenas, quien ya ha participado en cuatro películas y varias series de televisión. Nació en Medellín pero hace siete años vive entre el frío de Bogotá.

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Con un pantalón negro ajustado, una blusa de color palo de rosa que resaltan sus hombros, unas botas de tacón grueso y su melena que finaliza en unas californianas, Jennifer nos abre la puerta de su apartamento, nos saluda con  acento paisa, fuerte y marcado. Antes de invitarnos a seguir salen de la nada sus dos mascotas, Molly y Lupe, dos perras adoptadas  que hace un año le robaron el corazón.

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Al sentarnos en su amplia sala, Jennifer se acomoda con un cojín detrás de su espalda, la percibo seria, su rasgos son muy marcados, es una persona reservada, al menos al principio, y en su mirada y su voz descubro varios rasgos de  Mireya, la mujer que veo a las diez de la noche en televisión.

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Cruza la pierna izquierda, me mira fíjamente y dice: “Me llamaron para castiar Lady, me fue bien en todos los casting pero al final el director de casting  y la productora siempre vieron en mí cierta habilidad para hacer un personaje fuerte, vieron en mí a Mireya”.

Le preguntaron si estaba capacitada para interpretarla, ella dijo que sí y después de esperar y hacer pruebas fue seleccionada para el papel.

Sus respuestas son cortas, porque no quiere extenderse e irse por otro lado en la conversación. Retira del sofá un cojín rojo y lo deja a un lado, se coge la melena y la voltea a un lado de la cara y se queda un rato peinándola con sus manos, ese movimiento lo repite constantemente.

De pronto sonríe, sus gestos serios desaparecen, refleja un aspecto más angelical: “En el colegio era muy necia, muy indisciplinada, era la que armaba el desorden, la que me levantaba frente a todos y les decía: ¡hey! ¿A qué vamos a jugar? Cuando el profesor no estaba en la clase tenía un parche de cuatro amigas  y la pasábamos  muy bueno”.

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Estudió en el Colegio Francisco Restrepo Molina de Envigado, nunca fue una niña grosera ni rebelde, pero sí era irónica  con sus profesores. Cuando la pillaban haciendo alguna maldad ella nunca lo negaba.

“La época del colegio, cuando era líder y tomaba decisiones, me sirvió de ejemplo para interpretar a Mireya”. Jennifer se hace respetar cuando la ofenden, dice que analiza muy detalladamente a una persona y es capaz de ponerla en su sitio con un par de palabras.

Mientras inclina su brazo derecho hasta su hombro y mira hacia su habitación,  levanta sugestivamente una ceja y dice: “No puedo ser hipócrita con las personas que juegan con la amabilidad de la gente. Mi familia me dice: tú no tienes que hablar, con la mirada ya se sabe a qué se atienen”, responde con una leve sonrisa.

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¿De dónde viene la frase ‘uy, pero que violencia’

La frase insigne de Mireya en la serie es un invento de Sergio Andrés Vásquez,  un amigo muy cercano a la familia  de Jennifer, que usaba el ‘Uy, pero que violencia’ para reclamarle a sus amigos o tomarles el pelo.

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“Para construir el personaje de Mireya, me fui para Medellín, y con Carlos Henao, el escritor del libro ‘La vendedora de rosas’, vi las películas paisas de esa época, los vídeos que hacían ñeros en la calle, la imagen me llevaba a representar una expresión corporal,  me asesoré de una persona de combate escénico para las escenas de fuerza, de esa manera nació Mireya’.

Mireya, según Jennifer, es una “nena cuchillera” que todo el día está prevenida, no le gusta que la desafíen, la mayor parte del tiempo está pensando en vengarse de quien le dejó una cicatriz en la cara.

“Lo más difícil fue sentir la calle misma, sentir ese pavimento no fue nada fácil, Jennifer y Mireya vienen de dos mundos muy distintos, leer los textos que hablaban de puñaladas y de muertes fue difícil porque me tocó entender cuál es esa motivación que siente una persona que quiere apuñalar a alguien”, dice, asombrada, Jennifer.

Deja de cruzar las piernas,  se inclina hacia adelante mientras los brazos caen sobre las piernas y comenta una anécdota que le sucedió con una actriz en  plena grabación.

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“En la escena del reformatorio me peleo con Deysi, porque ella me tendió una trampa y me mojaron con un líquido negro en la cabeza, así que me tenía que pelear a los golpes, y ensayamos dos a tres horas cada dos días la escena, y después no teníamos aún una escena real, así que llegó un momento en el cual nos jalamos el pelo de verdad, hasta que nos tocó parar porque se trataba de una actuación”.

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Jennifer habla sin tapujos como buena paisa, no tiene pelos en la lengua, y de su papel de Mireya tiene mucho que decir.

“Me veía muy fuerte, yo no soy una persona que me maquille demasiado, ni siquiera las cejas, me tinturaron el cabello de negro y me vi al espejo y  dije, ¡uff! que rara me veo”, dice Jennifer a quien le sorprenden las pintas con las que Mireya salía a la calle.

“Mireya no puede ser más boleta en su forma de vestir, en los primeros capítulos sale con una chaqueta grande de rayas,  con un leggi de cuero y una gorra fucsia con taches dorados, yo decía, parezco un arbolito de Navidad”, cuenta Jennifer, quien también es cantante y compuso  el tema ‘Sueños Cumplidos’ para la novela.

“Quisiera interpretar más adelante a una mujer ingenua, nada calculadora, ni vengativa, más blanca, explorar  otros personajes, aunque nadie lo crea, Mireya es noble pero tiene mucha malicia.”

A Jennifer no le gusta de su personaje que es demasiado vengativa, habla muy feo, se ve vulgar y no es nada femenina.  “No soy la niña más gomela del mundo pero tampoco tengo calle, me considero una persona normal”, confiesa Jennifer

Hace una semana la gente la empieza a reconocer en la calle y le dicen: “hey Mireya, regálame una foto, ¡uy, pero que violencia!”. A ella le da risa y les contesta: “Bueno, está bien parcero.”