Las mejores y peores películas del Festival de Cine de Cartagena

Las mejores y peores películas del Festival de Cine de Cartagena

4 de marzo del 2011

Empezaremos por las mejores, que son mayoría. Los cortometrajes de Carlos Cuarón, Pablo González y Guillermo Arriaga nos servirán como preámbulo: The Second Battery Attack, de Carlos Cuarón, cuenta la historia de una joven pareja de casados que deciden atracar una hamburguesería luego de despertarse hambrientos una noche de diciembre. El corto es protagonizado por la famosa actriz norteamericana Kirsten Dunst y está basado en un cuento de Haruki Murakami, escritor japonés, que no ha otorgado los derechos de reproducción cinematográfica de sus libros a ningún director de cine.

Esto es un revolver, de la joven promesa del cine colombiano Pablo González, trata sobre dos hermanos sumidos en el mundo del crimen bogotano que de pronto se encuentran en un enfrentamiento de dos bandas y se ven obligados a matarse el uno al otro. El corto de González fue muy bien recibido por la crítica y su innovador enfoque de la violencia colombiana ha sido motivo de elogio por parte del público del festival. El pozo, cortometraje del prestigioso Guillermo Arriaga, escritor de películas tan aclamadas como Amores Perros y Babel, narra la historia de un viejo campesino en la época de la Revolución Mexicana que ha perdido sus hijos y trata de evitarles a sus nietos el sufrimiento que vivieron sus papás. Este corto forma parte de una serie de películas del cine mexicano en la que se intenta aproximar el tema, con una actitud crítica y profunda, de la Revolución y la Independencia Mexicana ahora que se cumplen el centenario y el bicentenario de estas dos gestas. Los cortometrajes fueron presentados ante un gran público en el Teatro Adolfo Mejía y, después de la función, hubo una rueda de prensa en la que participaron tanto Guillermo Arriaga como Carlos Cuarón y Pablo González.

Salvo Basile, director del festival, y el guionista y director mexicano Guillermo Arriaga.

La Revolución fue una de las películas más esperadas del país invitado especial, México. Es una reunión de cortometrajes de jóvenes directores de cine mexicano que creó mucha expectativa por la gente que trabaja en ella: Gael García Bernal, que se estrena como director con su cortometraje Lucio, acerca de un niño mexicano que por primera vez tiene dudas de su religión al percibir lo dogmática e intransigente que puede ser. Diego Luna (el actor de Y tu mamá también y director de Abel), Rodrigo García (el hijo de García Márquez, que se nacionalizó como mexicano) y Carlos Reygadas, a quien vimos saliendo del bar Quiebracanto junto a su colega Nicolás Pereda (el Festival le está haciendo un homenaje presentando una retrospectiva de su obra, extraordinario logro si se tiene en cuenta que no tiene más de 35 años).

Una película muy buena que se estrenó en el festival fue la nueva obra del colombiano Carlos Moreno, joven promesa del cine colombiano, creador de la exitosa Perro come perro.  Este largometraje ya se había exhibido en el prestigioso festival de cine independiente de Sundance, donde fue premiado a Mejor Fotografía. En Cartagena hizo su hizo debut con el público colombiano en una rueda de prensa que se celebró el domingo por la mañana. La película narra la historia de un campesino colombiano (interpretado por el actor de teatro y de cine Álvaro Rodríguez) en el pueblo de Andalucía, que el día de las elecciones del 2009 se encuentra una pila de cadáveres en medio de su campo mientras está labrando. Carlos Moreno contó que la historia estaba vagamente inspirada en un hecho real que sucedió en Colombia. También dijo que su intención era denunciar la indolencia que se ha apoderado del pueblo colombiano frente a las barbaridades que se cometen a diario en nuestro país. Dijo: “Acá en Colombia, un muerto es una tragedia. 500 muertos no son más que una cifra”. La película es un esfuerzo muy válido al respecto.

La mejor película que se presentó en el Festival no fue la de Carlos Moreno, sino la producción española, francesa y mexicana También la lluvia, que inauguró el festival el jueves 24 de febrero con una función gratuita al aire libre, en el Camellón de los Mártires. La película cuenta la historia de un equipo de rodaje que se interna en las montañas de Bolivia para filmar una película sobre Fray Bartolomé de las Casas y el descubrimiento de América. Mientras están grabando, estalla en Cochabamba (el pueblo boliviano en el que están trabajando) una fuerte ola de rebeliones indígenas para protestar contra el monopolio del agua que tiene una multinacional española.

También es la lluvia, una de las mejores películas del festival.

A través de esta historia, la directora española Icíar Bollaín se permite afrontar problemas políticos graves y vigentes que se centran, sobre todo, en el papel y la situación de los indígenas en las sociedades y ciudades modernas. La película, protagonizada por Gael García Bernal, cuenta con la magnífica participación del actor español Luís Tosar, que vino este año como invitado especial al festival y que ha estado presente en representación de las dos películas que protagoniza: También la lluvia y 18 comidas, buena película gallega que dirige su amigo Jorge Coira, que está en la Competencia Oficial de Ficción. Tosar ha presidido generosamente todas las funciones de las películas en las que trabaja. Aunque También la lluvia no compite en el concurso, es de lejos la mejor película que se presentó en Cartagena.

Hablar de películas malas en el Festival de Cine de Cartagena es muy difícil. Hemos visto cine de buena calidad. Sin embargo, podemos mencionar dos cintas que han constituido una decepción. Una de ellas es Of gods and men, película que cuenta la historia real de un grupo de monjes que trabaja feliz y pacíficamente en Argelia hasta que son secuestrados y desaparecidos por un grupo islamista radical. Se puede decir que la película fue una desilusión para el público. Lenta y larga, demandaba mucha paciencia y, al final, sale con poco o nada.

La otra decepción fue la película cubana Un boleto al paraíso, que narra la historia real de un grupo de jóvenes que en 1993 decidió infectarse de Sida para escaparse del trabajo y de la miseria de las ciudades. El filme cubano de Gerardo Chijona constituyó una decepción porque más que una película parecía un melodrama social que se pasa por televisión. Las actuaciones son pobres y la construcción de la historia no pasaba de ser un relato de tragedias encadenadas unas a otras sin ninguna explicación. Fue particularmente decepcionante, dado el gran número de películas cubanas buenas que se han hecho desde la época de la Revolución, y por el hecho de que Chijona ha trabajado antes con grandes escritores, como Senel Paz.