Los conejos, estrellas del salto

Los conejos, estrellas del salto

15 de junio del 2011

Los hipódromos y los caballos pasaron de moda y las carreras de cerditos son una entretención para niños. Ahora los conejos se toman las pistas de carreras y salto, demostrándoles a todos que la naturaleza los ha dotado con herramientas que muchos subestiman cuando de saltar se trata. Hay varios roedores de orejas largas dispuestos a robarle protagonismo a grandes estrellas como Bugs Bunny o Roger Rabbit, conejos de carne y hueso que parecen peluches voladores cuando se les ve en acción.

La competencia de conejos saltarines nace en Suecia en 1970. Su nombre original es Kaninhop y se hizo popular en el Reino Unido a través de un programa de televisión que buscaba talentos, donde un participante llevó a sus conejos domésticos para que demostraran sus habilidades con los saltos. Los conejos son saltarines por naturaleza y la mayoría de ellos, sobre todo cuando se convierten en mascotas, terminan encerrados en una jaula donde no tienen un desarrollo natural.

Escandinavia es la región que reúne la mayoría de fanáticos de competencias de conejos saltarines, con más de cincuenta clubes. Alemania, Noruega, Finlandia, Dinamarca e Inglaterra cuentan con más de cuatro mil conejos por país, que participan en carreras cada fin de semana con una audiencia de doscientos espectadores en promedio. En un comienzo las competencias solían ser para niños pero ahora los adultos dominan las pistas y se lo toman muy en serio.

http://www.youtube.com/watch?v=cNPOdffkkLo

Es casi imposible reunir diferentes países para un campeonato internacional debido a que cada región tiene reglas propias, sin embargo todas las competencias constan de los elementos básicos: obstáculos similares a los que se usan en equitación sobre un circuito curvo o derecho. También se premian el salto más largo y el más alto. El campeón de estas categorías es un conejo danés.  Según Linda Hoover, presidenta del club estadounidense de conejos saltadores, hasta ahora no hay un solo conejo criado en América que pueda lograr tales distancias. El roedor tiene el récord de un metro en salto alto y tres metros en salto largo.

Aun cuando los conejos saltan por naturaleza, es necesario entrenarlos para que se acostumbren a hacerlo ante la vista de espectadores en un circuito y sobre todo en un lugar lleno de ruidos que los ponen nerviosos y los distraen. Por lo general requieren sesiones de veinte minutos de entrenamiento diario por un par de semanas para que se adapten a las rutinas.

El primer paso es acostumbrar al conejo a un arnés y correa. A los conejos no les gusta que los lleven, sino ir en la delantera y guiar al entrenador. Una vez logran caminar con la correa, se les enseña a saltar obstáculos. La técnica consiste en situarlos frente a las barreras más bajas del obstáculo con una mano sobre las patas del frente, mientras la otra empuja la parte trasera del conejo. “Ellos siempre saben qué hacer”, cuenta Hoover, con la certeza de que todos los conejos sienten el impulso inmediato de saltar. Recomienda hacer todos los pasos del entrenamiento y dejar que el conejo lleve la delantera. “Cuando se les abre la reja de la jaula y ven la pista de competencia, ellos saben a lo que van, y les encanta”.

No existen razas predeterminadas para participar en las competencias, cualquier conejo puede hacerlo, pero es bueno encontrar uno de temperamento curioso y activo para que se interese de inmediato. Es mejor trabajar conejos de pelo corto, porque los angora y otras variedades de pelo largo se acaloran con facilidad. El reglamento no permite entrenar conejos menores de cuatro meses. Después de los seis meses la mayoría de los machos están más pendientes de buscar hembras que de saltar los obstáculos.

Según algunos expertos en conejos, la realidad es que los roedores de grandes orejas no necesitan de tanto ejercicio como dicen los defensores de las competencias, pero los entrenadores y dueños de conejos saltadores dicen que la alegría del animal es visible cuando, una vez terminada la prueba, celebran con gruñidos, saltos y botes alrededor de sus dueños.

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