Las manos perdidas del Che Guevara nutrieron esta novela

Las manos perdidas del Che Guevara nutrieron esta novela

4 de Octubre del 2015

Ronnie es un millonario mercader de artículos robados. Tiene una oficina en el centro de Bogotá, en la calle de los esmeralderos. Es un tipo solitario e individualista, descarnado, con objetivos claros: hacer dinero sin importar cómo la mercancía llega a sus manos. Lea también: “No doy razones para leer mis novelas. Soy escritor, no vendedor de libros”.

Julio es el escudero de Ronnie; y los dos, desde que las manos disecadas del Che Guevara llegaron a la oficina, fueron objetivo de un grupo especial de militares cubanos. Balas, sangre, muerte y mucho dinero son los elementos que acompañan a Ronnie y a su secretario mientras que las manos del famoso guerrillero están en su poder. Lea también: La imagen de tres mujeres inspiró esta novela sobre la violencia.

Ronnie y Julio son protagonistas de ‘La Venta’, la tercera y más reciente novela del escritor Juan Sebastián Gaviria. Sus 164 páginas son tan interesantes y divertidas que atrapan al lector desde el arranque de la historia. Lea también: “A veces me defino como un voyerista social”: Alfredo Molano.

Aunque las manos del Che Guevara son protagonistas en la historia, estas llegaron a la mente del autor cuando este ya tenía definida la idea principal del libro, que es, según el autor, explorar el vínculo que hay entre los valores económicos y los morales de las sociedades, y después de crear a los personajes principales.

Las manos del Che, reconoce Gaviria, “fueron un cabezazo, una idea brillante”, que llegó a las páginas del libro más por azar que por certeza.

Juan Sebastián necesitaba un elemento interesante y enigmático al que pudiera darle un alto valor comercial en el mercado negro, un elemento que además fuera fácil de llevar dentro de un maletín. “No elegí las manos del Che por el hecho de que fueran a generar un interés al pertenecer a alguien que fuera admirado por mucha gente”.

Tenía una lista de elementos para ser protagonistas en La venta: stradivarius frabricado en 1727 por Antonio Stradivari, los cuadros Vista del mar en Scheveningen y Congregación saliendo de la iglesia reformada en Nuenen, de Vincent Van Gogh, La danza de Picasso, hasta una espada japonesa forjada mil años atrás, pero fueron las manos cercenadas del famoso guerrillero argentino las que se ganaron el título de piedra angular de la novela.

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Juan Sebastián no tiene muchos datos de las manos del Che. Su paradero actual es un total misterio. Una de las opciones, que se relata en el libro, es que están en una urna secreta y protegida por militares cubanos.

Aunque ‘La venta’ es un libro de ficción, el autor recrea, como de película, una de las hipótesis que realmente se tejen sobre las extremidades del guerrillero y el viaje que estas hicieron desde Bolivia, donde fueron cercenadas del cadáver, hasta, presuntamente, llegar a Cuba.

Las manos del guerrillero fueron cortadas de su cuerpo, según la historia, la noche posterior a su fusilamiento. Las manos serían usadas para identificar las huellas digitales del guerrillero muerto con documentos que la policía argentina tenía en su poder. Al parecer, lo dice también el libro de Gaviria, los pulpejos estaban tan deteriorados que se hizo imposible marcar las huellas dactilares en papel.

Las manos viajaron en un tarro lleno de formol hasta Argentina. Luego de la identificación volvieron a Bolivia y, sin su cuerpo, reposaron por meses bajo las tablas de la habitación del ministro del Interior de la época, Antonio Arguedas.

Juan Coronel y Jorge Sattori, militantes del Partido Comunista Boliviano, tenían la no fácil misión de llevar las manos del Che hasta Cuba. Antes, las manos tendrían que ser analizadas en Moscú (Rusia) antes de llegar a la isla.

Según informes periodísticos, las manos del Che viajaron de La Paz a Lima, luego llegaron a Bogotá y después a Caracas, desde donde los dos emisarios, un par de meses después, tomaron un avión hacia España y de ahí a París. El viaje final de las manos fue Budapest y Moscú, donde terminaron su travesía por el Viejo Continente dentro de un maletín.

En Moscú Coronel y Sattori se encontraron con el periodista boliviano Víctor Zannier, amigo personal del ministro Arguedas quien habría viajado en un avión de Moscú a Cuba, para recibir la encomienda y entregar las manos del Che a Fidel Castro.

La venta,  según su autor, aunque gira en torno a una figura tan politizada como la del Che, se aparta de sustancias políticas. “El libro no es una declaración a favor del capitalismo ni la victoria de este sobre el comunismo. Es mi manifestación simbólica de individualismo sobre altruismo”, dice Juan Sebastián.

Gaviria es un escritor autodidacta que lleva escribiendo más de 19 años. Empezó con poesía y pensó en quedarse con este género para toda la vida. Llegó a la narrativa por accidente, quedó enamorado de ella.

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Mientras él se inspiraba en hacer versos, Ángela, su esposa, alimentaba un blog con anécdotas de un viaje en moto que estaban haciendo por todo el continente americano. Hubo una situación específica que Juan Sebastián quiso escribir en el blog de su esposa, se sentó frente al computador, empezó a narrar la historia, fluyeron tantas palabras, tantos versos, tantos párrafos que abandonó el blog, abrió una hoja en blanco y desde ese día no ha parado de escribir.

Después de tocar decenas de puertas de editoriales, después de mostrar su trabajo a cientos de personas y escribir miles de correos, en 2009 publicó Cicatriz Souveni, su libro de poemas; Ediciones El Peregrino, una pequeña editorial colombiana, creyó en su trabajo y años más tarde publicó con ellos Brújulas Rotas, la novela que resultó de su intensión de escribir en el blog de Ángela, la primera persona que lee su trabajo, su primera editora y la madre de su pequeña hija.

‘La venta’ cayó en manos de Random House y a los pocos meses la interesante y bien lograda novela se convirtió en un libro y el autor en una de sus promesas literarias.

Es un escritor crítico con su trabajo, tanto que de las muchísimas novelas que tiene en su computadora, muchas de ellas, después de haber sido terminadas, son eliminadas por completo y la página vuelve a quedar en blanco.

Ya no lee tan vorazmente como lo hacía años atrás. Pero los autores que ha leído y que son sus preferidos, como John Fante, Louis-Ferdinand Céline y Henry Miller, entre otros, han sido los maestros que realmente le enseñaron a escribir y a enamorarse de la literatura, tanto que a los 17 años, sin terminar el bachillerato, ya sabía a lo que se iba a dedicar el resto de su vida.

Juan Sebastián, acompañado de cigarros y tinto sin dulce, en la soledad de su estudio, un espacio con el que es expresivamente celoso, escribe todos los días; pero no escribe más de tres páginas, mientras que Ángela sigue esperando a que él termine la historia que quiso poner en su blog y que se quedó inconclusa en la web.