Merengues Vallenatos memorables

Merengues Vallenatos memorables

21 de enero del 2011

Como me agrada escribir sobre el aire o ritmo que más me gusta del Vallenato, el de los versos  largos, el que han querido desaparecer y no se ha dejado, el que han tratado de confundir con otro del mismo nombre, pero de características distintas, el que cuando la parranda se trata de enfriar hace recobrar el ánimo y la alegría, nuestro merengue vallenato.

Yo era el más escéptico en creer la teoría de Ciro Quiroz, respecto a la posible paternidad de nuestra música por parte de los aires dominicanos y solo hasta que no lo vi con mis propios ojos y leí en su propio país la historia de esa música, no  me convencí  de su marcada influencia en nuestros aires, hoy no me cabe la menor duda que el antecedente que tenemos en el merengue dominicano del siglo XIX, es el más próximo, y no solo a ese aire, sino a toda nuestra música, ya lo hemos comprobado con los instrumentos, los compases y los ritmos.

Para nadie es un secreto que la misma trilogía del Vallenato (Tambora, Güiro y Acordeón) existía en República Dominicana, mucho antes de que aquí la adoptáramos, por eso un ortodoxo como Ciro Quiroz afirma: “los versos del merengue dominicano son cambiantes y fijos y se alternan como en la tambora de la Costa Atlántica Colombiana. ¿Proviene nuestro merengue de la isla Dominicana? ¿Nació nuestro paseo de una escisión de este merengue? Es posible”.

Soy consciente que este espacio no es suficiente para hablar de todos los merengues vallenatos memorables y que tendré que dedicar varias entregas para cumplir cabalmente con ese propósito, además de recibir de los lectores sugerencias y asesoría al respecto, hoy entonces iniciamos recordando algunos como; La mujer y la primavera de la autoría de mi paisano Victor Silva, que dice:

La mujer y la primavera son dos cosas que se parecen
La mujer huele cuando esta nueva y la primavera cuando florece
Hay muchas cosas bellas y bonitas
Hay muchas cosas que pueden ser
Si no se peinan se ven marchitas
Pero nada es como la mujer

Dicen que la canción Vallenata que más le gustaba a Consuelo Araujo era el inmortal merengue de su compadre Rafael Escalona Honda Herida, del que solo basta transcribir:

Que yo tengo una herida muy honda que me duele
Que yo tengo una herida muy honda que me mata

Pero el mismo Rafa, nos dejó merengues tan insignes como La vieja Sara, La Maye, La Brasilera, entre otros.

El Maestro Adolfo Pacheco Anillo, uno de los más grandes compositores en la historia de nuestra música, hizo un merengue que no puede faltar en una parranda y que será por muchos años un clásico, titulado El Viejo Miguel  y que podemos rememorar con solo escribir:

Buscando consuelo, buscando paz y tranquilidad
El viejo Miguel del pueblo se fue muy decepcionado

Leandro Díaz, nuestro homero vallenato, escribió una protesta por el abandono en que los artistas de esa época tenían al merengue, la que tituló El Bozal y que recordamos así:

Ya los músicos de hoy no quieren grabar merengue
Dicen que eso no se vende, para mí eso es un error
Yo si digo lo son, sin temor a equivocarme
Lo que pasa es que no saben, siempre lo interpretan mal
Y así quieren acabar, el ritmo alegre del valle.

Si se trata de ubicar en un pódium a los compositores y juglares más merengueros del vallenato, indudablemente allí estarían sin duda Camilo Namén Rapalino  y José Vicente “Chente” Munive, ellos han compuesto tantos merengues vallenatos de los cuales vamos a recordar varios en la próxima entrega, tales como: El Pechiche, Mi gran Amigo, De la misma manera, Dina López, El Cambio y muchísimos más.