Nadie sabe para quién engorda

Nadie sabe para quién engorda

26 de diciembre del 2010

Ahora está de moda el quererse a uno mismo. Ya se puede ser gordo si sé es feliz. Después se lidia con la diabetes y el jadeo cuando se camina para tomar un taxi o bailar un bolero. Ya no importa que nos moje la lluvia y después sea más difícil salvarnos de la gripa o de una pulmonía insoportable. Ya no importa ser gordo o flaco.

Siempre ha habido gordos, en la televisión mostrándose de manera evidente o encubiertos en su talento. En Colombia han sido casi siempre la segunda opción. El Gordo Benjumea o la desaparecida Maguso, cuando personificó a la inflación que volaba por los aires en el gobierno Samper. Gordos de toda la vida como Chela del Río y como Delfina Guido en Don Chinche, como la Josefa de Maru Yamasusa en Dejémonos de Vainas. Como Giovanni Suárez en Pasión de Gavilanes. Como Diego Camacho y su Turco en Oye Bonita. En 2006 John Mario Rivera fue el gordo Martínez en Las Cartas del Gordo, una película de Dago García y Juan Carlos Vásquez. En 2009 el Teatro Nacional llevó de gira su montaje La gorda, protagonizada por Constanza Hernández. En Colombia, los gordos protagonizan novelas y presentan realities como Mauricio Vélez (Las muñecas de la mafia, Muñoz vale por dos, La Granja). Aquí los gordos son bellos.

En el mundo hispano tenemos ejemplos como Mi Gorda Bella, la telenovela  protagonizada por Natalia Streignard en Venezuela, quien no era gorda y debía ponerse kilos de traje especial. Pero también hay gorditos naturales como la telenovela coproducida entre Perú y Ecuador  Los barriga, protagonizada por la ecuatoriana Claudia Berninzón, quien es obesa por naturaleza. Ellas dos, la peruana y la venezolana enamoran al protagonista con su interior, que siempre se ve contrariado al enamorarse de una persona diferente a su belleza exterior. Al final una adelgaza y otra continúa igual, ambas con final feliz. Hay una película ‒muy recomendada‒ del español Daniel Sánchez Arévalo (Azuloscurocasinegro) que se titula Gordos. Fue estrenada en 2009 con críticas excelentes al exponer el mundo de los excesos y el de las debilidades del alma. Los gordos no se olvidan, como la gordita romántica de la teleserie infantil Carrusel en los años noventa, romántica, cursi y melosa, pero adicta a los pastelitos.

http://www.youtube.com/watch?v=Ch2aqVeFzXw

Pero también están los ejemplos donde la gordura es algo nocivo y malo para la salud. Realities exitosos que ayudan a bajar de peso a los concursantes, con dietas rigurosas y ejercicios extremos que dos esbeltos capitanes de equipo enseñan. The Biggest Loser (NBC) ofrece 250 mil dólares a quien pierda más peso en seis semanas,  o Dance Your Ass Off (Oxygen Network), que entre baile y baile los hace adelgazar, y la cuestión se ve más divertida porque no hay culpas viéndolos padecer. Ver estos realities afloran el voyerismo y nos hace sentir tolerantes e infunde el temor de algún día llegar a ese punto, de balanza y metro en mano para no morir.

Estados unidos, como país obeso, tuvo en los ochenta clásicos de gordos como Fat Albert (CBS), una serie animada sobre un adolescente de raza negra y obeso que tenía la voz de Billy Cosby. El personaje ocupaba siempre mas de 60% de la pantalla. Kristy Alley en la serie propia Fat Actress (Showtime) tenía mucho morbo en su libreto: era una protesta en pro de la discriminación de los gordos, una actriz gorda que no conseguía trabajo por ser gorda. Ella ha hecho un negocio al exponer subidas y bajadas  de peso constantes. Ahora en 2010 su reality en A&E Mundo sobrepasa los límites de lo público y lo privado. No se sabe qué es verdad y qué es libreto.

Hay otras historias de pérdida de peso como ejemplo de superación, como el presentador de Univisión Raúl “El Gordo” de Molina, que publicó La dieta del gordo en 2008, un libro que contiene el secreto que lo llevó a perder 70 kilos. Oprah Winfrey también se ha expuesto al sube y baja de sus dietas de acuerdo a su estado emocional. El director Peter Jackson (El señor de los anillos, King Kong) también se vio obligado a bajar de peso por sus problemas de salud, y dice que cambió las hamburguesas por el yogur.

Otros exponen su crítica a la estética, como el capítulo de Jeena Marooney, el personaje de 30 rock (NBC), que engorda durante el verano comiendo pizza y se rehúsa a rebajar porque la gente la adora por ser gorda y antes nadie la reconocía en las calles. Prefiere ser una gorda amada a una diva anónima.

En Precious, ganadora de dos Oscar en 2010, el tema de la gordura es cultural y psicológico: es producto de todo el abuso al que es sometida esta adolescente marginal. Es su forma de desquitarse, de protegerse al dañar su cuerpo con el sobrepeso. Aquí, la obesidad de la chica es lo de menos, hay demasiado dolor para fijarse en eso. Pero Gabourey Sibide, su actriz, es una realidad.

http://www.youtube.com/watch?v=b5FYahzVU44

Estos obesos se eligen en los castings según las características de los personajes, si sus creadores o la visión del director necesita obesos, se buscan obesos y a veces, si no se encuentran, hay que volver a buscar y convencer a algunos para que engorden. Pero hay actores de tallas grandes que ocupan espacios importantes en el mundo de la ficción sin importar su físico.

Dos nuevas series nos traen a colación este tema de la obesidad, para pensar y para ser tolerada, para concebirse llena de humor o de drama, al pensar que es posible burlarse de su condición o de humanizarla. No sabemos cómo es este límite, pero cuando se llega al punto de comprar dos pasajes de avión, la cuestión debe ser revaluada.

Huge (ABC), protagonizada por Nikki Blonsky (Queen Sized), es una serie llena de adolescentes talla XXXL que caminan con dificultad, exhiben sus estrías y celulitis mientras sopesan y pesan la llegada a la pubertad, el deseo y la aceptación en un grupo. Y además, pasan por el proceso de pasar sus vacaciones en un campamento de verano para gordos, donde la felicidad está debajo de muchas capas.

Mike and Molly, lo nuevo de Warner Channel para América Latina ‒pero producida por CBS‒, tiene este humor satírico y reprimido. Para darle más palo a esta moda inflada, un policía desesperado por perder peso y una profesora de colegio tierna e inocente, aprenderán a reírse de su gordura y dejarán que otros se burlen de ellos.

Nadie sabe para quien engorda, pero estos actores muchas veces sí. Porque con unos kilitos menos ninguno hubiese llegado a estar aquí. No se sabe qué es más decente, si someterse a los papeles de mejor amigo, la tía solterona, la que nunca sacan a bailar, el portero buena onda, el más estudioso, la señora que cuida los niños, el cocinero refunfuñón, la monja que come a escondidas, el que siempre está sentado en el banco o hacer de gordo para los gordos del mundo.