El antropólogo que dirige el Teatro Nacional

21 de agosto del 2017

Eran los años 70 y un pequeño Nicolás disfrutaba de escabullirse entre el canasto de la ropa, mientras su madre, escuchando atentamente su radionovela favorita, Calimán: el hombre increíble, planchaba camisa tras camisa, y pantalón tras pantalón. Ese olor que desprende la ropa húmeda ante el calor de la plancha es lo que le trae hoy […]

El antropólogo que dirige el Teatro Nacional

Eran los años 70 y un pequeño Nicolás disfrutaba de escabullirse entre el canasto de la ropa, mientras su madre, escuchando atentamente su radionovela favorita, Calimán: el hombre increíble, planchaba camisa tras camisa, y pantalón tras pantalón. Ese olor que desprende la ropa húmeda ante el calor de la plancha es lo que le trae hoy a Nicolás sus mejores recuerdos de infancia.

“Eso y que cuando no había más que comer que arroz con huevo frito, y se tenía pega mejor; constituyen unos bonitos recuerdos. Esa sensación de comer algo hecho tan fácilmente pero con todo el cariño del hogar es entrañable”, expresa Nicolás Montero en su oficina en el Teatro Nacional. Él es el director.

Ya casi es mediodía y un sol incesante penetra por la ventana y rebota en sus ojos claros, haciéndolos ver aún más brillantes. Mastica bien las palabras antes de dejarlas salir, las piensa, las saborea. Es un hombre que lee, que estudia, que le gusta estar en constante aprendizaje y eso se nota en solo segundos de estar hablando con él. Sin embargo, con modestia comenta:

“Creo que lo que uno quiere es que cada minuto de una conversación valga, sea significativa, que se convierta en una investigación. Si los inmerecidas características que me asignas fueran ciertas, quizás se deba a la suerte que he tenido de encontrarme con gente que me enseña. Por otro lado, nunca he podido separar la función de aprender de la función de ser. Uno es lo que hace. cuando te dicen sé mejor uno no sabe donde está el ser, pero cuando te dicen haz las cosas mejor, eso sí que puede hacerse”.

Nicolás Montero, un profesional 10

No es para menos. Es Actor – con más de 20 años de trayectoria-, antropólogo de la Universidad de los Andes con una maestría en Dirección Creativa del Teatro Central School of Speech and Drama de Londres y por último, director artístico del Teatro Nacional. Nicolás Montero es todo un 10.

Le cuestiono, si con su trayectoria, se siente hoy como un hombre feliz. “La felicidad son momenticos, siempre que me preguntan por cómo estoy o cómo va el Teatro Nacional, siempre digo – ahí vamos, en la medida de lo posible de hacer lo mejor”.

Y el ‘ahí vamos’ no es porque las cosas estén mal, es porque a Nicolás le gustaría que fueran mejor. Colombia no es un país que se destaque precisamente por apoyar el arte.

“Me gustaría que estuviera mucho mejor. Tenemos obras muy buenas en la institución. La comunicación con el público tiene que seguir creciendo y de esa misma manera quiero que la gente venga más. Esta institución es una quijotada porque vive de sus taquillas, la mayoría de las instituciones cuentan con auxilios, presupuestos donados por la empresa privada, y aquí tenemos algunos, pero fundamentalmente el teatro vive de la comunicación que tiene con la gente. En eso nos toca mejorar, pero ahí vamos”, concluye con una sonrisa.

Alt_ Nicolás Montero

Y para lograr sus objetivos, no se apega a ningún Dios ni santo. Prefiere hacerse responsable de todos y cada uno de sus actos y decisiones.

“Probablemente estaré más apegado al agnosticismo, pero no lo pienso mucho. La religión nunca me la dieron como dogma, sino como una necesidad de ser mejor. Soy antropológo de formación y no hay una prueba científica de Dios, pero sí hay muchas pruebas científicas de lo nocivo que es que en su nombre se hagan cosas espantosas.  A ese Dios lo rechazo profundamente, a ese Dios de los humanos usado para destruir a los demás lo condeno profundamente. Sin embargo, cuando en nombre Dios se trata de ser mejor, con eso no tengo ningún problema, pero con ese otro Dios soy profundamente ateo con convicción y rabia”.

Su familia lo crió bajo la regla de ‘haga lo que quiera’, pero en el buen sentido. Sin imponerle dogmas ni ideologías, solo la de ser feliz y ser una persona de bien, en este sentido, Nicolás intenta hacer lo mismo con su hijo Manú Nicolás.

Su emoción al hablar de él es innegable. Casi que al instante de haber mencionado su nombre, sus ojos se cristalizaron. Admite que se le arruga el corazón cada vez que habla de su hijo o cualquier otro ser amado.

“Mi hijo es ochenta veces mejor que yo”

“… Está parado sobre los hombros de más gente y él solo irá definiendo cómo quiere que sea su vida.  Tiene la misma suerte que yo de rodearse de gente que le va a aportar en ese sentido. Tiene la misma convicción de que el tiempo vale. Tiene un discurso muy convincente y conmovedor. Es una de las personas que diría que ha tenido encuentros que han sido significativos para él”.

Asegura que no se arrepiente de nada en la vida, excepto de haber lastimado a alguien, tal vez, con una palabra fuerte o un tono indebido, “así uno tenga la razón, eso no debería pasar. Todos esos momentos quisiera borrarlos o al menos recomenzarlos”. ¿Frustraciones? Demasiadas, desde todos los aspectos, de eso se compone la vida. Y dice, que si pudiera ser alguien por un día, lejos de elegir a un teórico o a Antanas Mockus, uno de sus grandes amigos. Nicolás elegiría ser Brad Pitt, lo admite entre risas.

“La respuesta correcta sería decir -yo no quiero ser nadie- Pero ayer justamente, mientras estaba en una reunión acá les comentaba  mamando gallo, que estaba en a ducha y me imaginaba que de pronto alguien me hacía esa pregunta. Me dije – Cuando lo hagan voy a decir Brad Pitt- Es un tipo que  finalmente está haciendo el cine que quiere, que trata de reinventarse, tiene el dinero y las posibilidades.

No es que yo quiera ser Brad Pitt, pero tengo que aceptar que añoro esa facultad de que la ambición de uno tenga exactamente la misma medida de las capacidades. Sería muy fácil, sería buenísimo hasta equivocarse. Hacer lo que uno quiere. Claro, también sería chévere ser tan guapo como el man y todo, pero por esa facultad de hacer que los planes que uno se traduzcan en realidades”.

Por ahora Nicolás sigue enfocado en su trabajo con el Teatro Nacional y en dar lo mejor de sí en las tablas del Teatro Colón con la obra que protagoniza al lado de Carolina Ramírez, ‘Shakespeare enamorado’, dirigida por Diego León Hoyos. Las funciones irán hasta el 27 de agosto.

Con una larga sesión de trabajo por delante, Nicolás Montero se despide con un comentario: “Ya tuve mi sesión de sicoanálisis por hoy”. Suelta una carcajada y nos desea éxitos.

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