“No influí en su obra, simplemente compartimos la vida”.

“No influí en su obra, simplemente compartimos la vida”.

25 de Abril del 2013

“Era uno más que se sentía uno más. Y desde esa situación, con una gran compasión, escribía y demostraba que la bondad y la inteligencia, junto a la sensibilidad, hacen de los creadores seres imprescindibles”. Así recuerda Pilar del Río a José Saramago, su esposo. No quiere que la llamen viuda y prefiere que la presenten como su traductora y presidenta de la Fundación José Saramago. Aunque ella afirma que no influyó en su obra, Saramago le dedicó cada libro con frases como esta: “A Pilar, que todavía no había nacido y tanto tardó en llegar”.

En la casa de ambos en la isla de Lanzarote (en el archipiélago de las Canarias) los relojes aún están detenidos en una misma hora: las 4 de la tarde, hora en la que se conocieron. Pilar, periodista, lo había citada para una entrevista sobre su libro Memorial del convento. Él tenía 64 años y ella 36. “Mientras yo estaba en la recepción, preguntándome cómo sería la periodista sevillana cuya voz me intrigó, descubro que se acerca una chica mucho más guapa y elegante de lo que yo habría podido imaginarme. Era ella”, contó Saramago en alguna ocasión. Después de la entrevista visitaron la tumba del poeta Fernando Pessoa y desde ese momento no se separaron por 24 años, hasta la muerte del Nobel en el 2010.

Saramago y Pilar del Río, KIENYKE

Pilar afirma que Saramago aún no ha muerto. Nos dejó su obra “porque ahí está todo: la literatura y el pensamiento”. Mientras tanto las cenizas de Saramago crecen a través de las raíces de un olivo en Lisboa. Su epitafio reza: “Y no subió a las estrellas, porque a la tierra pertenecía”, pero Pilar continúa llevando su obra, él sabía, y había dicho en vida, que gracias a ella no moriría. Por eso, Del Río confiesa que daría hasta lo que no tiene porque se publique Alabardas alabardas, espingardas, espingardas, el libro en el que trabajaba Saramago antes de morir.

En entrevista con KienyKe, Pilar del Río, invitada de honor a la Feria Internacional del Libro 2013, habló de los últimos días de vida del nobel, su rutina para escribir, el libro que dejó sin terminar, su relación con Colombia y más.

¿El libro más importante de Saramago para usted? Y ¿por qué?

Cada día elijo un libro distinto: así los acaricio todos, los refresco, los habito. Depende del día y estado de ánimo, tengo uno elegido.

¿Cómo era la vida cotidiana con Saramago? ¿Algunos de sus hábitos?

Una vida sencilla, de escritor que escribe, que no tiene caprichos, que sabe que el tiempo vale mucho y no lo pierde, aunque vivía sin ansiedades.

¿Qué es lo que más extraña de él?

Los lectores echamos de menos no tener nuevos títulos cuando llegan las grandes campañas. Pero sabemos que los libros que nos hicieron están ahí y José Saramago no era un autor de circunstancias.

¿Cuál era su rutina de escritura?

Escribía por la tarde, las mañanas las dedicada a leer, correspondencia, textos del blog, artículos… Luego, tras el almuerzo, ya se sentaba en su mesa y escribía sus dos páginas.

¿Cuál fue el último libro que su esposo tuvo en la mesa de noche?

Unos ensayos de Steiner que le regaló Fernando Gómez Aguilera, su biográfo, gran poeta y ensayista, que una tarde, como todas, fue a visitarlo.

Saramago afirmó que él “tenía idea para las novelas” y usted “ideas para la vida”… además de que le dedicó algunos de sus libros ¿Cómo cree que usted influenció su obra?

No influí en su obra, simplemente compartimos la vida.

Sobre la obra inédita de José Saramago, ¿qué instrucciones recibió, no le pidió destruir ningún manuscrito?

Su editor portugués y yo somos depositarios de esa obra, que esperamos pueda ser conocida pronto.

Alabardas alabardas, espingardas, espingardas es el último libro en el que trabajaba Saramago antes de morir ¿Qué contiene de nuevo? ¿Piensan publicarlo?

Creo que es mejor no adelantar nada y sí decir que será una gran sorpresa y que por verla publicada pronto daría hasta lo que no tengo.

José Saramago, Kienyke

¿Cuándo nace la Fundación José Saramago y cuál es su propósito?

Nació con José Saramago para cuidar la literatura portuguesa y para propiciar debates sociales acerca de las grandes cuestiones que nos afectan a todos, como el medio ambiente. Somos una fundación que no recibe subvenciones públicas, vivimos de los derechos de autor.

En la Feria del Libro de Bogotá presenta La estatua y la piedra, ¿qué podemos encontrar en esta obra?

A un Saramago completo, explicando su obra y explicándose a sí mismo.

Y presenta también el documental José y Pilar ¿Por qué accedieron a que las cámaras entraran en su vida?

Entraron en parte de nuestra vida, porque el director pidió el favor y porque sabíamos que iba a hacer una película bella, donde el autor iba a narrar el proceso de vivir mientras escribe. La recomiendo.

¿José Luis Peixoto, Afonso cruz? ¿Después de Saramago cuál es el panorama de la literatura en Portugal?

Un gran panorama: los grandes escritores no nacen en desiertos. Hay grandes escritores porque hay una gran literatura de la que nacer. Con nombres señeros, importantes.

¿Cómo lograba Saramago conocer a tanta profundidad la condición humana?

Viviendo con todas sus células. Observando, pensando, sintiendo. Era uno más que se sentía uno más. Y desde esa situación, con una gran compasión, escribía y demostraba que la bondad y la inteligencia, junto a la sensibilidad, hacen de los creadores seres imprescindibles

Saramago y Pilar del Río, Kienyke

El legado más importante de Saramago…

Su obra, porque ahí está todo: la literatura y el pensamiento. La compasión y las ideas que necesitamos como el alimento.

A Saramago, quien visitó el país en el 2007 por última vez, ¿qué le llegó a llamar la atención de Colombia?

Le gustaba Colombia y tenía muchos amigos, desde Laura Restrepo a Belisario Betancourt, desde Patarroyo a Juan Gabriel Vázquez… Y mucha gente anónima, que le escribía, le iba a escuchar y con la que hablaba. En Colombia fue feliz. Y Colombia vivía en él con la fuerza de la literatura: No podemos olvidar que era lector de García Márquez y que confesó que había tenido que interrumpir la lectura de Cien años de soledad y de otros libros para poder respirar. Amaba este país vivo, pese a tener tantos problemas.